¿Hasta cuándo Señor Rajoy?

¿Hasta cuándo Señor Rajoy?
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Cuando estos días te enfrentas a los medios de comunicación y contemplas lo que está sucediendo en Cataluña, no te preocupa que una persona como el señor Torra sea investido presidente de Cataluña, ni que un señor como Rajoy sea el presidente de España o que unos y otros ocupen los puestos e instituciones, sino que lo realmente preocupante es que miles de personas sigan a unos u otros desde el fanatismo, desde la violencia, desde la mentira.

Si el señor Torra, que como el algodón no engaña, quiere una república catalana tiene dos opciones: una primera, llegar a las instituciones desde la aplicación de la norma, lo está haciendo, y cambiar las reglas desde los mecanismos democráticamente establecidos, concedidos por todos los ciudadanos; ya veremos si es el camino que sigue. Y, una segunda, olvidarse de las instituciones y asaltarlas desde la insurrección, el incumplimiento de la Ley, mediante la fuerza y la violencia que, en definitiva, es lo que algunos de sus acólitos desean.

En una y otra opción, siempre que se produce una acción debe de esperarse y cumplirse una reacción, de forma que, si la labor es política y legal, la resistencia deberá de discurrir por esos cauces; pero, si es violenta o ilegal, la reacción deberá de ser proporcional; lo que no es dable es que ante una acción de cierta intensidad, la reacción sea timorata o que, si la acción es liviana, su reacción sea demasiado firme o rotunda. Ante la primera, la reacción debe de ser la aplicación de la Ley; mientras que, ante la segunda, debemos de identificar la agresión, asumir que se está produciendo y actuar sin miedo, proporcionalidad y contundencia.

Para mesurar las acciones y reacciones ante los hechos, tenemos dos instrumentos: el poder judicial y el gobierno. El primero, da rienda suelta a sus interpretaciones siempre sometido a la Ley que le viene dada; mientras, el segundo, por más que sometido a la norma, puede, como hacen los independentistas en Cataluña, dictar la Ley que mejor proceda ante las situaciones que se le presentan. El gobierno está limitado por la Constitución y por el parlamento, pero puede proponer los cambios legislativos que considere oportunos, negocie y sea capaz de sacar adelante; pero, para eso, tiene no sólo que aparentar solvencia, rigor y profesionalidad, sino serlo, tenerla y saber utilizarla, dejando de ser engolados bomberos de oposición que no saben más que apagar fuegos de despacho.

En Cataluña, desde hace demasiado tiempo, no se hace nada de nada frente al racismo independentista, se abandonan desde el gobierno los intereses del Estado y la defensa de la mitad de la población catalana no independentista, generando un problema no sólo con la Nación, sino entre los catalanes que lo sufren en primera persona. Que Torras es un racista anti demócrata violento no hace falta más que verlo; pero que, el gobierno, tiene la obligación de tomar medidas preventivas que no va a implementar, también es algo evidente.

¿Cómo puede ser que un prófugo de la Justicia, con un procesamiento que le pueden suponer más años que por un asesinato, no tenga ni solicitada como medida cautelar una suspensión de empleo y sueldo y esté percibiendo los emolumentos de presidente que le paga España contra la que está trabajando y el gobierno no haga nada? Suspender de empleo y sueldo a los independentistas no es ilegal, no es inconstitucional, no precisa de orden judicial y sí es una acción administrativa aplicable, si es una acción preventiva que debería de haberse aplicado…¡a qué esperamos!

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