Torra es sinónimo de enfrentamiento civil

Torra es sinónimo de enfrentamiento civil
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Quim Torra es un peligro para la convivencia pacífica en Cataluña. Su nombre es sinónimo de enfrentamiento civil. El recién investido president de la Generalitat no ha dado ni un paso atrás en su última alocución en el Parlament. Todo lo contrario, ha vuelto a incidir en la independencia, el radicalismo y el desafío a España como la hoja de ruta que seguirá el gobierno títere que dirigirá Carles Puigdemont desde Alemania. No obstante, el títere principal, el propio Torra, tiene el peligro añadido de que se comporta como un pirómano de la política deseando echar fuego al incendio político, social y económico que desde el golpe de Estado del pasado 1 de octubre consume la prosperidad y la proyección nacional e internacional de Cataluña. Las más de 4.550 empresas huidas de la región no podrán volver con un dirigente así. La inseguridad jurídica paralizará el asentamiento de nuevas compañías. Caerá la llegada de turistas extranjeros, una de las principales fuentes de ingresos de la comunidad. Hasta el podemita Xavier Domènech ha reconocido que Torra representa “la Cataluña excluyente”.

En muchas ocasiones, el campo semántico que utiliza cada persona sirve para hacer un perfil bastante aproximado de su personalidad. En el caso de Torra resulta inquietante. Parece obsesionado por el “levantamiento” y el “alzamiento”, dos palabras incrustadas siempre en discursos con innumerables connotaciones violentas. Inservible para unir una sociedad como la catalana, partida en dos en estos momentos y cuya distancia se hará cada vez más grande porque a un delincuente como Puigdemont le ha seguido un xenófobo como el ínclito Quim Torra. Irresponsable hasta el punto de parafrasear las bravatas de Francesc Macià —presidente de la Generalitat de 1932 a 1933— para decir que “el día en que decidamos el alzamiento, el entusiasmo lo inflamará todo”. Ya sabemos cómo acabó aquella época… Si se trata de repetir errores del pasado en nuestro presente para estropear el futuro, Torra parece la persona idónea. Firme defensor de los CDR, —la kale borroka catalana— define a los españoles como “bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara de ADN”. Parece del todo increíble que en una región de Europa pueda llegar a gobernar un sujeto con semejante historial.

Un ideario que rubricó en numerosos artículos de prensa y cuya idea de la “raza catalana” poco tiene que envidiar a uno de los mayores racistas de toda nuestra historia, el vasco Sabino Arana, o al ideólogo del nazismo Alfred Rosenberg. Con este contexto, sólo cabe apelar a la responsabilidad de los constitucionalistas en Cataluña, a los que el Gobierno deberá apoyar de manera incondicional. Van a enfrentarse a una situación complicada, repleta de provocaciones y momentos de máxima tensión, pero han de saber sobreponerse a cualquier veleidad haciendo una oposición responsable que no dé opción al sempiterno victimismo con el que los golpistas han tratado de excusar su radicalidad a lo largo de los años. La Fiscalía debe estar muy atenta al nuevo president, que podría restituir al sedicioso Trapero como jefe de los Mossos. Una persona como Torra bordea continuamente la ilegalidad. En el momento que caiga en ella, han de ser inclementes. Se trata de que la democracia prevalezca ante las pulsiones violentas de un radical peligroso para el porvenir de Cataluña y de España.

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