Más 155

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El Gobierno debe mantener latente el artículo 155 de la Constitución en Cataluña hasta que la seguridad jurídica esté completamente garantizada. Algo que parece muy complicado si se acaba confirmando la investidura de Joaquim Torra y su equipo. Auténticos radicales del independentismo catalán que, lejos de tranquilizar a la sociedad, optar por el diálogo y pensar por y para los catalanes, sólo se dedicarán a tensar la cuerda institucional con el Gobierno para tratar de desgastar aún más las instituciones públicas y privadas de España. De ahí que el Ejecutivo deba mantenerse vigilante y, por supuesto, aplicar de nuevo dicho artículo si hubiera otro referéndum ilegal. La decisión es óptima si tenemos en cuenta los antecedentes xenófobos y antiespañoles del que será el nuevo president de la Generalitat.

La designación de Torra viene a echar gasolina sobre el fuego secesionista. Lo último que necesita Cataluña, con 4.550 empresas huidas por el desafío independentista, y lo último que necesita España. De ahí que el presidente Mariano Rajoy y su equipo tengan que hacer fuerte el 155 si vuelve a producirse otro ataque flagrante contra el Estado de Derecho tal y como pasó el pasado 1 de octubre con la celebración de un referéndum ilegal que estaba prohibido por el Tribunal Constitucional. No obstante, y aunque finalmente no se llegara a una situación así, el artículo 155 de la Carta Magna no puede dejar de estar latente. En estos últimos meses hemos visto cómo la opresión separatista se ha recrudecido en todos los órdenes de la sociedad catalana a pesar de la vigilancia del Gobierno.

Las calles han pasado a ser coto privado de la violencia de los CDR, algunos profesores han llegado a acosar a alumnos por el mero hecho de ser hijos de guardias civiles, jueces —ahí está el caso de Pablo Llarena y su mujer—, políticos y representantes de los valores constitucionalistas han sido perseguidos por el mero hecho de defender la democracia en una comunidad autónoma secuestrada por la sinrazón. Por lo tanto, y hasta que no se demuestre lo contrario, el 155 es un número imprescindible en el día a día de los catalanes. De hecho, si la situación empeorara, habría que ampliarlo. Intervenir, por ejemplo, los medios de comunicación que hacen de altavoz difusor de la propaganda golpista. La situación es tan delicada que cualquier precaución es poca.

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