Cataluña: transmite educación el que tiene educación

Cataluña: transmite educación el que tiene educación
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Todos, absolutamente todos, cuando se habla de menores alzan las orejitas y se colocan en posición de alerta… ahí hay chicha y foto alzando la bandera de la defensa del menor, no por tener una sensibilidad especial en ese sentido, no por verse compelidos a defender al más débil, sino para usarnos o despreciarnos al estilo Carmen, “pues os jodéis”; pero, en cualquier caso, con material útil para su causa, que no es otra que su propio estómago. Los ciudadanos, los “perritos sin alma”, vemos, sentimos, padecemos cómo destrozan la educación de nuestros hijos, cómo en lugar de dedicarse a la formación se dedican al lavado de cerebro, cómo se les imbuye de doctrina política, al estilo  fascista o comunista, por medio de signos, señas, patrones ideológicos, para criticar, despreciar y lacerar a aquellos que conforman la historia propia de España y de la democracia que vivimos que, por más que defectuosa, ya la quisieran muchos para sí y que, a buen seguro, echarán de menos si la ideología del frentismo, del segregacionismo y supremacismo racista triunfa.

Hace ya demasiado tiempo que los padres, los ciudadanos, renunciaron, no sin el ánimo de la izquierda, al derecho a dirigir la educación de sus hijos dejándolo en manos de profesionales que se suponía tenían educación que transmitir, por haber sido preparados para ello, pero se ocultaba que no eran más que formadores, que la educación debía de ser implementada por los padres y que, si esos formadores no estaban férreamente vigilados, como no están, podían dedicarse a la propaganda en lugar de la enseñanza. Quizá eso era lo que alguno quería. Cuando hace años se denunciaba la falta de criterio en la formación, la indebida transferencia de los mínimos a las comunidades y la desaparición de materias troncales formadas por el Estado central, así como los usos de adoctrinamiento que se estaban produciendo, unos miraban para otro lado, otros aplaudían con las orejas y todos callaban como Cristo ante Herodes.

Ahora, como los miembros del fascio, autodenominados demócratas por la independencia, buscan dañar a los padres lacerando a sus hijos, perjudicando su educación, a la que deberían de estar dedicados y, cuando son denunciados, se equiparan al menor para que, los insolventes mentales o los retorcidos y crueles que sólo buscan su rédito, los defiendan y aplaudan. Me avergüenza ver cómo el partido de Gobierno se escuda en artimañas burocráticas para no defender a los menores, cómo la alta inspección no actúa, cómo la canalla jalea el daño al pequeño por tener a su padre al servicio de su país, cómo se defiende al que daña al pequeño, su educación y discrimina al mismo en razón a que su padre es Guardia Civil —algo que pasa en Cataluña— como si unos trabajadores tuvieran derecho a perjudicar a otros, como si unos trabajos fuesen éticos y los otros no.

Pues mire usted, aquel profesional —te recuerdo Teresa Sanz— que es capaz de anteponer su interés al de un menor,  usar al indefenso para causar mal a su progenitor, destruir la educación de un pequeño por ganar su rédito, perdón, no tiene derecho a ser tratado como tal y, si está dedicado a la educación, debería de ser apartado por carecer de la educación que debe brotar de su seno a aquel que se dedica a la misma, pues mal profesional será de esta el que carece de ella. Chavalín, si tu padre da la vida por su patria siente orgullo de él y olvida el desdén, para sentir a tu lado a una sociedad agradecida.

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