Todos somos Carmen S.

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Carmen S. se ha convertido por derecho propio en uno de los mayores símbolos del constitucionalismo en Cataluña. A pesar de recibir una brutal paliza por quitar los lazos amarillos a favor de los golpistas, esta mujer de 67 años ha tenido el valor cívico y la valentía personal de comparecer sin pixelar ante la cámara de OKDIARIO para contar su experiencia. A cara descubierta, de frente y con la dignidad por bandera. Valores todos ellos que han de inspirar tanto a los ciudadanos como a los políticos que creen en la legalidad vigente y que están dispuestos a defenderla en Cataluña. 

Porque Cataluña es, ante todo y por mucho que traten de impedirlo los violentos, una parte indispensable de España. Una parte que, no obstante, está sumida en una espiral de violencia propiciada por la sinrazón que tratan de imponer los grupos más radicales del separatismo. Valga el ejemplo de la propia Carmen S., quien pudo perder la vida en la barriada Trinitat Vella de Barcelona a manos de un acémila que, como define su manera de proceder, es además un cobarde que se dio a la fuga en cuanto apareció la Guardia Urbana. A pesar de todo ello, Carmen S. continúa convencida de la necesidad de defender la Constitución. 

Su admirable valor debe ser una pauta que rija la manera de comportarse de los individuos en sociedad. Ante la violencia y el terror deben prevalecer las convicciones democráticas que conforman dichas sociedades. El temor o la coacción no pueden ganarle jamás la batalla a la libertad. Por eso es tan importante que, a pesar de recibir una brutal paliza, Carmen S. tenga el valor de seguir defendiendo la legalidad vigente sin que nadie logre que baje la mirada o se esconda. Si los constitucionalistas se convencen de ello, el separatismo y los violentos perderán en las urnas lo que tratan de ganar en las calles a base de furia y ruido.

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