Madrid no puede dar esta imagen

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Madrid merece una alcaldesa que se sepa comportar en un acto institucional de primer nivel. La capital de España, el epicentro financiero del país, la referencia absoluta de nuestra nación ante el mundo y, por ende, de cara a los inversores internacionales, no puede tener una primera edil que falte el respeto a un jefe de Estado. La visita del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, ha vuelto a poner de manifiesto que la vara de mando y el puesto le quedan demasiado grandes a Manuela Carmena. La cabeza visible de la marca blanca de Podemos en el Palacio de Comunicaciones ha cometido un error de protocolo imperdonable. ¿A quién se le ocurre quedarse sentado cuando se le está haciendo entrega del mayor distintivo de una ciudad a un presidente del Gobierno?

Es lógico que los miembros de la delegación portuguesa se hayan molestado por el mal gesto de la alcaldesa. Del mismo modo, no es de extrañar el bochorno de los servidores públicos que acuden habitualmente al Consistorio al comprobar que Rebelo de Sousa recibía las llaves de la ciudad de pie mientras Carmena permanecía sobre una silla. Por muy educado que sea el mandatario portugués, el protocolo no es un mérito, sino una obligación. Sucede lo mismo con hablarle de tú. Carmena no representa a Ahora Madrid o a sí misma, sino a todos los madrileños. Como tal, hay ciertas fórmulas de trato que deben respetarse por una cuestión de decoro. Desgraciadamente, no es la primera vez que la izquierda política deja en evidencia el nombre de España en una recepción internacional.

Aún se recuerda el desaire de José Luis Rodríguez Zapatero al permanecer sentado ante la bandera de Estados Unidos en el desfile militar del 12 de octubre de 2003. Una falta de educación que nos costó una época de tensas relaciones con el país más poderoso del mundo. Más recientemente, el paradigma de la falta de respeto ha sido el jefe de Manuela Carmena: Pablo Iglesias. Puestos a hablar de desaires a un jefe de Estado, los del secretario general de Podemos a Felipe VI han sido constantes al acudir a la recepción con el Monarca en mangas de camisa, sin chaqueta ni corbata. Cada uno puede vestir como crea oportuno en su vida privada. No obstante, cuando vas en representación de los ciudadanos es necesario cumplir unas reglas mínimas. Reglas que no existen para Podemos y sus marcas blancas y que, desgraciadamente, este lunes han colocado en Madrid el epicentro del mal gusto por culpa de Manuela Carmena.

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