Madrileños, Franco debe dimitir

Madrileños, Franco debe dimitir
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La mentira debe ser sinónimo de dimisión en las instituciones. La necesaria regeneración de la política española estará asentada en la limpieza de los hechos o jamás se alcanzará mediante la teoría de las palabras. Ningún buen representante público que se precie de ello puede pretender construir un currículo académico o una trayectoria profesional a base de falsedades. Al final, como demuestra el caso de José Manuel Franco, las mentiras siempre salen a la superficie. Entonces, el descrédito es irreparable. Desde OKDIARIO hemos pedido la dimisión de Cristina Cifuentes en pos de la ética y el comportamiento paradigmático que necesita y exige la representación pública. De ahí que, parafraseando al presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, el 2 de noviembre de 1975 sobre la muerte del dictador: “Madrileños, Franco debe dimitir”.

Franco ya se había reunido con Pedro Sánchez y Ángel Gabilondo para preparar dicha maniobra. Una reunión que ahora queda en nada porque sin la renuncia del secretario general de los socialistas madrileños esa teórica voluntad de transparencia queda totalmente desacreditada. Más cuando él mismo ha dicho que “Cifuentes debe dimitir” y ha acusado al Partido Popular de estar “secuestrado por la corrupción”. Ante esas palabras, ha de practicar con el ejemplo. La sospecha no puede ni debe condenar a nadie, pero la certeza de una irregularidad tiene que suponer de manera irremediable el final como representante público de quien la cometa. Se llame como se llame. Sea del partido que sea. La misma vara de medir para todos. Idénticas exigencias. Y José Manuel Franco falseó su currículo oficial inventándose una licenciatura en matemáticas que no poseía. 

De hecho, este título aparecía en la hoja de servicios que el político socialista presentó en la Asamblea de Madrid desde 1995 a 2003. Después, desapareció durante las siguientes legislaturas. Algo que, por supuesto, no pertenece al ámbito de la causalidad —se dan muy pocas veces en la vida en general y ninguna en la política en particular— sino a una clara intención de mentir a sus compañeros, a los componentes de otros partidos y, lo que es peor, a los ciudadanos que con sus impuestos sostienen las instituciones públicas que nos representan. Personas como José Manuel Franco no pueden tener hueco en la política española. La dimisión es el único destino que merece.

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