Mujeres en la sociedad: los parches ya no sirven

Mujeres en la sociedad: los parches ya no sirven
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Es interesante asomarse a los números para comprobar la situación de las mujeres en la sociedad. La fotografía es clara: somos las más pobres entre los pobres, las que menos cobran por hacer las mismas labores, quienes echan más horas a las obligaciones domésticas, quienes nos ocupamos del cuidado de nuestros hijos y después, de nuestros mayores. Sufrimos acoso y violencia de manera casi generalizada, nos asesinan, nos silencian, nos maltratan. Una manifestación multitudinaria, la que exigía la igualdad de las mujeres respecto a los hombres. Como siempre, un conflicto absurdo generado por las que, en el fondo, se encuentran a gusto con este sistema, pues ellas —Arrimadas, Cifuentes y compañía— han vivido muy bien precisamente a costa de las desigualdades que la mayoría sufren.

Ellas son precisamente las excepciones que confirman la regla. Están ahí puestas a dedo, por mucha artimaña de primarias de mentira que se hayan montado. Por ser en un momento dado las chicas aplicadas, las caras bonitas, las que dan la imagen a sus organizaciones para que puedan aparentar respetar a la mujer. Pero siempre están a la sombra de los que, en verdad, mandan. Hasta para hacer que no lo parezca, también. Avanzamos, paso a paso. Es innegable que tenemos hoy más libertad que nuestras madres. Más posibilidades. Más capacidad de ser nosotras mismas. Lo que no tengo del todo claro es el planteamiento de la igualdad. Porque yo no quiero ser igual que un hombre. Yo lo que exijo a esta sociedad es que la mujer sea equivalente: lo que necesitamos es eliminar los obstáculos que nos plantan delante —y encima— por el simple hecho de ser mujeres; lo que hace falta es tener una efectiva igualdad de oportunidades. Que no es lo mismo que la igualdad entre hombres y mujeres.

Hasta que la política no funcione teniendo en cuenta en todas sus facetas la necesaria implicación de toda la sociedad, seguiremos teniendo políticas absurdas, que tapan agujeros para abrir otros. Todas y cada una de las políticas han de concebirse atendiendo a una sociedad heterogénea: desde la cuestión más básica que es la existencia de hombres y mujeres, con el necesario análisis de su realidad y necesidades —la mayoría bien diferentes entre ellos—, pasando por todas las características que una sociedad compleja como la nuestra tiene. Se gobierna para un perfil determinado, salvo en medidas excepcionales: hombre, heterosexual, católico. Es el destinatario al que parecen ir destinadas las medidas que este gobierno pone en marcha. Y a partir de ahí, se van perfilando en distintos ámbitos que se despliegan partiendo de ese epicentro. Y claro, cuando algo tiene que ver con las mujeres, se utilizan parches.

Siempre parches, que no sirven porque no emanan desde el núcleo fundamental: simple y llanamente conocer de manera real qué es lo que verdaderamente necesitan las mujeres a lo largo de todas las etapas de su vida. Funcionar a base de impulsos, como respuesta a las necesidades ya extremas no es una manera adecuada de gobernar. Porque se llega tarde, se aplican medidas sin sentido y al final, no se mejora sino que se remedia. Las mujeres seguiremos avanzando. Lo triste es que sigamos consiguiendo nuestros objetivos luchando nosotras solas. Esperemos que algo de verdad haya cambiado en la mentalidad. Pero permítame, querido lector, que tenga dudas.

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