El Día de la Mujer tiene que ser apolítico

El Día de la Mujer tiene que ser apolítico
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La huelga feminista del 8 de marzo ha sido un éxito si el éxito se mide en repercusión. Más allá de las cifras exactas, que como en cualquier gran movilización bailan al son que más le interesa a quien las da, el impacto social ha sido innegable. No obstante, el seguimiento ha sido nimio. A pesar de que en las distintas manifestaciones ha habido cientos de miles de personas, lo cierto es que la amplia mayoría de las mujeres trabajadoras han acudido a su puesto de trabajo. Además, si las reivindicaciones quieren ser creíbles y trasladarse al terreno práctico —que es lo que de verdad importa— resulta fundamental que el Día de la Mujer sea apolítico. De lo contrario, siempre habrá formaciones que traten de apropiarse de la efeméride como parte de su patrimonio ideológico y es ahí, en la división y el sectarismo, donde las mujeres saldrán siempre perdiendo. Un ejemplo de todo esto lo encontramos en las palabras de Irene Montero. La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso no ha tardado en apropiarse de las manifestaciones comparando el 8M con el 15 de mayo de 2011. 

Una manera de intentar que las movilizaciones de este jueves permanezcan en el subconsciente de los ciudadanos como un mérito de la formación que ella representa. Nada más lejos de la realidad, ya que si la jornada ha tenido algún aspecto negativo ha sido precisamente la injerencia de grupos radicales dentro de las distintas concentraciones y el oportunismo político de algunos responsables de esa índole. Si algo resulta nocivo para la legitimidad de estas protestas justas son hechos como los acaecidos en la Universidad Complutense. Allí, algunas mujeres han entrado en las clases para intentar sabotearlas. La libertad del individuo, también de la mujer, está en ejercer su voluntad sin coacciones. Tanto derecho tenía la que quería manifestarse como la que prefería seguir con sus estudios. Si una jornada como ésta se envuelve en la imposición, sus reivindicaciones quedan en nada. 

Tampoco son admisibles espectáculos como los de las Cortes Valencianas, donde el machista Ximo Puig ha definido a la popular Isabel Bonig como “hembrista” y le ha pedido que se “desfogue”. Para semejante aportación, mejor que la política se mantenga al margen. Algo que sería extensible al etarra Arnaldo Otegi: no se puede pertenecer a la banda terrorista que mató a 60 mujeres y ahora venir con proclamas de igualdad. Puigdemont tampoco se ha quedado atrás, aprovechando este día para insistir en su república ilegal. Dijo una vez el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte que el 15M se torció cuando aparecieron los partidos políticos y los más radicales se hicieron con las concentraciones. Si las mujeres no quieren que les suceda lo mismo, que sus reivindicaciones sean siempre apolíticas. El apoyo de españolas destacadas como Ana Botín o Ana Rosa Quintana siempre será mejor que el de Irene Montero. Más que nada porque la podemita lo único que sabe de trabajo es ganar más de 7.000 euros al mes gracias a la política.

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