Fasciofeminismo

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Rita Maestre y el respeto nunca se han llevado bien. Ya lo demostró cuando asaltó la capilla de la Universidad Complutense al grito de “vamos a quemar la Conferencia Episcopal”. Algo que, por cierto, se volvió a escuchar durante las manifestaciones feministas del 8M. La estupidez, además de infinita, es contagiosa, y Maestre ha conseguido que su radicalismo de pandereta y cartón piedra —ha vivido toda la vida en uno de los barrios más acomodados de Madrid— cale entre las que aspiran a ser como ella, que es igual que aspirar a la indigencia intelectual. Maestre ha vuelto a demostrar la categoría política que alberga en su persona: ninguna. En un alarde de fasciofeminismo impropio de una mujer joven que reclama la igualdad intersexual, ha apoyado a las radicales que ayer acosaron e insultaron a Begoña Villacís durante las concentraciones por el día Internacional de la Mujer. Feminista puede ser quien quiera, pero el problema de politizar una jornada de legítima protesta es que algunas mujeres se convierten en las peores enemigas de las propias mujeres. 

Es lo que han pretendido hacer Podemos y sus seguidoras más fasciofeministas al convertir a personas como Begoña Villacís en mujeres de segunda y tratar de echarlas de las manifestaciones a las que tenían todo el derecho a asistir. Este tipo de exclusiones sólo conseguirán que la parte le gane la batalla al todo y esas manifestaciones justas y legítimas acaben convertidas, como sucedió con el 15M, en protestas residuales sin credibilidad. Podemos y sus marcas blancas han conseguido arruinar su propia trayectoria política insistiendo en esos principios de insoportable radicalidad. Lo harán también con cualquier causa que se cruce en su camino si esa causa y sus participantes no mantienen su perniciosa influencia a una distancia conveniente. Cuando Rita Maestre dice que Villacís tiene que “aguantar las críticas”, realmente está defendiendo los abucheos y los gritos de personas obsesionadas con la segregación social e ideológica. Justo lo contrario de lo que, en teoría, pretendía el Día de la Mujer. 

Maestre defiende la violencia soterrada de esos gritos, la tensión como manera de concebir la vida pública. Maestre, de tan radical, se convierte en una machista al auspiciar a las que persiguen a otras mujeres por sus ideas políticas. Con toda seguridad, además de por puro sectarismo, la portavoz del Ayuntamiento de Madrid —uno de los más calamitosos de España— hace estas declaraciones por mera ignorancia. En definitiva, qué puede saber una mujer sobre el trabajo, la discriminación y la lucha por la igualdad real cuando antes de ser política no había trabajado en absolutamente nada. Quizá sea eso lo que odian de Villacís. La política de Ciudadanos, candidata más que sólida a la alcaldía en las próximas elecciones municipales, tenía una carrera profesional antes de ser representante pública. Eso se nota, entre otras cosas, a la hora de saber comportarse y no hacer el ridículo.

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