¿Socialdemócratas o independentistas?

¿Socialdemócratas o independentistas?
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Los reinos de taifas socialistas acabarán con el PSOE. Si Pedro Sánchez no impone un proyecto nacional, socialdemócrata y constitucionalista, el partido no tiene nada que hacer a nivel electoral, menos aún en competencia con una formación como Ciudadanos, que ya los supera en todas las encuestas. Los votantes del puño y la rosa quieren el espíritu ganador y españolista de 1982, el de Felipe González. No el disloque que reina ahora en Ferraz debido a las más que cuestionables actuaciones de algunos de sus responsables regionales. Nombres como Ximo Puig, Francina Armengol o Miquel Iceta parecen rivales más que miembros de su propia formación. El último ejemplo lo encontramos en el Gobierno valenciano de Puig, que ha encuestado a los niños en los colegios para hacer una lista negra de castellanohablantes. 

Educación, menores y represión idiomática es una ecuación que siempre da error en España. Propia de dirigentes como Mónica Oltra y partidos como Compromís, que tienen mucho más que ver con el populismo de Podemos y los independentistas catalanes que con lo que debería ser el PSOE primigenio. El Partido Socialista genuino defendería el español como elemento vertebrador de nuestra sociedad y abandonaría una senda que también sigue la propia Armengol. La presidenta de Baleares, aliada con los nacionalistas radicales de Més, incluso ha llegado a penalizar sin promoción ni posibilidad de traslado a los médicos que no consigan sacarse el título que acredite un sólido conocimiento del catalán, por muy buen profesional que sea. Una medida absurda si tenemos en cuenta que sólo cinco de las 7.000 quejas de la sanidad balear fueron por no atender en catalán. Los lugares que tienen la suerte de contar con dos lenguas oficiales han de potenciarlas, ya que son una fuente de riqueza cultural. Nadie pone en duda eso. 

No obstante, de ninguna manera se puede consentir una persecución al español, menos aún si esa persecución llega hasta el punto de convertir la lengua en un estigma social y familiar. El español, más si cabe cuando se trata de la educación y de los menores, debe ser un principio inviolable de nuestro país. De lo contrario, el PSOE le bailará el agua a los enemigos de España y, lo que es peor, debilitará la necesaria unión que debe existir entre el bloque constitucionalista. Una estrategia que ya se ha demostrado pésima para sus propios intereses. Las filias de Miquel Iceta con los sediciosos catalanes, lejos de granjearle sus votos, supusieron que el PSC consiguiera los segundos peores resultados de su historia en las últimas elecciones autonómicas. Un aviso muy serio de lo que les puede esperar en el futuro que parecen no entender… o no querer entenderlo. Socialdemócratas o independentistas. Sus líderes han de elegir. El futuro de España y del propio PSOE depende de la decisión que tomen.

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