Reduzcamos los políticos y engrandezcamos la política

Reduzcamos los políticos y engrandezcamos la política
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Me gusta, siempre lo he hecho, moverme entre quienes piensan de forma diferente a la mía, entre aquellos que critican mis planteamientos, y lo hago por varios motivos. Uno de ellos, porque la diversidad es lo que te fortalece en tus visiones, te enriquece y te permite conocer los argumentos del adverso; otro, por pensar que si a alguien tengo que convencer no es al correligionario, sino al que duda, al que tienes enfrente y que si puedo arrastrar a alguien al redil es a la oveja descarriada, la otra ya está en él. En ese moverme entre “los otros” me encuentro con que se está consolidando una forma de política de enemigos, no de adversarios; de buenos y malos, no de correligionarios y oponentes, generando una crispación interesada con imágenes de banqueros maliciosos que hemos rescatado y pobres jubilados que sufren recortes por culpa del PP.

Lo siento, pero creo que los males de este país no son sólo culpa del PP, ni de la banca, sino de toda una clase política repugnante que provoca el vómito. No se ha rescatado a la Banca, por más que alguno así lo cacaree, sino a las Cajas de Ahorro que, consecuencia de una legislación ad hoc, creada por el PSOE, se dedicó a integrar en su seno a los políticos y a servir de banco de los partidos que nos robaron a manos llenas, que promovieron fusiones inapropiadas con el único sentido, o voluntad, de cubrir o encubrir la basura hedionda que se encontraba en su seno, de forma que al concentrar fuese más difícil determinar cuál era el foco del mal olor. Es evidente que el problema no es de hoy, ni de ayer, que viene ya de largo. Que no nos engañen, no se ha recortado nada a los ciudadanos para, como dicen, “rescatar a la banca” sino que se han dado hachazos a los derechos de los “perritos sin alma” y robado su futuro sólo por no reducirse ellos sus prebendas, sus poltronas y sus amistades peligrosas.

Utilizan a los pensionistas como moneda de cambio, como arma arrojadiza, como responsabilidad ajena; pero, las pensiones no están en peligro por culpa de los empresarios, sino por culpa de no tomar medidas, de no aplicar políticas que permitan una mayor población, una población más rica, unas empresas más fuertes y una economía más libre que permita solventar el problema; lo que hace falta es cuidar la familia y la procreación,  la empresa y la generación de puestos de trabajo sólidos, que el trabajador tenga sus mochilas para un hipotético despido y para su futuro. Pero, esas políticas son incompatibles con Estados elefantiásicos, reinos de taifas, pléyades o legiones de políticos excelentemente engrasados y opíparamente cubiertos en todas sus necesidades presentes, pasadas y futuras

Cada vez que me acerco a uno de mis amigos, de aquellos “que viven en el error”, siempre proponen más Estado, más impuestos, más magra política, más solidaridad-impuesta, más coberturas institucionalizadas y no contemplan que con menos Estado, menos obesidad política, más solidaridad voluntaria, más libertad, se puede vivir mejor.  Cuando se les dice esto, te tildan de extrema derecha o, como dice Rajoy, de populista, pero se olvidan de que Aznar defendía que bajar los impuestos incrementaba los ingresos, todos se burlaron de él y, cuando gobernó, demostró que no era una falacia, sino una realidad. Apostemos por ti y por mí, por tus hijos y los míos, y olvidemos un Estado “Saturno” que no funcionará.

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