El fútbol español no puede estar en manos de Roures

El fútbol español no puede estar en manos de Roures

El offshore Jaume Roures, trotskista millonario y líder en la sombra del independentismo golpista según la Guardia Civil, no puede seguir ostentando de manera omnímoda los derechos del fútbol español. Alguien que tiene las manos manchadas por las sospechas de la corrupción ni debe ni puede mangonear un negocio tan importante para nuestro país. Este individuo programa los partidos a su merced y los coloca a horarios imposibles. Piensa más en chinos, indonesios o japoneses que en los verdaderos sostenedores del invento futbolístico patrio: los españoles. Una persona que quiere romper España, además, debería estar absolutamente inhabilitada para hacer negocios con el país que pretende dinamitar. 

Cierto es que morder la mano que te da de comer es un contrasentido y una deslealtad propia de alguien que reparte sus filias entre los negocios opacos en paraísos fiscales, el separatismo militante y los populistas de Podemos. No obstante, dicha contradicción ha de ser cortada de raíz por el Gobierno a través del nuevo reparto de los derechos televisivos. Es una locura pensar que alguien que fomenta el odio a España sigue llenándose los bolsillos gracias a España. Especialmente si tenemos en cuenta que, en el sumun del oprobio, tiene a los agentes del mismísimo FBI pisándole los talones por esas maniobras más que sospechosas. Un emporio en forma de monopolio totalitario que cercena la necesaria competencia exigible en cualquier sector y que le permite revender los partidos en España y quedarse en exclusiva con la comercialización de los que se emiten fuera de nuestras fronteras. 

Un negocio, en definitiva, donde jamás corre ningún riesgo, lo que imposibilita su evolución y mejora. Algo nocivo para el propio fútbol. Los dos equipos más célebres del planeta, Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, han tenido que ver cómo los equipos de la Premier les ganaban ampliamente la partida en los ingresos por derechos televisivos debido al comportamiento caciquil del ínclito Jaume Roures. Algo que incide de manera muy nociva en la competición tanto para los dos conjuntos más grandes como para el resto, que se ven obligados a carecer de fichajes, así como de mejores condiciones tanto para sus jugadores como para sus aficionados. El fútbol español y la sociedad española merece algo mejor que Roures.

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