Podemos: una franquicia del chavismo

Podemos: una franquicia del chavismo
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PODEMOS ya existía en 2007, acrónimo de Por la Democracia Social. Por lo tanto, siete años antes de que se constituyera Podemos en nuestro país. El partido primigenio es, como no podía ser de otra forma, venezolano y prochávez. La nomenclatura, vieja política. Su uso habitual en el país caribeño lo demuestra el logotipo que utiliza el dictador Nicolás Maduro para su campaña: ‘JuntosPodemosMás’. Pablo Iglesias se limitó a copiar. Ni idea propia ni creatividad ni nueva política. Fomentó el 15-M con la idea de apropiárselo y capitalizarlo en votos. Aprovechar la desesperación de un país que vivía su peor crisis económica en 100 años. Espolear los instintos más bajos y así entrar como un rayo en la política española con el objetivo de inocular el virus del populismo. El tiempo y la realidad han demostrado que nada fue casual y que el trabajo previo ya estaba hecho. Era un mero delegado del populismo chavista en España. 

Tanto él como Monedero —un resentido político que había fracasado en todas sus incursiones anteriores en la cosa pública— estaban esperando la ocasión propicia para adueñarse de lo que denominaron como “plaza pública”. Ríos de lenguaje alambicado, retórica vacía y conceptos vacuos que constituyen, en definitiva, el credo que habían aprendido en sus largas estancias en Caracas. De ahí que a nadie le pueda extrañar que el actual lema de Maduro se parezca al de los morados. Hasta el punto de ser idéntico. Eso sí, la marca blanca del chavismo en Europa no sólo se trajo la teoría, también el dinero. La Fundación CEPS fue la hucha donde los prepodemitas guardaron los ingresos que le daban sus financiadores para difundir la doctrina. 

“He amanecido con un Orinoco triste paseándose por mis ojos”, dijo con esa afectada cursilería tan suya el sin vergüenza fiscal Monedero cuando murió el sátrapa Hugo Chávez. Era comprensible que llorara dada su privilegiada relación con el régimen. Mientras la ciudadanía venezolana carecía de los alimentos más básicos, la fundación de los líderes de Podemos recibió más de 7 millones de euros procedentes de Chávez. Amén, claro está, de los 272.000 dólares que Pablo Manuel Iglesias Turrión cobró en territorio offshore procedentes de la dictadura bolivariana. Esos fueron los precedentes que nos han llevado hasta aquí. Por eso ningún dirigente de Podemos condenará jamás el caos que carcome Venezuela. Por eso siguen manteniendo que Leopoldo López no es un preso político. Y por eso, también, sus logos, sus discursos y, lo que es peor, sus intenciones, se parecen tanto. ¿Alguien tiene aún alguna duda de que son lo mismo?

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