¿Mossos o capos bolivarianos?

¿Mossos o capos bolivarianos?

Dos facciones principales componen cada una de las unidades de los Mozos de Escuadra en Cataluña, policía autonómica revelada como uno de los más serviles y bífidos vástagos de la pulsión hormonal y criminal procesista. Una dualidad de lealtades bien distintas que, independientemente de las tribulaciones éticas y morales de muchos de los que la componen, hace mucho que está al servicio del separatismo en obscena exclusiva. La primera la ostenta el quincallero de poca monta que, frente a la enormidad de las FCSE, ha asumido ser un gángster, un machaca o un recadero simplón de golpistas. A la segunda la conocí la semana del 1-O, cuando algunos de los que butroneaban la sentencia de orden de cierre de los colegios del TC como si fueran un caco en lugar de la policía me contaron como la vergüenza les hacía pisotear el uniforme en casa, llorar de rabia en una llamada de perdón a antiguos camaradas de la Policía y la Guardia Civil, o pedir la baja con tal de no firmar la hoja de servicio del Golpe y la intimidación en la calle.

“Si hay buena voluntad y se acepta la nueva realidad política, no habrá colisión entre policías”. Esta fue la sentencia del ex consejero de Interior Joaquim Forn, recogida en el auto de Lamela del pasado 11 de octubre, que mejor resume la lóbrega naturaleza del cuerpo autonómico y su más alto servicio al Estado: convertirse en la prueba forense de la rebelión. En el hormigón argumental que enviara a los trileros y analfabetos funcionales a las celdas de 4×4 de los gánsters empurados por el constitucionalismo. Pero también se han constituido como el ejército del Alzamiento, como suscribió uno de los grandes fiscales de España, Ignacio Gordillo. El embrión de un futuro cuerpo militar de unos 22.000 hombres cuya evolución continua en el presente según un informe interno de ERC incautado por la Guardia Civil. En él se detallaba cómo debía ser estructurada la Defensa de la nueva Cataluña independiente y su rol en el más que probable el estallido de un conflicto armado.

En esos mismos términos se expresó la ex presidenta de la mesa del Parlament y de la ANC, Carmen Forcadell, cuando declaró que “la constitución de una fuerza policial encargada de expulsar a los españoles fuera de Cataluña tras la expiración de un tiempo de gracia” era esencial para la proclamación de la nueva República”. A día de hoy, nadie duda de que tras la inminente proclamación de otra mayoría independentista en el Parlamento, e independientemente de la explícita renuncia a una DUI por parte del nuevo presidente, los Mozos de Escuadra jamás volverán a concebirse como un estamento autonómico de lealtad y obediencia a España, sino más bien como la guerrilla latente de una Cataluña mucho más hostil.

Policía autonómica interceptada de camino a la incineradora con las pruebas de los 3 millones de euros procedentes del FLA desviados para el Proceso. Espionaje a la oposición, concubinas, amantes, y las FCSE. ¿Necesitan algo más los partidos para justificar la desarticulación de una banda de vulgares capos bolivarianos que además son los mejor pagados? ¿Por qué Interior firmó un acuerdo con sus sindicatos para subirles el sueldo en agosto? ¿Por qué se siguen convocando plazas, 455 más hace menos de un mes?¿Se ha encontrado ya la furgoneta de los Mozos “extraviada” con el material de espionaje y contrainteligencia para la UCRO, Unidad Central de Respuesta Operativa, procedente de una compra de Interior calculada en más de 15 millones de euros? ¿Qué justifica la existencia de esta Gestapo?

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