Opinión

Ciudadanos no brilla y el PSC no es constitucionalista

Ciudadanos no brilla y el PSC no es constitucionalista
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Arrimadas es una líder inconmensurable que brilla en el Parlamento catalán, pero en Salvados arrasó con Rovira únicamente porque esta no es nada. Como nunca lo fueron Puigdemont o Junqueras. El único mérito de estos tres siempre consistió en acabar con todo aquel discrepante existente entre ellos mismos y el Estado mediante el uso del poder, el mayor entramado de entes públicos y mediáticos del país y el delicado uso de la delincuencia en las aulas que exige convertir a niños en clientes y correligionarios.

Por todo ello hubo mucha gente que no entendió que en Salvados Arrimadas no pronunciara palabra alguna sobre la inmersión y la libertad de estudiar en español, prohibida a día de hoy en Cataluña. Aún más increíble resultó su contestación a Évole cuando éste le preguntó sobre “qué cualidad admiraba en Rovira”. Arrimadas, circunspecta, dijo en tono bajísimo “admiro su valentía”. Fue ahí cuando la líder del partido naranja banalizó el mal de Rovira por miedo a perder en ese estúpido juego en el que, para ser demócrata, hay que negar la existencia del enemigo en la política. Rovira acusó al Estado y a la policía de amenaza de asesinato. Siempre se mostró partidaria de declarar la independencia “caiga quien caiga” por encima de los derechos constitucionales y civiles. No hay valentía sino maldad en Rovira. Existe el bien y el mal y Arrimadas haría bien en comprender que en medio no hay nada.

A un juego más peligroso juega Iceta. Confiar a Iceta la lucha contra la insurgencia independentista en Cataluña que él mismo integra tiene tanto sentido como enviar a John el Yihadista a rescatar a los cristianos coptos a El Cairo. Se calcula que, alrededor de 77 alcaldes del PSC, pertenecen a la AMI, Asociación de Municipios por la Independencia, integrada por 787 municipios rurales gobernados por socialistas en un 6% del total. Por tanto, a pesar del esfuerzo de Iceta y los suyos por pescar en esos antros y electoralmente hablando, los socialistas pintan menos fuera de Barcelona que una crupier en shorts y estiletos impartiendo doctrina al Estado Islámico. De los 77 mandamases progresistas, 30 cedieron locales públicos a Puigdemont para la celebración del 1-O.

Aunque entre las concesiones más graves de Iceta al independentismo encontramos las capituladas entre las 46 exigencias presentadas por Puigdemont a Rajoy previas a la consecución del golpe de Estado y de las cuales el PSC ha hecho suyas 45, como el “respeto al modelo de escuela catalana” que saca a niños con dientes de leche a gritar “libertad presos políticos” y que roba a los padres el constitucionalísimo derecho a elegir la lengua de escolarización de sus hijos. Nada nuevo bajo el sol, ya que el PSC ya presentó una enmienda en 2016 contra el bilingüismo en las escuelas públicas de Cataluña eliminando una partida de 5,1 millones de euros destinada a recibir español en los colegios. La libertad educativa de los niños importaba menos que la implantación de los Pipicanes para la comunidad Caniche Toy, puesto que lo importante era ganarse al público objetivo del PSC, el catalanismo.

Es por el historial arriba mencionado que, la que les escribe piensa que, cuando el martes el ex presidente Felipe González se refirió a Iceta como “el Messi de la política catalana”, aludía a la dura etapa en la que el argentino era tratado con ciclos de polipéptido para dejar de padecer enanismo hipofisario. A pesar de la moda de los expresidentes metidos a costureras para remendar a sus partidos destrozados, y a pesar de que Felipe pretenda coser el suyo con hilo de demócrata enano dopado por su aparato la realidad se rinde a las estadísticas a pesar de la excepcionalidad de las circunstancias: el PSC obtuvo 36 escaños en 2006, 28 en 2010, 20 en 2012 y 16 en 2015. Corcho, con el astro.

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