Tiembla Pablito

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El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, con Juan Carlos Monedero.
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Pablo Iglesias debe dar gracias a Dios, bueno, en su caso a Satanás, por no ser ciudadano estadounidense. Si la tan seria y rigurosa como poco eficaz en términos prácticos Comisión del Senado sobre la Investigación de la Financiación de los Partidos Políticos se celebrase en la primera potencia mundial el secretario general de Podemos tendría todas las papeletas de la tómbola para sentarse en el banquillo. Como mínimo. Me explico: allí estas fórmulas parlamentarias tienen consecuencias penales. Aquí se celebran a beneficio de inventario. Es como el que jura la bandera sin ser soldado: un acto muy bonito pero sin efecto alguno en el terreno legal salvo que se cometa lo que toda la vida se llamó perjurio y ahora en este cursi mundo que nos ha tocado vivir se denomina falso testimonio.

No conozco un solo caso de un embustero que haya acabado condenado, siquiera procesado, tras pasarse la verdad por el arco del triunfo en alguna de las no muy numerosas comisiones de investigación celebradas en 40 años de democracia. El a la sazón (1994) gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, toreó a Juan Pedro Hernández Moltó, Luisa Fernanda Rudi y la verdad en el Congreso y santaspascuas. Juan Carlos Monedero se burló de los senadores el lunes, les vaciló e incluso les mintió con la desvergüenza que le caracteriza y se quedó más ancho que pancho porque es consciente de que todo eso sale gratis. Admitió a regañadientes que trabajó para la dictadura venezolana pero puntualizó que “muy poco y tan sólo 3 meses”. Todo el mundo sabe, empezando por él, que estuvo años, nueve en concreto según desveló el brillante portavoz del PP, Luis Aznar. A más, a más, hay que recordar al nada desmemoriado y muy patrañero Monedero que tenía el despacho al lado del del sátrapa Hugo Chávez en el Palacio de Miraflores.

“Cuando yo trabajaba en el Palacio de Miraflores, Chávez me llamaba ‘el infiltrado’”, asegura este sin vergüenza fiscal en un acto público celebrado por la tiranía venezolana en el estado de Miranda que se puede ver en YouTube. Eso sí, no sin antes definir al sátrapa en dos palabras que en el fondo no dicen nada pero en las formas lo aclaran todo: “¡Chávez, Chávez, Chávez, Chávez… caaaaaaa-ra-jooooo!”.  El tono de la mano derecha de Pablo Iglesias recuerda al de esos pobres norcoreanos que se vuelven locos, como si estuvieran poseídos, cuando ven aparecer al psicópata gordito que para su desgracia preside su país. Monedero también asegura que “no sabe” quién es Rafael Isea, antiguo ayudante personal de Chávez y ex ministro de Finanzas exiliado en los Estados Unidos y convertido en testigo protegido de la agencia antidroga estadounidense (DEA). Esto es como si Jorge Moragas, el secretario general de la Presidencia del Gobierno de Mariano Rajoy, manifestase públicamente que desconoce quién es el titular de Hacienda de España. Cabrían tres posibilidades: que se hubiera demenciado, que bromease o que nos mintiera deliberadamente. Un tipo que está a la derecha de dios se sabe el nombre de los ministros mejor que el padrenuestro.

Como quiera que Monedero es un desahogado pero no está loco, como está claro que en sede parlamentaria y bajo juramento o promesa no se bromea, resulta perogrullescamente obvio que el personaje mintió a sus señorías. No podemos olvidar otro detalle, aparentemente insignificante pero demoledor si separamos el grano de las pajas mentales de nuestro protagonista: el Banco del ALBA que le dio 425.000 euros en octubre de 2013 por unos informes que nunca aparecieron fue presidido ese mismo año por ese Rafael Isea que él jura y perjura no conocer. Claro que la catadura moral de este sujeto quedaría clara con rebobinar la frase que vomitó hace un lustro en un debate sobre el terrorismo que se llevó por delante la vida de casi 900 personas: “Cuando uno piensa que en el País Vasco la represión ha tenido un espacio muy alto, a lo mejor puede empezar a entender la violencia de ETA”. Como diría aquél, no hay más preguntas, señoría. Qué asco.

Las apariencias normalmente no engañan. Las cosas suelen ser lo que parecen. Pues eso: ese regalito de 425.000 euros que se consumó dos meses y medio antes de la constitución de Podemos como partido político era lo que era. Como los 272.000 dólares que, tal y como atestiguaron OKDIARIO, una TV de Miami y el líder opositor Henry Ramos Allup, el Ejecutivo del asesino Maduro transfirió a una cuenta de Iglesias en el paraíso fiscal de Granadinas eran lo que eran. Una pista de por dónde van los tiros: esta última transacción mágica se produjo dos meses después de la inscripción de Podemos y dos antes de esas Elecciones Europeas en las que contaron con unos medios que para sí quisiera cualquier formación novel. Por mucho menos (también por mucho más) se ha metido mano a algunos dirigentes del PP.

Sea como fuere, una cosa está clara. Del lunes a esta parte la cúpula del partido de los chavistas en España está de los nervios. Básicamente porque han visto que la Comisión de Investigación de sus pufos va a por todas y porque tanto Enrique Riobóo, dueño de Canal 33 y ex socio de Pablemos, como un servidor no nos cortamos ni caímos rendidos víctimas de ese miedo escénico que invade a buena parte de los periodistas patrios cada vez que hay que hablar de estos chicos. Riobóo, que sabe cómo se las gasta el pájaro, a él lo utilizó y lo engañó vilmente, fue tajante. Repitió lo que ha afirmado hasta la saciedad: que Pablo Iglesias pagaba en negro al más puro estilo Bárcenas, que explotaba a los trabajadores de esa basura ética y televisiva que es La Tuerka y que los salarios que satisfacía estaban siempre por debajo del mínimo interprofesional. Desveló con todo lujo de detalles cómo el chico de los piños más sucios que he visto en mi vida era un esbirro a sueldo de esa teocracia, la iraní, que ahorca a los homosexuales, lapida adúlteras y asesina a los disidentes.

Un servidor hizo tres cuartos de lo mismo. Desgranar, con el mayor grado de precisión posible, lo que sabe. Que no es poco. Lo que puedo probar. De momento. Porque el futuro, tu futuro, Pablo, Pablito, Pablete, está escrito en las estrellas. Ya lo verás. El relato a sus señorías no fue sino una compilación de todas las informaciones que hemos publicado en OKDIARIO acerca de las corruptelas de Iglesias, de ese monedero ambulante que es Monedero, Verstrynge y un tan largo como jeta etcétera. Para empezar, por ese curradísimo y documentadísimo documento policial PISA (Pablo Iglesias Sociedad Anónima), que demuestra hasta qué punto ese país de los ayatolás que trata a los mujeres peor que a los perros ha llenado los bolsillos de esta banda. Un dato lo dice todo: dinero manchado con la sangre de los demócratas iraníes sufraga el teléfono personal del increíble hombre menguante que es políticamente Pablo Iglesias (673298***).

No menos relevantes son los documentos que Rafael Isea entregó bajo juramento y ante notario a la Policía española en el Consulado de España en Nueva York. Una serie de órdenes de pago a favor de las trillizas bolivarianas (Iglesias, Monedero y el antaño filonazi Verstrynge) firmadas de su puño y letra por el mismísimo Hugo Chávez Frías. Alrededor de 7 millones que primero fueron a parar a esa Filesita de Podemos que fue el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) y luego al entorno de estos tres personajes, cuando Podemos era un partido con todas las de la ley (años 2014 y 2015). Bueno, con todas las de la ley, no. Con todas las formalmente exigibles. También puntualicé que, aunque la prueba había sido obtenida con todas las garantías, en el colmo de la deontología periodística encargamos a un perito calígrafo que autenticase la rúbrica. No dudó el experto: “Más allá de toda duda razonable, es la firma de Hugo Chávez y no ha sido introducida en el documento a posteriori”. Vamos, que los papeles de Iglesias no eran ful sino fetén a más no poder.

Que a Iglesias y cía les ha invadido el baile de San Vito también va más allá de toda duda razonable. No hay más que ver cómo han reaccionado sus matones en Internet linchando a Riobóo y a este menda. Nos han dicho de todo y por su orden. Nos han amenazado. Se han ciscado en nosotros, en nuestra parentela y en nuestros muertos. A mí me han seguido, al punto de que el mismo lunes me fotografiaron con la persona a la que le saqué su cuenta en Suiza, Francisco Granados. Y en un intento hilarante, que ni mi hijo pequeño superaría en infantilismo, nos amenazaron con una querella por falso testimonio. Jajajajajajajaja. Me parto. Majetes, dejad de malgastar el dinero del contribuyente en intentar amordazar a periodistas incómodos: tanto Riobóo como un servidor nos limitamos a rememorar lo que ya hemos contado y probado y porque es verdad. Toda la verdad y nada más que la verdad. Métela, Pablo, Pablito, Pablete, otra más que perderás.

El guión de esta película me lo sé de memoria. Cuando en Mallorca osé destapar las vergüenzas de Maria Antònia Munar, me intentaron asesinar civilmente por tierra, mar y aire. Los peores, para variar, fueron los periódicos que vivían de la mamandurria de la publicidad institucional (historia que se repitió, calcadita, con los Pujol). Cuando hice lo propio con el president Matas y su célebre palacete de 5 millones de euros ganando 70.000 brutos al año, me ocurrió tres cuartos de lo mismo. Qué contarles de mis peripecias en esos años en los que viví peligrosamente desvelando con Esteban Urreiztieta el caso Urdangarin, Pujol, los sobresueldos y la financiación en black del PP, las mangancias del muy mangante Ignacio González o el escándalo Neymar. Hoy los unos están (Rosell y su íntimo enemigo Pujol Ferrusola), han estado (Matas y González) o estarán en la cárcel (Iñaki, Bárcenas et altri) y la otra mora allí desde hará cosa de cuatro años. La historia siempre me ha absuelto. ¿Será esta vez la excepción que confirma la regla? Se admiten apuestas, coletudo.

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