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Este escarnio no se puede producir

Este escarnio no se puede producir
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La libertad de expresión es sagrada pero sus límites deben radicar en la ofensa y el menosprecio tanto a las personas como a los símbolos oficiales del Estado. El ejemplo lo encontramos en la versión moderna de la ópera ‘Carmen’, un montaje del polémico director español Calixto Bieito. En un momento de la función, aparece un actor vestido de legionario que barre el suelo y se limpia el trasero con una bandera de España. Podrán alegar los argumentos que quieran al respecto de las fronteras entre ficción y realidad para tratar de justificar esta transgresión escénica y dramática. No obstante, ni el Teatro Real de Madrid es el lugar idóneo ni el 11 de octubre —víspera de la Fiesta Nacional— es la fecha adecuada. Provocar por provocar sólo genera un conflicto infructuoso y la exacerbación de los instintos más bajos. Un fin muy alejado del que debería tener cualquier creación artística. 

Hay ciertas provocaciones, más si cabe dado el contexto en el que vivimos, que no aportan nada a la sociedad. Ni elevan el pensamiento ni hacen reflexionar a sus componentes. Son mero escarnio gratuito y, por lo tanto, prescindible. Especialmente si tenemos en cuenta que entre los patronos del Teatro Real figuran el ministro de Educación, Cultura y Deportes, Íñigo Méndez de Vigo, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Ni para ellos ni para el conjunto de la población que representan sería adecuado que un despropósito así ocupara las tablas del Real, referencia cultural indiscutible de nuestro país. Una institución que con 200 años de historia goza de sobrado prestigio como para tener que recurrir a la polémica. Si Calixto Bieito quiere hacer del escándalo el modo de promocionar sus creaciones, allá él. Pero, desde luego, la representación de esta versión de ‘Carmen’ no aporta nada más allá de la ofensa fácil y el insulto trillado. El Teatro Real no lo debe permitir. Su historia es demasiado brillante como para ceder su espacio a operas bufas de tres al cuarto. Y, además, no es de recibo que se insulta y ofenda a todos los españoles en una institución sufragada con sus impuestos.

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