Opinión

Entramados contables en versión futbolística

Entramados contables en versión futbolística
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Al margen de otras consideraciones, entre ellas la vulnerabilidad de la que hoy adolecen los grandes e históricos clubes de fútbol ante la agresiva llegada a las ligas europeas de los petrodólares procedentes de exóticos y alejados confines, el fichaje, o el pago de la millonaria cláusula de rescisión de Neymar, por parte del Paris Saint-Germain conlleva unas consecuencias inflacionarias muy peligrosas para la salud económica de los clubes de fútbol, tanto para aquellos que podemos englobar en la llamada jet set europea —que son los Top 20— así como de retruque para la clase media y también para la clase baja. Tras ese fichaje de Neymar por 222 millones de euros, el caché de muchos futbolistas se ha disparado espectacularmente. Hablar de 150 millones de euros o tal vez de 180 millones por un chaval de apenas 20 años y cuyo futuro está por ver, aunque se trate de una promesa descollante, es hacerlo de una burbuja que si el año pasado debido a la fortaleza económica de la Premier League ya se había empezado a gestar, en el arranque de esta temporada se engorda de manera peligrosa.

No solo es la adquisición de los derechos federativos de Neymar por esa suma astronómica lo que agita la hinchazón de los precios futbolísticos de los cracks —y cuidado porque de crack a crac solo hay una consonante que separa ambas palabras—, también el pseudofichaje de Kylian Mbappé, hasta ahora enrolado en las filas del Mónaco por parte, cómo no, del Paris Saint-Germain. A fin de sortear el cumplimiento de las reglas del fair play financiero, la adquisición por el club parisino del joven astro francés se instrumenta a través de un contrato de cesión con opción de compra por los citados 180 millones de euros. Si el PSG incorpora a Mbappé mediante esa fórmula, sobre el papel estamos de acuerdo en que regatea los dictados del juego limpio financiero de la UEFA. Esta temporada 2017/18 se paga un canon por la cesión de “x” milles o millones de euros, tal cantidad se contabiliza como un gasto puro y duro en la cuenta de pérdidas y ganancias del PSG, cuyo saldo final se verá más o menos afectado, y con el compromiso, suponemos que ineludible, de ejercer la opción de compra una vez concluya la actual temporada y satisfacer el resto pendiente de los 180 millones de euros al Mónaco, el PSC activa, ya a partir de 1 de julio de 2018, la inversión efectuada en Kylian Mbappé.

Nada pues qué decir, al menos en teoría y hasta aquí. La UEFA, ufana, se muestra satisfecha porque en las ligas europeas y, en especial, en la últimamente movida liga francesa, se cumple con el espíritu del fair play financiero y así la organización europea no tiene que intervenir por la vía reglamentaria para hacer cumplir la ley de la UEFA. ¿Es realmente así ese montaje contable, y aceptable en todos sus términos o estamos ante una acicalada muestra de la mejor creatividad contable gracias a la cual un club se torea a la mismísima UEFA? En realidad, ¿no será que el PSG invierte en esta temporada 2017/18 la friolera, por lo menos hasta el momento, de 402 millones de euros —222 de Neymar y 180 millones de Mbappé— en futbolistas? Contablemente, a tenor de los principios y criterios que definen el marco conceptual de la contabilidad en Europa, se da una regla primordial y que se antepone por encima de cualesquiera ficciones que puedan diseñarse: la prioridad del fondo económico, o de la sustancia económica, por encima de la forma jurídica.

El objetivo de las cuentas anuales que, en síntesis, se plasman en el balance, la cuenta de pérdidas y ganancias junto con la memoria —en según qué casos además hay que formular el estado de cambios en el patrimonio neto así como el estado de flujos de efectivo—, es que esos documentos se redacten con claridad y muestren la imagen fiel del patrimonio, de la situación financiera y de los resultados de la empresa de conformidad con las disposiciones legales vigentes en cada Estado miembro de la Unión Europea y que responden a un patrón común. Para ello, a la hora de contabilizar las operaciones que se dan en el quehacer de la actividad económica de una empresa —un club de fútbol no es ni más ni menos que una auténtica empresa— debe atenderse a la realidad económica de tales operaciones y no solo a su forma jurídica.

El factor Mbappé

El futbolista Mbappé es objeto de una cesión por parte del AS Monaco al PSG pero existe un compromiso firme por parte de éste, según se desprende de las informaciones periodísticas, de ejercer a la finalización de tal cesión la opción de compra. No se está pues ante una mera cesión o simple arrendamiento sobre los derechos de un futbolista, sino ante una compra en firme que podríamos equiparar perfectamente a un contrato de arrendamiento financiero. En tal caso, en consonancia con la normativa contable europea, el PSG está adquiriendo los derechos federativos y económicos sobre Kylian Mbappé, y los mismos tienen que figurar activados por el club de París del mismo modo que el montante total a pagar por esos derechos tiene que reflejarse en el pasivo exigible del PSG, ya sea como deuda a corto plazo —a satisfacer a menos de un año— o deuda a largo plazo —a pagar a más de un año— o, dependiendo de los vencimientos de los compromisos de pago asumidos, una parte como deuda a corto plazo —a menos de un año— y la otra a largo plazo —a más de un año—.

El patrimonio de una empresa está formado por el activo, el pasivo y el patrimonio neto. Repasemos sucintamente la idea sobre las dos primeras masas patrimoniales. El activo recoge los bienes, derechos y otros recursos controlados económicamente por la empresa, resultantes de sucesos pasados, de los que se espera que la empresa obtenga beneficios o rendimientos económicos en el futuro. El hecho de que el PSG cuente con los servicios de Mbappé de manera irrenunciable y con compromiso en firme y que sea el propio PSG quien se beneficie, o se perjudique, de todos los efectos económicos derivados de la incorporación del jugador a la plantilla, implica tener que activar los derechos del futbolista francés y pasivizar el montante total de la deuda asumida con el AS Monaco.

Por añadidura, los mandatos contables imponen que deban reconocerse en el balance los activos cuando sea probable la obtención a partir de los mismos de beneficios o rendimientos económicos para la empresa en el futuro y siempre que se puedan valorar con fiabilidad. Dicho en palabras llanas: si Mbappé marca goles y/o desempeña una producción futbolística que va catapultando al PSG hacia posiciones destacadas en el plano deportivo que además se traducen en ingresos para el club, el chaval tiene que ser activado por parte del PSG. A su vez, como pasivos en el balance de una empresa, o club de fútbol, tienen que incluirse las obligaciones actuales surgidas como consecuencia de sucesos pasados, para cuya extinción la empresa espera desprenderse de recursos que puedan producir beneficios o rendimientos económicos en el futuro; incluidas las provisiones. La deuda comprometida por el PSG ante el AS Monaco es indudablemente una obligación que debe figurar en el pasivo del club parisino.

Particularmente, dudamos de la efectividad de la normativa relativa al fair play financiero por parte de la UEFA. La realidad que estamos viendo ensombrece por completo el espíritu con el que ese fair play financiero nació. Se pretendía, cuando se gestó, que la pureza económica y financiera se impusiera en el contexto del fútbol europeo; obstaculizar la entrada de grandes magnates que distorsionaran la nobleza de la competición futbolística; que cada club, en función de sus posibilidades, gastara de acuerdo con lo que ingresara en busca siempre de unas reglas de equilibrio económico; que cada club invirtiera en futbolistas y en otros activos de forma adecuada y proporcionada a sus recursos financieros, evitando cambalaches y montajes extraños… En definitiva, que se diera una pureza económica y una integridad financiera sobre los terrenos de juego de Europa. Uno, que tuvo la oportunidad de participar en aquella gestación del fair play financiero de la UEFA, ve que aquel espíritu se ha evaporado y que el fútbol europeo se rinde al poderoso caballero que es don dinero procedente de lejanos lugares… Alea iacta est.

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