Opinión

Polarización futbolística

Polarización futbolística
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El fútbol europeo, al igual que nuestra sociedad, tiene sus estratos sociales. Le da realce una aristocracia de noble linaje y de pedigrí contrastado, forjado a lo largo de muchos años, con exitosa trayectoria y cuya fama le precede a lo largo y ancho del mundo. Son los grandes clubes del concierto futbolístico, la elite, ésos que siempre están concentrando todos los focos de atención. En realidad, los clubes de fútbol que en el panorama europeo son de alta estofa y de distinguida clase social son unos pocos. Actualmente, de los españoles, sobresalen Real Madrid y FC Barcelona y junto a ellos debe incluirse al Atlético de Madrid, que se ha consolidado como un grande de Europa. De los ingleses, destaca un ramillete formado por Manchester United, Arsenal, Liverpool y Chelsea con vitola histórica, a los que hay que agregar el batallador Tottenham Hotspur y el millonario Manchester City. Sólo dos representantes por parte del fútbol alemán tienen peso específico a día de hoy: Bayern de Munich y Borussia de Dortmund. En el fútbol francés los dos Olympique, Lyonnais y de Marsella. Ambos algo eclipsados a causa del recién llegado a los altares europeos y multimillonario: el Paris Saint-Germain. En el fútbol italiano, necesitado de una profunda transformación, la vecchia signora, la Juventus de Turín, junto con los dos clubes de Milán, Inter y Milan.

En mi modesta opinión, estos clubes conforman la flor y nata en el enorme escenario del fútbol europeo. Apurando más, si se me inquiriera sobre cuáles son los auténticos 10 clubes de cortesana estirpe y noble linaje, respondería de carrerilla: Real Madrid, FC Barcelona, Manchester United, Arsenal, Chelsea, Liverpool, Bayern de Munich, Juventus, Milan e Inter de Milán. Con numerus clausus estos son para mí los diez grandes clubes europeos. Y ellos son los que copan cada año, junto a los sobrevenidos, por razones pecuniarias que han movilizado ingentes inversiones, Manchester City y Paris Saint-Germain, los que conforman el elenco de los clubes que más dinero facturan anualmente. Tras esa clase alta, limitada a los 10 grandes hasta el momento, que domina siempre la máxima competición europea, aparece la clase media que, tal cual sucede en nuestra sociedad, reviste sendos perfiles: el de la clase media-alta y el de la clase media-baja. Y después, nos encontramos con la clase baja, ésa que lucha con denuedo por dar uno o varios saltos adelante pero que se encuentra con el crónico problema de los números, de sus presupuestos limitados, con la necesidad de tener que vender periódicamente a sus “joyas de la corona”, léase futbolistas que son diamantes en bruto, a fin de poder cuadrar sus números.

En el fútbol, como en la vida real, las clases sociales son una realidad aplastante, guste o no guste. Las tan odiosas desigualdades que castigan a nuestra ciudadanía tienen su reflejo en el contexto del balompié. Los ricos son cada vez más ricos y ellos lideran la percepción de las millonarias facturas futbolísticas. Dinero llama a dinero. Mientras que la clase media a trancas y barrancas prospera como puede. Sus limitados ingresos, sus ajustados presupuestos, sus topes salariales, sus limitaciones a la hora de gastar, las dificultades para reunir financiación suficiente a fin de fichar a jugadores de valía y, aún más, ingresar el dinero necesario para poder mantenerlos, establece un listón muy duro de superar. La clase media-alta del panorama futbolístico se va encogiendo y cada vez más clubes van desplazándose hacia lo que sería una clase media-baja, con guarismos más austeros y escuadras en las que apenas sobresalen perlas futbolísticas, forzada año tras año a tener que desprenderse de sus mejores futbolistas en un afán de cuadrar las cuentas al cierre de la temporada.

En el fútbol, asistimos hoy a un proceso de polarización de los clubes como ocurre con el mercado laboral de la eurozona. Los empleos de calidad y salarios altos van creciendo, quienes más preparados están y mejores habilidades demuestran, emergen socialmente y mejoran su estatus retributivo. Los empleos de poca cualificación y salarios bajos se incrementan. La economía low cost, esa de las cosas baratas, aviva contextos de baja retribución. Tal cual sucede en Europa, donde los empleos de cualificación media se van reduciendo en proporción al empleo total, los clubes medios se van diluyendo en la vorágine del negocio y de la industria del fútbol.

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