Opinión

‘Ignatius’ González: la gaviota está en la ciénaga

Ahora son los brasileños los que la han tomado con el pobre Ignacio González, hay que ver. Resulta que los muy malpensados también están investigando a esa alma cándida por la compra de Emissao en 2013, cuyo coste pericial era de 5 millones de euros y por la que los contribuyentes madrileños pagamos 21,4. Para haber sido un político a nivel regional, González y familia no han tenido problemas en zarpar allende los mares y extender por países de otros continentes sus corruptelas: Angola, Panamá, República Dominicana, Argentina, Venezuela… Venezuela nada menos, Ignacio. Qué ironía.

Sin ellos darse cuenta —los brasileños, digo—, le han calzado a la operación un nombre de lo más cómico: Operación Ignatius. Así a bote pronto, uno tiene que acordarse a la fuerza de Ignatius J. Reilly, protagonista de ‘La conjura de los necios’, un tipo gracioso, anacrónico y bastante de vuelta de todo, que se veía forzado a buscar un trabajo mientras escupía pestes contra el capitalismo. Este buen hombre no se parece en nada a nuestro Ignatius González, que además de amar el capitalismo podemos decir sin miedo que el expresidente de la Comunidad de Madrid de anacrónico tiene poco, porque otra cosa no, pero la corrupción está muy de moda: a ver quién no tiene en su ciudad o en su provincia un alto cargo del Partido Popular —quien dice uno dice los que se tercien— imputado o directamente entre rejas. Y es que la corrupción les sienta tan bien, las cosas como son.

Más cerca, tanto en el tiempo como en el espacio, tenemos a otro Ignatius que también resiste el combate contra González sin problemas: Ignatius Farray. Para el que no lo tenga en su órbita, Farray es un cómico de stand up canario que se dio a conocer en La hora chanante; a día de hoy se le puede ver en la magnífica serie El fin de la comedia, en programas como La vida moderna y Late motiv o en sus propios espectáculos en directo, que les aseguro no tienen desperdicio, en los que suele acabar chupándole el pezón a una persona del público. ¿Les parece esto raro? A mí no tanto; si lo comparamos con desviar millones de euros del gobierno madrileño a las arcas del PP o con cobrar comisiones para adjudicar obras públicas a empresas de amiguetes, qué quieren que les diga, me quedo con Ignatius Farray, que al menos me hace reír sin robarme la cartera.

Es una pena que Ignatius González haya sido tan explícito en las grabaciones por las que ahora —entre otras cosas— se encuentra en la cárcel. No se ha dignado ni a hacer un juego de palabras a lo familia Pujol. Frases como “la gilipollas esta no tapa nada”, en alusión a Cristina Cifuentes, nos hicieron ver en él a un cómico prometedor. Lo que ocurre es que luego nos ponemos a pensar en toda la pasta que nos ha levantado, en la cantidad de chanchullos que ha hecho y en la poca vergüenza con la que nos ha escupido sus mentiras todos estos años, y lo más que se le pasa a uno por la cabeza es aquella canción en la que Ignatius Farray lucía su panza al aire mientras cantaba con Ernesto Sevilla y Julián López: “Hijo de puta hay que decirlo más”.

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