Las bicicletas son para el PSOE

Las bicicletas son para el PSOE

El pasado domingo celebró Susana Díaz su candidatura a la secretaría general del Partido Socialista. He escrito “celebró su candidatura” y no “anunció su candidatura” por razones obvias: 7.000 socialistas de toda España abarrotando el pabellón de IFEMA, la plana mayor del partido —Zapatero, Bono, González, Madina, García Page, Rubalcaba, Chacón— solo ha faltado invocar con la ouija al mismísimo Pablo Iglesias, no al de ahora sino al de siempre. Al de ahora Susana no se ha atrevido ni a nombrarlo, no vaya a ser que le traiga mal fario el día de su estreno como candidata.

A estas alturas, ya se habrán enterado ustedes de que este lunes ha sido el Día Mundial del Teatro. Los socialistas, que en algunas cosas sí que van adelantados, lo celebraron con un día de antelación. Por los fastos de la presentación, lo más fácil sería asociar el acto del domingo con la superproducción musical de El rey León, adjudicando el papel de Simba —casi duele tener que decirlo— a la ilustre Susana y el de Scar, el malo malísimo, a Pedro Sánchez. Pero esto sería demasiado obvio, y puestos a rebuscar entre el mucho y buen teatro que ocupa las salas del país, tenía que ser la propia Susana la que nos diese la clave al formular ayer mismo su deseo: “Quiero que el PSOE vuelva al Gobierno, pero que lo haga desde la victoria”. A mí estas últimas tres palabras me llevan a ‘Las bicicletas son para el verano’, la genial obra de Fernando Fernán Gómez sobre la Guerra Civil.

Susana, como los nacionales en su momento, ya ha entrado en Madrid. Su rival aún no está cautivo y desarmado, pero casi se puede decir que se ha echado al monte en busca de un rearme que no termina de convencer. El PSOE, como Luisito en la obra de la que les hablo, necesita una bicicleta. El niño la necesitaba para salir con una chica durante el verano, y al PSOE le vendría bien para intentar alcanzar el paso lento del Partido Popular, que se aprovecha de que sus rivales están sentados para seguir alejándose. Cuesta creer en esa victoria de la que habla Díaz; no hablo de la victoria por la secretaría general, que esa ella la da por segura, si no la otra, la victoria de verdad.

El triunfo de Susana Díaz en las primarias —si se da— me recuerda mucho a la última escena de ‘Las bicicletas…’: un padre y un hijo —que podríamos sustituir aquí por Pedro Sánchez y Patxi López— caminan por las afueras de Madrid entre las ruinas que ha dejado la guerra. Comparten un cigarro que sabe a derrota. Patxi —que podría hacer de hijo— le dice al padre que su madre está muy contenta porque al menos ha llegado la paz, al lo que el padre —Pedro Sánchez— le contesta con amargura: “Pero no ha llegado la paz. Ha llegado la victoria”.

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