Opinión

Toca continuar la batalla política

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Analizados los Congresos Ordinarios de Ciudadanos, Podemos y PP y la situación en la que se encuentra el PSOE, concluyo que es más necesario que nunca el activismo político y el compromiso público para mejorar España. Algo que nos corresponde a todos los que no nos vemos representados por ellos. Porque, efectivamente, como ciudadanos comprometidos que somos, no podemos esperar que estas formaciones políticas, con sus líos internos y sus prioridades puestas de manifiesto durante los últimos meses, resuelvan los principales problemas que tiene España. Ciudadanos decidió en su IV Asamblea celebrada hace algunas semanas abandonar conceptos que han formado parte de su identidad: socialismo democrático, laicismo identitario, socialdemocracia o centro izquierda, con el objetivo de pelearle al PP el espacio del centro derecha. Además, le crecen los problemas orgánicos y las acusaciones de falta de democracia interna.

Podemos, por su parte, ha optado finamente por el extremismo de Pablo Iglesias; y es posible que durante las próximas semanas continúen por el camino de las purgas internas, la vieja política y el ensimismamiento partidario. No se escucharon excesivas ideas políticas en Vistalegre y las pocas que se escucharon, o eran malas o no eran nuevas. Y, a pesar de que reclamaron a gritos unidad y humildad, no hubo ni una cosa ni la otra ni parece que vaya a haberlas a partir de ahora: unidad es obvio que no la hay y respecto a la humildad, qué decir, lo primero que dijo Juan Carlos Monedero nada más finalizar el evento es que se proponían traer la democracia en España. Por lo demás, continúan en la contradicción de reivindicarse como formación progresista a la vez que abrazan el nacionalismo y la división de la ciudadanía compartida, lo cual es algo profundamente reaccionario. Respecto al PP, calma chicha aparente pero ausencia de ideas, más vivo por incomparecencia del rival que por méritos propios, por mucho que Ciudadanos haya decidido pelear en su espacio. Afectado por gravísimos casos de corrupción política, ni lidera nada ni impulsa las reformas que España necesita. Ante el desafío nacionalista, se mantiene a la defensiva, olvidando que en política gana quien más ilusiona.

El PSOE espera el advenimiento de Susana Díaz y respira porque considera que le han dejado vía libre para ocupar el espacio del centro izquierda razonable y sensato. Pero yo ya no les veo capaces de defender lo que los ciudadanos españoles a día de hoy necesitamos: reformas políticas, institucionales y constitucionales que sirvan para modernizar España, medidas para hacer frente a la corrupción política y propuestas de calado como garantizar una Justicia independiente, entre otras muchas. Y mucho menos les veo capaces de vencer al nacionalismo identitario la batalla de las ideas, dado que ellos mismos lo han abrazado en muchas partes de España.

Obviamente, no se trata de defender la unidad de España como un fin en sí mismo sino de abogar por una ciudadanía común y ampliable pero no fragmentable, como forma de configurar sociedades más plurales, menos desiguales y más justas. Y porque sin Estado no puede haber Estado del Bienestar digno de tal nombre. Sin embargo, la izquierda orgánica representada en el Congreso de los Diputados sigue sin entenderlo. Así que toca continuar la batalla política. A través del activismo político o de la sociedad civil, cada cual como quiera. Pero, sin duda, es algo que nos corresponde a todos. Puesto que involucrarse en los asuntos públicos es una exigencia ética. Y hoy día más que nunca.

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