Opinión

Jane Gabriel y Chita Puigdemont

Jane Gabriel y Chita Puigdemont
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Tarzán se esfumó, caducaron sus vacunas. Rodemos el espectáculo. Rebelión en la vil jungla barcelonesa. Para dar mayor dramatismo, abriremos con un primerísimo primer plano de Anna —Jane— Gabriel y Carles – la mona Chita – Puigdemont. Jane domina a la mona. La diosa de la CUP hace lo que quiere con este político de gestión simiesca. O accede a todos sus chantajes o que se vaya olvidando del título de president. La hija de minero golpea en el frágil cerebro del antiguo alcalde de Gerona con el ímpetu que el charnego picaba en la mina, mientras le tatarea un bobo estribillo infernal: Indepèndencia per canviar-ho tot (Independencia para cambiarlo todo). Y como Chita no trague, Jane reenviará a sus pirómanos a quemar más fotos de Felipe VI.

Hablo con un escritor de la Gauche Divine acerca de lo que ocurre en Cataluña. Me comenta que el radicalismo es la penitencia que la historia impone al conservador inadecuado, refiriéndose a Pujol y a sus sucesivos sucesores, pues todos ellos provienen de la misma escuela de títeres. El radicalismo de la izquierda, asegura, aparece cuando la aristocracia política degenera en una tribu de plutócratas que ignora la necesidad de las reformas humanas y sociales. Afirma, dotado con el muy excelso don de la observación, desde su trinchera cavada en silencio, que el radicalismo de la burguesía catalana surge cuando sus corruptos y torpes líderes se han visto impelidos a tener que repartir el escaso poder que les queda en la Generalitat con sus actuales socios antisistema, a los que odian, aunque pacten con ellos atrocidades jurídicas y a los que consideran traidores totalitarios por haber invadido el que era su seno exclusivo con prácticas ateas y maniobras perniciosas, favoreciendo la inmigración, la delincuencia y la incultura en sus cuatro provincias.

El catalán inteligente no da crédito, ni entiende, cómo puede estar gobernado por un jeta con aspecto de fregona o un pelanas del corte y porte de Carles Puigdemont. Al parecer, aquel movimiento de intelectuales y artistas de izquierda provenientes en un 90% de la clase alta de la sociedad catalana, que Joan Sagarra bautizó ante Belle Bel, la musa del grupo, como la Gauche Divine, no llegó a sembrar sus divinos genes entre la chusma mayoritaria que en 2017 abarrota el Parlament. Tampoco logró transmitir la sabiduría de la maravillosa Gauche Divine que hubo de enfrentarse a una dictadura con su estilo imaginativo y elegante, propio de los autores áticos.

Si la cabeza de chorlito que la mona Chita yergue sobre los hombros insiste en plegarse con impudicia a las órdenes esquizofrénicas que le exige la diosa, o bruja, de la CUP, llamada Jane, los catalanes ya pueden irse alquilando una liana que les transporte a otro paraíso. Porque gobernados por el dúo demoníaco que forman la mona Chita y la salvaje Jane, Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona cotizarán en bolsa como el panga. Resumiendo, con estos dos, la buena gente de Cataluña conocerá la ruina.

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