Meryl Streep: la esencia de las palabras

El Globo de Oro honorífico que a sus 67 años acaba de recoger la inigualable Meryl Streep es, por el momento, el noveno en una trayectoria artística sencillamente única. Una carrera que, más que cinematográfica, es el CINE en sí misma. Una actriz que nos representa a todos por igual, ya seamos hombres, mujeres o pertenezcamos a cualquier minoría, raza o clase social.

Una líder indiscutible

La esencia de su cine ha sido siempre la honestidad y una coherencia que va más allá de los clichés que dominan el complejo universo de Hollywood. Llegados a este punto os preguntaréis, sin duda, qué hace un coach experto en liderazgo hablando de cine. La respuesta es evidente: el liderazgo es el conjunto de habilidades directivas con las que un individuo cuenta para influir en la forma de ser y actuar, bien de otras personas o bien de un grupo de trabajo determinado, consiguiendo que este equipo trabaje con entusiasmo para la consecución de sus metas y objetivos. Meryl Streep a lo largo de su carrera ha influido, de una forma u otra, en nuestras vidas. Y lo ha hecho siempre con la elegancia y la educación de quien no se siente dueña de ningún don especial. Con una naturalidad –entendida como falta de divismo- que la ha hecho grande. El discurso que en la madrugada del lunes improvisó Meryl Streep no fue un speech cualquiera. La inigualable protagonista de ‘Memorias de África’, entre lagrimas, consiguió penetrar en nuestros corazones con esa emoción tan particular con la que solo pueden alcanzarnos los más grandes… con las lagrimas de quién no representa, en este caso, ningún papel.

Meryl, nuestra Meryl. Todos podemos sentirnos con derecho a hacer nuestra a quien ha formado parte durante décadas de nuestras vidas en inolvidables películas –que le dieron tres Oscars- como ‘Kramer contra Kramer’, ‘La decisión de Sophie’ o ‘La dama de hierro’, en la que encarnaba de una manera sencillamente genial a la Margaret Thatcher. Una auténtica líder. Sus ideas, expresadas en su emocionante intervención, valen más que cualquier arenga llena de odio de las muchas que se han dirigido en las últimas semanas contra el futuro presidente de los Estados Unidos. Meryl nos ha representado a todos en su discurso: “Hollywood se hizo con extranjeros. ¿Qué es Hollywood, salvo un grupo de gente de todas partes?”.

Poderosos que humillan

Sin mencionarlo en ningún momento, aludió a Donald Trump y recordó aquel instante en que el bufón y futuro presidente ridiculizó a un periodista discapacitado. Streep recordó con valentía que “la falta de respeto incita a más faltas de respeto. La violencia, a más violencia. Alguien a quien (Trump) superaba en privilegio, poder y capacidad para defenderse. Eso me rompió el corazón. Todavía no puedo quitármelo de la cabeza porque no era una película; era la vida real”. Un instinto, el de humillar, que cuando está modelado por alguien desde una plataforma pública, y más si ese alguien es poderoso, se filtra dentro de la vida de todo el mundo, y puede dar patente de corso para que mucha otra gente pretenda hacer lo mismo.

El presidente electo reaccionaba de forma inmediata y, a su manera, negaba haber ridiculizado al periodista, además de acusar a la actriz de odiarle por ser seguidora de Hillary Clinton. Demasiado tarde. Meryl Streep con su intervención nos ha recordado la importancia que tiene dar ejemplo. Y lo grave que es otorgar el poder a quienes van a utilizarlo mal y de una forma egoísta. Incluido el poder de las palabras y el poder de los medios de comunicación, también mencionados en su discurso.

Contrapoder imprescindible

Tiene razón Meryl Streep al remarcar —con Donald Trump y Vladímir Putin como presidentes de las potencias más grandes del mundo- que necesitamos más que nunca una prensa libre, fuerte y llena de gente honesta que nos represente frente a los que, ostentando un poder casi omnímodo, pueden sentirse intocables. Y al defender la necesidad de que los actores apoyen a los medios en su imprescindible tarea de salvaguardar la verdad dijo: “Necesitamos que hagan que los poderosos respondan de sus actos. Y vamos (para ello) a necesitar a nuestros periodistas. No en vano, los fundadores de nuestro país, usaron la constitución para proteger a la prensa y sus libertades”.

Con ser toda su intervención una pieza magistral, el momento más conmovedor fue, sin duda, cuando Streep recordó el consejo que le dio su amiga recientemente fallecida, Carrie Fisher, a la que se refirió  simplemente como Leia: “Toma tu corazón roto y conviértelo en arte”. Que esa sea nuestra guía en un futuro —que ya es presente— cada vez más incierto.

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