PSOE: bajo el diluvio

PSOE: bajo el diluvio
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Bajo el diluvio que se ha desatado durante todo el fin de semana sobre la capital de España y con una ausencia casi total de manifestantes en la calle Ferraz —qué diferencia con los crispados ánimos del anterior Comité Federal del 1 de octubre— el último sanedrín socialista se ha cerrado con un resultado que, no por cantado, calmará los ánimos de esta formación. 139 de sus miembros —andaluces, extremeños y castellano-manchegos en buena parte— han votado a favor de abstenerse en segunda votación y facilitar así la mayoría necesaria para que el próximo día 29 o 30 de octubre, Mariano Rajoy sea investido como presidente, al fin, del Gobierno de España. Otros 96 —la diferencia como se ve no ha sido nada holgada— han reafirmado su anunciada posición de que la obligación de los diputados socialistas para con sus votantes era mantener el ‘No es No’ por el que Pedro Sánchez, guste o no, pasará con lugar propio y no menor a la historia de un partido histórico.

No está claro que, tras esta decisión del máximo órgano entre congresos de la centenaria formación, a Mariano Rajoy le sea dado gobernar cuatro años más, aunque cosas más raras se han visto en la política española a lo largo de los últimos dos siglos. En cualquier caso, el tiempo que resista su exigua mayoría parlamentaria será toda una tortura para el aún presidente en funciones. En eso no se equivocan los socialistas que ayer justificaron su posición de abstenerse; facilitar la investidura y, por tanto, el desbloqueo institucional no quiere decir nada más que eso. Gobernar… será otra cosa. Y el PSOE será oposición, claro que lo será. Lo veremos en el primer hito legislativo de envergadura; los Presupuestos Generales del Estado para 2017.

No acudieron a esta reunión los últimos secretarios Generales del partido; ni siquiera, a algunos les parecía casi obligada su ausencia, Pedro Sánchez, que ha dado señales de vida solo al final de la votación. Lo ha hecho con un ‘tweet’ que presagia su intención de seguir adelante en política activa, probablemente presentándose a las próximas primarias para ser el líder —eso pretende— que ponga voz al malestar de una gran mayoría de militantes de base.

Fractura total

La primera derivada de éste —tiempo habrá de ir analizando ulteriores y más alambicadas consecuencias— es bastante obvia; el Comité Federal de ayer nos deja un partido roto. Una fractura total en el seno de una organización en la que, un 60% está a favor de la abstención y el 40% restante sigue siendo partidario del ‘No es No’ a Mariano Rajoy. Sin embargo, este resultado no es en sí mismo un fenómeno extraordinario en la historia reciente del PSOE. Hubo otros en los que, al igual que hoy, se registró también una gravísima fractura.

Más allá de la solemnidad o el sentido común con el que las partes enfrentadas presentan el dilema —‘una mera decisión táctica’, dicen los partidarios de la abstención, ‘una cuestión de principios’, responden los del no a ultranza- lo ocurrido es un nuevo episodio de la eterna guerra entre militantes y dirigentes socialistas; entre las bases y el aparato. Ese fue el teatro del duelo entre Josep Borrell y Joaquín Almunia -55 contra 45‰-. Fue también el escenario de la lucha entre José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono en 2000 —41,6 contra 40,7% de apoyos—. La rivalidad entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, 51 contra 48,8%- se justificó, en fin, de la misma forma.

Enfrentamientos suicidas

La diferencia con los enfrentamientos anteriores y el que ha causado la situación actual, puede decirse, sin temor a equivocarse, que estriba en la guerra brutal entre personalidades diferentes que no han sabido dialogar. En el modo irresponsable con que se han exacerbado los ánimos de la militancia y en la cobardía con que se ha permitido que creciera y se contaminara a todos con un clima de tensión insoportable. Hemos visto un ejercicio de lucha de antiliderazgos más que de líderes fuertes y responsables.

En los peores momentos de la cruenta guerra desatada entre los ‘guerristas’ y los ‘renovadores’, cuando se preguntaba a los militantes si apoyaban a Felipe o a Guerra, la respuesta era ‘yo, de los dos’. ¡Mentira podrida claro! En este caso ha sido evidente que la guerra fratricida era total y a nadie le daba igual el ganador y pocos han mentido.

Socialistas antes que marxistas

El Congreso Extraordinario que se celebró en 1979, tras la dimisión de Felipe González unos meses antes, aprobó la decisión más traumática que ha adoptado este partido en toda su historia: la renuncia al marxismo y el abrazo a la socialdemocracia. Aquella ejecutiva federal obtuvo un apoyo del 86% de los delegados y abriría la etapa de mayores éxitos del PSOE y un momento de crecimiento histórico para España.

Los estatutos del PSOE exigen que su secretario general se elija mediante primarias. Cualquier candidato que se haga con la bandera de una militancia que hoy se siente, de un modo amplio, ninguneada, partirá desde una posición de ventaja en el próximo congreso. Pedro Sánchez lo sabe y ya lo ha anunciado con el citado tweet: “Pronto llegará el momento en que la militancia recupere y reconstruya su PSOE. Un PSOE autónomo, alejado del PP, donde la base decida. Fuerza”.

Hombre bueno; líder de consenso

La única alternativa, la que puede evitar una ruptura fatal para el partido, es que aparezca un candidato capaz de entender, proyectar y hacer suyos los problemas y anhelos de un centroizquierda que sigue siendo mayoría sociológica en España. Un candidato que sea realmente querido por todos y que, desde la experiencia y la capacidad de dialogo, pueda guiar un partido perdido y a la búsqueda de un relato creíble. En esta guerra de personalismos que ha devorado al PSOE, no ha habido todavía espacio para hablar de ideología y construir el partido del futuro. Lo que los socialistas necesitan ya mismo, como el aire, es construir ese partido que no se mire en el espejo radical de Podemos, ni se mantenga en las políticas austericidas del centroderecha. Y encontrar a un candidato que sea capaz de arrastrar tras de sí a los militantes, a todas sus bases y a los barones, a los que debe volver a unir entre ellos. Es la única opción que le queda al PSOE de regenerar lo antes posible un partido que lleva demasiados años perdiendo votos a chorros, convocatoria tras convocatoria electoral.

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