Ciudadanos no quiere desaparecer

Ciudadanos no quiere desaparecer
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Albert Rivera demuestra que ha entendido el mensaje que envían tanto las encuestas como el sentido común. Los españoles han votado a Ciudadanos para que sea un partido útil y su obstinación en el veto a Mariano Rajoy había convertido el voto a su partido en un voto inútil, que no servía para cambiar nada; y si los nuevos partidos no son útiles pierden su razón de ser. En el marco de la crisis económica mundial que empezó en 2008, España ha sufrido otra crisis más amplia, en la que a la terrible crisis económica -primero inmobiliaria y a continuación bancaria- le siguió otra de carácter social, institucional y política de la que aún hoy no hemos acabado de salir. A raíz de la manifestación del 15 de mayo de 2011 surgió el movimiento 15M y muchos españoles comenzaron a movilizarse en contra de un sistema bipartidista que no sólo no ponía fin al desempleo y a los desahucios, sino que encima suponía un problema en sí mismo por la cantidad cada vez mayor de casos de corrupción que les afectaban. La corrupción política resultaba insoportable combinada con una tasa de desempleo del 25%, con una brutal subida de impuestos y con unos recortes que no servían ni para reducir el déficit.

Así irrumpieron a nivel nacional dos nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, ambos apoyados en dos líderes carismáticos, que venían a regenerar la vida política española, a superar los problemas de la crisis y a poner fin a la corrupción. Podemos recibió un aluvión de jóvenes que nunca habían participado en política, de afectados por la crisis y de antisistemas. Todos ellos vieron con ilusión un partido político que parecía surgir directamente del 15M. Y a éstos se les sumó ese pequeño porcentaje de comunistas, estos sí muy implicados en política, que vieron que todos los líderes de Podemos provenían de la extrema izquierda y se habían confesado infinidad de veces comunistas y chavistas. Por su parte, Ciudadanos recibió fundamentalmente a antiguos votantes del PP, desencantados con su corrupción y su falta de actuaciones contra los secesionistas vascos y catalanes, a los que se les sumaron algunos exvotantes del PSOE y muchos jóvenes que votaban por primera vez.

Pero poco a poco todo ese movimiento ilusionante de regeneración se está viniendo abajo. El aluvión de antisistemas que recibió Podemos ven cómo su partido ha adquirido ya todo lo peor de la vieja política, como se han convertido en una nueva casta, cada día salpicados por nuevos escándalos que afectan ya a casi todos sus líderes. Monedero y su fraude a Hacienda y a la Complutense, Errejón y su fraude a la Universidad de Málaga. Echenique y su fraude a la Seguridad Social y a su asistente. Iglesias y su fusta para azotar periodistas. Casos de impresentable machismo en sus círculos; novias, exnovias, amantes, examantes, maridos, sobrinos, primos colocados y recolocados. Tienen ya lo peor de la casta y encima no han servido para solucionar ninguno de los problemas que venían a enfrentar. Y a sus votantes comunistas los están echando con esa piel de cordero de socialdemócratas europeos, con la que pretendían engañar a ingenuos votantes de centro. Los votantes de Ciudadanos, por su parte, buscaban en Rivera el voto útil que sirviera para regenerar el centro político y con el paso del tiempo empezaban a pensar que su voto de útil no había tenido nada. No se entendía que el mismo Albert Rivera, que sí fue capaz de llegar a acuerdos de Gobierno con el PSOE de los EREs, no fuera capaz de hacer lo mismo con el PP de Bárcenas.

Las encuestas, y el sentido común apuntan a que, en unas terceras elecciones, tanto el PP como el PSOE se verían reforzados en detrimento de los nuevos partidos. Porque la crisis económica se está superando sin la intervención de los nuevos, porque si no son capaces de pactar dejan de parecer útiles si no regeneran nada y porque cada vez se parecen más a los viejos partidos. En Podemos se dieron cuenta antes y tratan de evitar enfrentarse de nuevo a las urnas, ofreciendo a Pedro Sánchez su apoyo a cambio de nada; pero los números no salen sin contar con los secesionistas y ese paso no lo dará el PSOE, sobre todo porque les salen mejor las cuentas si nos llevan a votar de nuevo. En Ciudadanos, por fin, parecen también haberse dado cuenta de que a ellos les va la supervivencia en demostrarse útiles. Temían darle el sí a Rajoy sin tener antes asegurada la abstención del PSOE, pero tenían que elegir entre susto o muerte, y parecen haber sido listos y han preferido no desaparecer.

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