‘Súpergarcía’

‘Súpergarcía’
  • Diego Vigil

La semana pasada, TVE dedicó dos episodios de su programa “Conexión vintage” de Teledeporte a homenajear la figura de José María García. Un servidor pertenece a una generación que se crió escuchando Supergarcía en sus años de máxima tensión con El Larguero de José Ramón de la Morena. Tiempos divertidos en los que ambos programas eran la punta de lanza de una lucha entre poderosos grupos comunicación –cuando todavía no existía el duopolio televisivo–. Tiempos en los que la radio deportiva era bastante mejor que ahora, en los que la facturación publicitaria era mucho más alta y el ciclismo se retransmitía con unidades móviles dentro de los coches de los directores deportivos y con un helicóptero propio desde el aire. Tiempos en los que, en fin, la comunicación era negocio y se podía pagar bien y cultivar la independencia de los comunicadores respecto a los políticos, al calor de los patrocinadores.

Es evidente que García ha sido y es un personaje controvertido. Su singular e irrepetible forma de comunicar llevaba al uso excesivo de adjetivos contra los personajes públicos, hasta el punto de que la doctrina del Tribunal Constitucional sobre los límites del insulto en la opinión recayó en casos en los que el demandado era García.

Pero más allá de los posibles defectos que se le quieran ver, de si tenía o no razón y de si su caída fue justa o injusta –asunto del que se escribirá más en el futuro, una vez pase el principal causante de su caída hasta donde sabemos–, creo que García nos deja un ejemplo de arrojo, de entrega apasionada a una profesión y fidelidad a los valores de la libertad, la pluralidad y la independencia en los que siempre creyó.

Y es que muchas veces se hace un planteamiento de las profesiones meramente instrumental, como actividad en la que alguien se gana la vida, siendo la vocación aquello en que se la gasta. Cuando en una persona coinciden vocación y profesión, pasan cosas extraordinarias como las que hizo García, quien en un momento del programa –en una entrevista con Jesús Hermida que se reproduce– admite que está por pasión, por fidelidad al propio carisma, y no por dinero, pues quien buscase el dinero se habría retirado mucho antes.

Los tiempos actuales son mucho más complicados que los que vivió García. Su generación heredó un país por hacer en el que se contrataban periodistas sin carrera porque no había otra cosa, y los medios de comunicación, dados los límites tecnológicos, eran menos. Hoy tenemos un mercado saturado, una competición feroz, unos medios que no son negocio, unas condiciones en las que, incluso a un Supergarcía, les costaría destacar pese a su originalidad.

Pese a todos los defectos que se le pongan, debemos recordarle por su atrevimiento, su amor a la verdad, su lucha por la libertad y la independencia –que fue la que le obligó a cambiar cuatro veces de cadena de radio, y la que al final acabó con su carrera–, su apuesta por la investigación y la información rigurosa frente a tanto programita de debates espectáculo. Me gustó mucho que en la entrevista para este programa de Teledeporte dejase a salvo de sus críticas a la prensa digital, pues es evidente que medios como OKDIARIO siguen desarrollando un periodismo de investigación que, en general, falta.

En fin, un personaje que bien merecía esos dos programas de RTVE y este artículo. Para quienes quieran saber más, les recomiendo la lectura –ideal como lectura estival– del libro de Vicente Ferrer Molina, ‘Buenas noches y saludos cordiales. José María García. Historia de un periodista irrepetible’ (Ed. Roca, 2016).

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