Sí pero no, con vientos tormentosos…

Sí pero no, con vientos tormentosos…

Uno de los riesgos más amenazantes para la economía mundial, está en trance de materializarse: Estados Unidos impone nuevas subidas de aranceles del 10% al 25% sobre determinadas importaciones chinas, con un coste de 200.000 millones de dólares. El conflicto comercial entre ambas potencias se agrava y el comercio mundial, con una Europa muy sensible, entra en zona sinuosa. Alemania solo crecerá al 0,5% este año, la Zona Euro un pírrico 1,2%, mientras España al 2,1%. Italia, por su parte, lo hará al 0,1% – o sea, nada – y Francia al 1,3%. Según la Comisión Europea, el rumbo de la Unión Europea marcará un crecimiento bajo del 1,4% en 2019 y algo mejor en 2020, 1,6%, para los 28 Estados miembros.

El enfriamiento de la economía mundial, atendiendo a las previsiones de Bruselas, se plasma en 2019 en un aumento del 3,2%, con China amainando al 6,2%, Japón en línea con el 0,8% que manejan distintos organismos y Estados Unidos que aflojaría en 2019 al 2,4% y en 2020 al 1,9%. Hasta aquí, más o menos, estamos dentro del guión esperado aunque la desaceleración germana es de grueso calibre por sus consecuencias para el resto de Europa.

Vayamos a lo que es nuestro. Bruselas no traga con lo del déficit público español y lo fija en el 2,3% para 2019, es decir, 29.000 millones de euros. Este año, según Bruselas, cerraremos con una deuda pública de 1.209.000 millones de euros, el 96,3% del PIB. Déficit y deuda constituyen dos puntos vulnerables para la economía española. La Comisión Europea exige, en consecuencia, ajustes fiscales. Tocará, en sintonía con lo dicho por el gobernador del Banco de España, revisar la composición de los gastos e ingresos públicos en pos de aumentar la eficiencia del gasto público con la vista puesta en capital físico, tecnológico y humano. Y el margen para redefinir impuestos puede estar en el “ojo de halcón tributario”, es decir, en podar ventajas fiscales en forma de deducciones y exenciones para los contribuyentes.

En lo que respecta a la creación de empleo, Bruselas baja el ímpetu del gobierno al 2% en 2019 y al 1,7% en 2020. O sea, que no se creará tanto empleo como se ha dicho, aunque Bruselas parece optimista en que disminuya el paro este año al 13,5% y en 2020 al 12,2%. Lo malo es que se dará un incremento de costes laborales unitarios por la subida del salario mínimo y el moderado crecimiento de nuestra productividad.

España tiene que actuar hoy sobre las tendencias del mañana. Nuestra economía se enfrenta a varios dilemas. Uno de ellos es el de comprobar si España está vacunada ante el gradual proceso de desaceleración económica que invade a Europa. Otro, en qué medida se sentirá el impacto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Y una cuestión primordial es si nuestra economía sería capaz, sin la munición financiera que el Banco Central Europeo suministra, de tirar adelante porque, recordemos, su política monetaria benefactora hace factible la mitad de nuestro crecimiento económico a lo largo de estos últimos años.

Más allá de estas consideraciones, España debe encarar el desafío de la formación y el de la digitalización, pero, al mismo tiempo, la necesidad de  invertir en conocimiento. En pocos años, las cosas han cambiado brutalmente. Del viejo móvil hemos pasado al arrollador smartphone. La innovación es imparable y la revolución tecnológica impone su ley. Si la economía española no se sube ahora al carro de las nuevas tecnologías, acabaremos colonizados y dependientes

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