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SENTENCIA 'CASO NÓOS'

Cristina de Borbón, la doble condena de una infanta desterrada

Infanta Cristina
La infanta Cristina de Borbón saliendo de CaixaForum Barcelona / Gtres
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El 16 de diciembre de 2011 un operario del Museo de Cera de Madrid subía a su carrito una figura de casi dos metros de alto. Era Iñaki Urdangarin, que por decisión del comité del museo, dejaba de ocupar un lugar privilegiado junto a los reyes Don Juan Carlos y doña Sofía en la sala presidencial para situarse junto a otros deportistas en un lugar más escondido. El operario despojaba al maniquí de su chaqué y le vestía con un jersey de sport.

Nunca un cambio de ubicación en el Museo de Cera de la capital había sido tan revelador. Solo cuatro días antes, Casa Real había decidido apartar al duque de Palma de la institución por su “comportamiento poco ejemplar” y ahora era la característica galería de la plaza Colón la que le escondía en sus instalaciones. Era una metáfora de su propia vida. Iñaki nunca más sería el yerno perfecto. Nunca más contaría con la aprobación del rey. El dedo acusador de la sociedad ya le apuntaba con firmeza y nunca más soltaría el lastre de convertirse en el primer miembro de la Familia Real en sentarse en un banquillo. La debacle solo acababa de empezar y aún estaba muy lejos el 17 de febrero de 2017, la fecha en que la justicia ha condenado a Iñaki a seis años de cárcel y a Cristina a una multa de 265.000 euros.

Cristina de Borbón, la doble condena de una infanta desterrada
Doña Elena y la Infanta Cristina en imagen de archivo (Gtres)

El inicio del deterioro de la imagen del matrimonio Urdangarin Borbón se fecha en el mes de julio de 2010, cuando el juez José Castro abre una pieza separada del caso Palma Arena que pone al Instituto Nóos, presidido por Iñaki, en el punto de mira. Sin ellos saberlo, el exilio de los duques de Palma ya había empezado un poco antes, cuando trasladaron su residencia a Washington. Entonces nada hacía sospechar que ya no podrían volver a España, o al menos no llevando esa ‘vie en rose’ que habían tenido hasta la fecha.

Las decisiones del juez Castro iban a ir marcando paulatinamente su futuro como familia. Con Urdangarin ya imputado por hasta cinco delitos y con su imagen tan dañada como su moral, comienza un cortafuegos por parte de Casa Real que deja totalmente aislados a Doña Cristina y su marido. Ella tuvo en su mano desmarcarse de todo rompiendo su matrimonio -a petición del propio monarca-, pero decidió seguir a su lado y asumió que ser la señora de Urdangarin primaba sobre su otra vida como Borbón.

Así las cosas, el 25 de febrero de 2012 comenzaba un escarnio público que quedó oficialmente inaugurado con el conocido como ‘paseillo’ de los Juzgados de Palma. Aquella rampa, tantas veces retransmitida por las televisiones, se convirtió en el peor escenario que una persona como Urdangarin podía pisar. Y fue aún más duro para su mujer, que lo haría en febrero de 2014 con una sonrisa desafiante que a los españoles les perforó la retina.

Cristina de Borbón, la doble condena de una infanta desterrada
Iñaki Urdangarín llegando a los Juzgados de Palma (Gtres)

CRISTINA SE QUEDA SOLA 

Las fechorías del duque de Palma habían llevado a una infanta de España hasta el banquillo, le habían obligado a abandonar su país y sobre todo le había forzado a romper las relaciones con su familia. Cristina, la hermana mediana de los reyes, que había proclamado su independencia siendo muy joven y había pedido ganarse la vida al margen de su posición, acababa de ser arrastrada por su marido al fango y, lo que es peor aún, a la soledad.

Con el paso de los meses, que corrían tan deprisa como días por la simultaneidad de acontecimientos, Cristina se convirtió en una infanta solo apta para acudir a eventos privados muy selectos. Además, en todas sus apariciones había una premisa clara: no podía ser fotografiada con el príncipe Felipe, futuro rey de España y la figura en la que debían recaer los nuevos valores que la Corona había perdido por culpa del yerno real.

La primera en marcar ese distanciamiento fue la propia Letizia en una foto grupal que se hicieron a las puertas de un teatro de Madrid en las navidades de 2012. Doña Sofía, doña Cristina y doña Elena posan con todos los nietos del Rey Juan Carlos en una imagen de la que Letizia decide distanciarse situándose a unos centímetros del grupo. Era su particular cortafuegos y, de hecho, ella no volvería ser fotografiada con su cuñada Cristina hasta el homenaje al rey Pablo I celebrado en marzo de 2014 en Grecia. A ese acto también acudió Don Felipe, pero los dos hermanos solo compartieron escenario. Poco más.

Cristina de Borbón, la doble condena de una infanta desterrada
La Reina Letizia en una imagen familiar en la que muestra su ‘desapego’ (Gtres)

Ese homenaje, el de su padre Don Juan celebrado en 2013 y el funeral del infante Don Carlos de Borbón Dos Sicilias en 2015 son los ritos fúnebres que han obligado a Cristina a reunirse con su hermano y formar parte de la foto. De puertas para fuera, Felipe no quiere vincularse con su hermana y su cuñado. No se les ve juntos visitando a Don Juan Carlos en sus innumerables ingresos hospitalarios, tampoco en Marivent, ni en los cumpleaños de los niños, y mucho menos en la comunión de doña Leonor.

La mayor evidencia de ese enfrentamiento entre los hermanos, que un día fueron también cómplices y amigos, es el particular ‘regalo’ que Felipe le hizo a Cristina por su cincuenta cumpleaños, en el que era para él su primer aniversario como rey de España. Ese 12 de junio de 2015 el soberano retira a su hermana el título de duquesa de Palma y deja sobre su conciencia (solo ella puede decidir al respecto) el renunciar a sus derechos dinásticos que le corresponden como hija de rey.

Es el primer golpe en la mesa de un Felipe que no le perdona a su hermana el enorme daño que ella y su marido han hecho a la institución. Tampoco lo ha hecho Letizia, a quien su nueva condición de Reina le ha otorgado la seguridad de la que un día su familia política le hizo dudar, debido a la inestable situación en la que Urdangarin había dejado a la Corona.

Cristina de Borbón, la doble condena de una infanta desterrada
La infanta Cristina, Doña Elena y la reina Letizia en imagen de archivo (Gtres)

En medio de esta encrucijada, como siempre, la reina Sofía, la única que siempre dejó su cargo institucional a un lado para ejercer de madre y abuela. Perfectamente organizada estuvo la puesta en escena de Doña Sofía en Washington en 2012, cuando el caso Nóos acababa de estallar, y también sus muchas visitas a Ginebra para celebrar los cumpleaños de sus nietos. Ella es el mejor apoyo de Cristina, junto a doña Elena, quien ha sabido manejar como nadie su difícil papel de hermana mayor e hija favorita del rey emérito.

Ambos apoyos se convierten a partir de ahora en claves para una infanta que próximamente verá a su marido entre rejas. Ni en la peor de sus pesadillas habría imaginado nada igual. Ni siquiera cuando un operario del Museo de Cera apartaba a su marido de su familia. La estampa no pudo ser más reveladora para todos, pero ella no quiso verlo.

 

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