Investigación

Victimismo y apagón informativo en los Mossos tras la masacre de la Rambla

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El mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero. (Foto: EFE)
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Los Mossos, tras los atentados en Barcelona y Cambrils, se esforzaron por cerrar el operativo antiyihadista, sorprendentemente, en un tiempo récord. A los pocos días de la matanza la Generalitat ya daban por concluida oficialmente la desarticulación de la célula del imán de Ripoll, que había fallecido en la explosión del chalé de Alcanar, en Tarragona. Todo hacía indicar, según fuentes policiales consultadas por OKDIARIO, que la policía autonómica tenía prisa por cerrar el expediente, como si dispusieran de datos reservados que se negaban a compartir con la Policía y la Guardia Civil.

Pero, a partir de aquel momento, tras varias y estrambóticas comparecencias del consejero de Interior, Joaquin Forn, se produjo un apagón informativo tanto desde la Generalitat como desde los Mossos. El proceso secesionista relegó a un segundo plano al atentado yihadista más sangriento perpetrado en España tras el 11-M en Madrid.  El Gobierno catalán y su Cuerpo policial pasó del victimismo de los primeros días al silencio más absoluto. Y presentaron la operación de los Mossos como un gran éxito antiterrorista, exponiendo internacionalmente a la policía autonómica como la gran Fuerza de Seguridad de la futura República catalana.

Una policía para la ‘república catalana’

El entonces Mayor de los Mossos, Josep Lluis Trapero, llegó aún más lejos exigiendo un papel aún más autónomo para su Policía. Todo respondía al plan secesionista y, de manera deleznable, se servían del atentado para exprimir el victimismo y reivindicar una Policía independentista, como luego se pudo constatar en los días previos y durante la jornada del referéndum ilegal del 1-O.

Tras los atentados de Barcelona y Cambrils, Trapero sacó pecho y calentó el ambiente denunciando al Gobierno central por su política cicatera a la hora de compartir la información antiterrorista con Cataluña. El jefe de los Mossos se aferraba una vez más a la mentira: “Gran parte de la información que afecta a Cataluña no pasa de Madrid hacia aquí y no fluye”, afirmaba sin ruborizarse.

El Mayor de los Mossos, como en otras muchísimas cuestiones relativas a Cataluña, mentía con vileza. La policía catalana dispone de todos los medios y de los equipos técnicos, incluso, más avanzados que los del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) y la Guardia Civil. Además, a través de su enlace en las instalaciones del CNP, ubicado en el macrocomplejo de Canillas, tiene acceso a una información completa y sin sin filtro para sus investigaciones. Y tal cual sucede cuando ejerce de policía judicial en los sumarios antiterroristas de la Audiencia Nacional.

El entonces jefe de los Mossos llegaba aún más lejos y criticaba al comisario José Luis Olivera, el jefe del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), según él, porque desde Madrid boicoteaba a los Mossos negándoles el acceso a las bases de datos. Una nueva mentira ya que los Mossos reciben desde hace años información directa del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), como se ha podido verificar en operaciones como la Caronte. En esa investigación, lograron con la ayuda de los servicios secretos echar de Cataluña a los agentes de la Comisaría General de Información, a quienes también estuvieron a punto de sentar en el banquillo, como desveló OKDIARIO.

Pero Trapero ocultaba también que la Generalitat había recibido información privilegiada directamente de Estados Unidos, unos meses antes del atentado, avisándoles de que el Daesh planeaba una acción terrorista en Barcelona en el mes de agosto. En la nota ya se mencionaban las Ramblas.

Así mismo, el ex jefe de los Mossos silenciaba que el CNI le había proporcionado confidentes, infiltrados y colaboradores para combatir a las células yihadistas en Cataluña.

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