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Puigdemont ya se ha hecho ‘un Casanova’, que huyó de Barcelona en 1714 vestido de fraile

rafael casanova
Una estelada decora el monumento a Rafael Casanova en Barcelona.
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Es una gran incógnita si Carles Puigdemont decidirá hacerse un Roldán, pero de lo que los catalanes si están seguros es que el ex presidente se ha hecho un Casanova. Como ya hiciera en 1714, Rafael Casanova, el considerado padre de la patria catalana, se fugó de Barcelona dejando postrados ante el abismo a sus conciudadanos que habían confiado en sus promesas.

Puigdemont huyó, con nocturnidad y alevosía a Bruselas, sólo en función de sus intereses personales, mientras Casanova abandonó la ciudadela de la Ciudad Condal al final del asedio de las tropas francesas dejando un reguero de sangre y muerte. Había pedido a los catalanes “resistir hasta la muerte” y el primero en saltar la muralla y salvar el pellejo fue él. Ése fue el insigne héroe ahora tan recordado por los independentistas en sus manifestaciones, sobre todo en las diadas.

Desde 1988, el año de la Exposición Universal de Barcelona, los nacionalistas comenzaron a conmemorar 1714 y a homenajear a Casanova al pie de su estatua en el Arco del Triunfo. Doce años después, incluso, escogieron el 11 de septiembre de 1714 como su día nacional. Desde 1976 ese mismo día se celebra la diada, paradójicamente, en conmemoración de una derrota y de un fracaso histórico.

En el sitio de Barcelona por las tropas aliadas de los borbones frente a los austriacistas del Archiduque Carlos, en la conocida como Guerra de Sucesión, Casanova condujo al desastre a decenas de miles de muertos, a quienes convenció de persistir en su resistencia a pesar de que tanto Inglaterra como Austria ya habían acordado un armisticio con España y Francia.

El héroe de la patria catalana —aunque nunca hubo un levantamiento del pueblo contra España— quedó malherido en la fase final de la contienda pero logró huir y esconderse en una finca de Cataluña. Allí pudo vivir hasta llegar a la vejez, al tiempo que llenaba de tumbas el territorio catalán.

Tal era su fanatismo que el líder ordenó la decapitación del comandante de Montjuic al creer que iba a entregar la ciudad a las tropas borbónicas. Pero ésa no fue la única y última ejecución ordenada por tan valiente personaje. El mariscal francés Berwick, en sus memorias responsabiliza, a Casanova de la matanza y no le perdona su gesto cobarde de huir aún cojeando.

El loco de Casanova obligó a la resistencia a una ciudad defendida por 16.000 soldados frente a un ejército hispanofrancés formado por 35.000 infantes y 5.000 jinetes. Berwick ofreció en varias ocasiones una rendición sin consecuencias para la población y sus defensores pero Casanova se negó.

Lo más humillante fue que, en el ataque final de los asediadores, Casanova cogió el estandarte de Santa Eulalia y jaleó a sus huestes a la victoria. Después, herido por una bala en el muslo, quemó los archivos de su cuartel general y, haciéndose pasar por muerto, huyó de la ciudad disfrazado de fraile.

Luego, se escondió en una finca de su hijo en Sant Boi de Llobregat. En 1719, fue amnistiado y siguió trabajando como abogado. En 1743 falleció, 32 años después de la rendición de Barcelona. Casanova había conseguido de manera estéril la muerte de 6.000 barceloneses y de 10.000 sitiadores.

Puigdemont también huyó de la Ciudad Condal y de España, dejando atrás a miles de catalanes que se creyeron el cuento de la ‘república catalana’. Por eso se puede asegurar que el ex presidente ha hecho un Casanova.

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