30 años después del fin de los GAL

José Amedo: “Cuando declaré por García Goena el juez no me dejó tirar para arriba”

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Para el Gobierno socialista en julio de 1987 los GAL ya habían sido finiquitados tras un pacto entre Madrid y París. La muerte de García Goena sorprendió al mismo Gobierno socialista y al propio Amedo porque los GAL habían dejado de actuar desde febrero de 1986, tras el asesinato de los ciudadanos franceses Christophe Matxikote y Catherine Brion, en otro error de los comandos de la muerte.

Aunque el GAL reivindicó el atentado públicamente, el asesinato del joven vasco era una acción ajena a la estructura de la guerra sucia del felipismo. El Gobierno español y la Policía se esforzaron entonces en quitar credibilidad a tal reivindicación, sobre todo porque González había arrancado a Chirac una política de expulsiones de etarras a cambio de la violencia antiterrorista en suelo francés.

P.- ¿Cree usted que la investigación sobre el último atentado de los GAL va en una buena línea?

R.- Yo declaré cuando se reabrió en el 2011 ante el juez Ruz y tuve varias enganchadas con él porque quería aportar información hacia arriba, hacia los responsables políticos y constantemente me cortaba y me decía que me limitase a contestar a las preguntas que él me hiciese. No quería que subiese hacia arriba.

P.- Ese atentado se cometió un año después de que el GAL finalizara…

R.- Finalizara oficialmente.

P.- ¿Oficialmente?.. Al parecer no hubo una decisión política. ¿Quiénes cree usted que están detrás de este crimen?

R.- Siempre he dicho, y pude contrastar con la gente que trabajaba en el sur de Francia, que hay dos tesis: una que pudo ser alguien que trabajaba para el servicio de información de Francia de cuando actuaba el GAL y quiso apuntarse un mérito particular y cobrar. Pero eso casi lo descarto. Y luego, en el servicio de información de los propios dirigentes políticos de los GAL, alguna rencilla, que alguien quiso aprovechar para perjudicar la lucha antiterrorista y a quien la estaba dirigiendo entonces.

P.- Usted y su compañero Michel Domínguez fueron absueltos por el tema García Goena. ¿Por qué se sentaron en el banquillo?

R.- Partió de una serie de manipulaciones que se hicieron. Una persona allegada a mí, que decían que era mi amante, en absoluto porque estaba soltero, y la conocía desde muy joven. Esa mujer se puso de acuerdo con Txema Montero, cuando era miembro de Herri Batasuna, y habló. Montero le dijo que si no colaboraba a ETA no le iba a gustar. Lo sé porque Montero tenía un micrófono colocado en su despacho por el CNI.

P.- ¿Quién podría beneficiarse de ese atentado?

R.- Beneficiarse no sé, pero sí crear dificultades a algún otro oponente político. Julián Sancristóbal se hace con Marconi después de salir del Gobierno, como una especie de compensación para que no dijera nada de lo pasado con los GAL. Eso molestó a algunos.

P.- ¿Cree usted que la nueva línea de investigación en el caso García Goena puede conducir a algo claro?

R.- Estoy convencido por mi experiencia personal de que no. Cuando declaré en el sumario por última vez, tratando de aportar datos hacia arriba, el juez no me dejaba salirme de una línea. Tenía mi libro encima de la mesa y me decía: “Limítese a contestar exclusivamente a mis preguntas. Cuando tiraba para arriba me cortaba. Yo le decía: ¿No quiere usted que le aporte información? Y nada. ¿Qué conclusión debo de sacar? Le dije a la viuda Laura Martín que no había nada que hacer.

P.- ¿Usted como experto en información cree realmente que por ahí, por la pista del fotógrafo que pudo proporcionar la foto de Goena al comando, se puede llegar a concluir algo?

R.- Estoy convencido de que la comisión rogatoria que está en Francia, que lleva meses, para localizar a dos fotógrafos que trabajaban con el dueño de la tienda de fotografía de donde pudo salir la foto, no va a prosperar. Me han dicho que eso se va a diluir. Nadie quiere sacar adelante ningún tema relacionado con los GAL. El Estado español se ensució.

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