América Latina

ENTREVISTA | EX PRESIDENTE DEL SENADO Y ASPIRANTE A LA NOMINACIÓN PRESIDENCIAL EN COLOMBIA

Luis Alfredo Ramos: “Iglesias calla ante Maduro por miedo, yo no quiero que Colombia se venezolanice”

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Dicen los que saben leer entre líneas que Luis Alfredo Ramos huele a presidente. Su figura prestigiosa entre todo el abanico de sectores del centro derecha colombiano lo colocan en una posición privilegiada para ser el aspirante que logre la nominación presidencial de esa coalición que están impulsando el ex presidente conservador Andrés Pastrana y su sucesor en la Casa de Nariño, el líder del Centro Democrático (CD), Álvaro Uribe.

Todas las encuestas dan como ganador a quien se presente bajo ese paraguas y nadie discutiría que este experimentado abogado y político colombiano —que presidió el Senado y fue alcalde del Medellín de los años más duros— sería capaz de aglutinar todas las sensibilidades de quienes se unieron al amparo del NO a los acuerdos del actual presidente con los narcoterroristas de las FARC.

Ramos ha sido perseguido políticamente por el Gobierno actual, incluso ha pagado con privación de libertad ante acusaciones que se demostraron falsas y testigos que se evidenciaron comprados. Y aún le falta la última resolución de la Corte Suprema para poder, no sólo señalar lo que Juan Manuel Santos hace mal, sino presentarse y ganar las elecciones presidenciales de 2018 para sacar adelante el país.

Pregunta.– Si usted fuera presidente de Colombia en 2019, dígame tres objetivos en los que se pondría trabajar desde el primer momento.

Respuesta.– Cualquiera que fuera presidente de Colombia tendría que centrarse, en primer lugar, en organizar la economía, en la que se ha creado un caos a raíz de todo el manejo que ha hecho el presidente Santos en estos últimos años. Se perdió la confianza inversionista y los indicadores muestran que se ha deteriorado la estructura económica. Y la crisis es cada día más profunda. En segundo lugar, hay que hacer inmensos esfuerzos para atender sectores sociales muy abandonados por el actual Gobierno, que se han manifestado recientemente en protestas que han convulsionado el país, como en las regiones de Tumaco, Buenaventura, Chocó y otros más. Y, desde luego, habrá que hablar siempre del tema de la paz de nuestro país y de la transparencia en la Administración pública. 

P.– Exactamente, ¿adónde tiene que ir los acuerdos con las FARC?

R.– Pues yo diría que fundamentalmente a que las FARC dejen las armas, se desmovilicen verdaderamente. Que las FARC no vuelvan a secuestrar, ni a extorsionar, ni a tener vínculos con el narcotráfico. Porque las 188.000 hectáreas que tiene Colombia hoy de cultivos ilícitos son un problema que seguirá trayendo violencia para el país. En Colombia no habrá paz mientras tengamos esa cantidad de cultivos ilícitos.

P.– ¿Y cómo se pueden reducir esas hectáreas? Porque el que cultiva coca es porque le sale más a cuenta que plantar café…

R.– Pero esto viene de los acuerdos que ha suscrito el Gobierno con las FARC. La fumigación ha sido suspendida desde hace mucho tiempo, y sólo opera una pequeñísima, ínfima, erradicación manual. Por lo tanto, en Colombia seguirán creciendo indefinidamente esos cultivos ilícitos al paso que vamos y con la política del actual Gobierno. Ha aumentado el consumo de la cocaína en EEUU, que es adonde llega gran parte de la que se produce en Colombia. Pero también ha crecido su consumo en nuestras grandes ciudades, y en las medianas… Ésta es una problemática terrible para un país como el nuestro.

P.– ¿Y el ELN? Parece que el próximo Gobierno heredará una negociación sin cerrar, y parece que este grupo terrorista quiere aprovechar las ventajas del acuerdo con las FARC…

R.– Eso es obvio. Pero no solamente quiere las gabelas que el Gobierno le  ha dado a las FARC, sino que van a querer conseguir algo más. Hay que esperar a ver cómo se adelantan esos diálogos. Pero también sabemos que el ELN no tiene mucho afán, y que está esperando un nuevo Gobierno en Colombia. Porque en 10 meses hay elecciones presidenciales. Y en ocho meses, al Congreso. Esto complica todo el escenario político, y el de esos diálogos.

P.– ¿Es posible una Colombia a la vez pacificada y unificada? Porque parece que la polarización política puede más que el deseo de paz…

R.– Bueno, lo que ocurre es que hay oposición. Y encabezada por el Centro Democrático (CD) y el presidente Uribe. Esto no se había dado en Colombia en Gobiernos anteriores. Por eso lo quieren hacer aparecer como una gran polarización. No. Se está dando una oposición como las de las democracias modernas.

P.– Y ante esa oposición, ¿el Gobierno del presidente Santos está respondiendo con agresividad?

R.– El Gobierno responde con agresividad ante su incompetencia para manejar los distintos temas. En Colombia, más que Gobierno, lo que hay es una total desadministración. Hay una pérdida de institucionalidad. En Colombia, más del 85% no cree en la Justicia, cerca del 88% no cree en el Gobierno y casi el 80% no cree en el Congreso. Cuando has perdido la institucionalidad, obviamente has perdido el rumbo para convertirte en un país en el que el progreso y la democracia coincidan para salir adelante.

P.– ¿A qué atribuye usted que un presidente premio Nobel que está logrando la desmovilización de un gran grupo narcoterrorista tenga tan poca aceptación del pueblo?

R.– Para desgracia del Gobierno, el 80% de los colombianos no cree en el acuerdo suscrito por el presidente Santos y las FARC, precisamente porque entregó demasiadas cosas. Y el común de los ciudadanos no está de acuerdo en la forma en que se ha llevado adelante ese proceso.

P.– ¿Cómo puede el próximo presidente evitar ese escenario?

R.– En Colombia, el NO ganó el plebiscito cuando se consultó al pueblo colombiano sobre los acuerdos con las FARC. Y, por supuesto, los acuerdos están deslegitimados. Y no tienen el consenso de una gran mayoría que se le puede exigir a una solución de tanta trascendencia para una nación. Cuando eso pasa, son las dudas, el escepticismo y la inquietud lo que reina. Y, por supuesto, eso es lo que está viviendo el Gobierno del presidente Santos actualmente. Y mucho mas que él, los colombianos.

P.– Usted suena como el aspirante favorito a encabezar la candidatura de la coalición del presidente Uribe, el presidente Pastrana y otros movimientos… ¿En qué se basa esa coalición?

R.– Bueno, viene para delante esa coalición de distintos dirigentes que apoyaron el NO: grupos cristianos, grupos liberales, independientes… Yo espero que se consolide en los próximos meses. Y ya veremos cómo se decide la fórmula para escoger al candidato. Yo entonces estudiaría y pensaría en los próximos meses cómo participar en ese debate.

P.– La convergencia de esta coalición, ¿usted cree que va a ser más en el programa social, en el económico o en un ideal político?

R.– Yo creo que desde el punto de vista político para hacer un cambio de rumbo del país. La opinión pública sabe muy bien, y no se siente bien gobernada. 

P.– ¿Tan grave es la situación en Colombia que hace falta una suerte de Mesa de Unidad Democrática, una oposición a la venezolana?

R.– Se necesitan varios movimientos. Un solo partido no es capaz de obtener la mayoría suficiente para gobernar el país. Así como el presidente Santos tuvo su coalición, llamada de la Unidad Nacional, ahora se viene una liderada por el CD, el conservatismo del presidente Pastrana, sectores liberales, sectores cristianos y otros más.

P.– ¿Teme usted una venezolanización de su país?

R.– Yo creo que Colombia, si sigue con las políticas de un Gobierno como el actual podría llegar a vivir situaciones como las de Venezuela. Un proceso total de descomposición de la institucionalidad, una pérdida de credibilidad del Gobierno, un manejo económico como el de hoy llevan al país a situaciones mucho más críticas en el futuro. Las cosas van a cambiar. Yo tengo la certeza de que si se da esta coalición, que será mayoritaria como todo indica, Colombia saldrá adelante y evitará esa venezolanización.

P.– Pero esta venezolanización, ¿no ha empezado ya? Usted ha sufrido persecución judicial, y no es el único…

R.– Ha habido personas de la política interesadas en hacer daño a distintos dirigentes en Colombia, entre ellos a mí. No cabe la menor duda.

P.– ¿Y esto puede seguir pasando en los próximos meses?

R.– Lo que aspiramos es exactamente a que ninguna persona se vea privada de la libertad por razones políticas. A que en Colombia se respete la Constitución y la ley. Aspiramos a que ningún colombiano sufra persecución por su condición, por su credo político. Espero que a ninguna persona en Colombia le suceda lo que a mí me sucedió.

P:– También algunas empresas han sufrido esta inseguridad jurídica. Sin ir más lejos, está el caso de Electricaribe, filial de la española Gas Natural-Fenosa.

R.– Sin duda ninguna. La inseguridad jurídica es parte también de los problemas que vive el país. Y no sólo de los inversionistas extranjeros, sino también de muchos inversionistas colombianos que hoy llevan sus capitales a otros países por la inestabilidad que hay en la parte jurídica. Y también en la seguridad personal de quienes hacen inversiones en Colombia.

P.– Recientemente, hemos visto un asalto a la Asamblea Nacional en Venezuela. Es un país vecino, fronterizo. ¿De qué manera les influye la descomposición hacia un Estado fallido de Venezuela?

R.– Todo lo que ocurre en Venezuela y especialmente en esa frontera tan amplia tiene incidencia en nuestro país. Toda la descomposición que allí se ha dado, todo el problema de desabastecimiento de alimentos, de medicinas, toda las desinstitucionalización que vive Venezuela se transmite inmediatamente a Colombia. Hay una migración inmensa de venezolanos a Colombia, buscando su modo de vida, su supervivencia.

P.– ¿Y Colombia puede afrontar esa mano de obra desesperada, con la economía en un momento como el actual?

R.– Colombia tiene que hacer un esfuerzo por ayudar a los venezolanos que están sufriendo. Así como en otras épocas Venezuela le dio oportunidades a los colombianos que vivían del salario que les daban las empresas en ese país, hoy Colombia le va a dar a muchos venezolanos oportunidades para la subsistencia.

P.– Todos los líderes políticos españoles condenaron inmediatamente el asalto y secuestro del Parlamento venezolano… menos Pablo Iglesias y los demás dirigentes de Podemos. ¿A qué cree usted que se debe esto?

R.– Bueno, a que seguramente esa persona está mucho más cerca ideológicamente al Gobierno de Venezuela, y guarda silencio para no comprometer su posición. Y por miedo a comprometerse frente al pueblo español.

P.– El Gobierno de Maduro fue asesorado, y sigue siéndolo, por los dirigentes de Podemos, un partido que vota en muchas ocasiones con Le Pen en el Parlamento Europeo, que es admiradora confesa de Trump… ¿Hay un auge populista en el mundo?

R.– Hay una enorme diferencia entre la forma de actuar de esos distintos líderes. En Venezuela lo que existe en este momento es una gran demagogia que está dando al traste con la democracia que hemos conocido siempre en América Latina. Por eso nuestra preocupación es muy grande con todo lo que ocurre en ese país. 

P.– Su coalición, la posibilidad de que usted compita y gane esa nominación, lo llevarían a la Casa de Nariño. ¿De qué manera se relacionaría con el vecino de arriba, EEUU?

R.– Estados Unidos es el principal socio comercial y político de Colombia. Con él siempre nuestro país ha mantenido unas muy buenas relaciones. Y esperamos que sigan de la misma forma y que todos los días se consoliden más. EEUU ha sido fundamental para llevar adelante el Plan Colombia, que es el que llevó a las FARC a hacer una negociación. Fue muy bien elaborado y administrado por el presidente Pastrana y posteriormente por el presidente Uribe. Si no, las FARC seguirían en su misma política: la extorsión, el secuestro y el terrorismo. 

P.– Ese Plan Colombia ha convivido con Barack Obama, un presidente de EEUU radicalmente opuesto al actual. ¿Qué cambio ve usted con Donald Trump?

R.– En todo este proceso, nos ha tocado los gobiernos de Bush, Obama y ahora el de Trump. Claramente vemos que el apoyo al Plan Colombia ha venido en decadencia. En el presupuesto de este año de EEUU aparece sólo una partida de 170  millones de dólares, que es muy baja comparado con lo que este país invertía en la lucha contra los cultivos ilícitos y contra el narcotráfico.

P.– Entonces, hay que hacer mucho trabajo ahí…

R.– Hay que hacer un gran trabajo. De lo contrario, crecerá el número de hectáreas de cultivos ilícitos. ¡Y no son pocas 188.000 hectáreas! Que, por decisión del presidente Santos, crecieron en estos últimos seis años de una cifra de un poco más de 40.000 hectáreas a las que llegó el presidente Uribe con su política de combate, aspersión y erradicación. Esos cultivos ilícitos le hacen un inmenso daño al país. Así sólo habrá violencia, narcotráfico y bandas criminales al lado de ese sucio negocio. Y obviamente estará la delincuencia común 24 horas atenta para ver qué saca.

P.– Tenga usted suerte…

R.– Muchísimas gracias. Yo creo que Colombia tiene la oportunidad el próximo año de cambiar el rumbo. Y será una gran influencia en toda Suramérica para, sobre todo, defender la democracia y la institucionalidad. Que haya un Gobierno que dé unas respuestas muy afirmativas en todo el proceso económico, en el mejoramiento social y en todo lo que tiene que ver con orden público y la seguridad nacional. Soñamos con un mejor país, que cambie sustancialmente lo que está viviendo con el presidente Santos.

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