Disfrutar shooters arcade violentos siempre será una bendición, tal y como te contamos en este análisis de Shadow Warrior 3.

Siempre he sentido una predilección arrasadora por los shooters retro; es curioso como unos pocos polígonos y sprites eran capaces de inyectarme una necesidad obsesiva por transmutar a mis enemigos en pulpas sangrientas simplemente con portar un arma en mis manos. Cuando hice el análisis de Doom Eternal, allá en 2020, buscaba sentir esto mismo, sin embargo, abrió las puertas de mi cerebro a un nuevo tipo de dopamina. Me hizo comprender que el género retro había evolucionado a un nuevo género donde amalgamas de combos, sinergias y tácticas se gestionaban en cuestión de segundos. Me hizo comprender que disparar y correr ya no era suficiente. Me hizo ver que ya no podía volver atrás. Y por ahí van los tiros (nunca mejor dicho) de esta tercera parte de la histriónica epopeya de Lo Wang. Una que me ha hecho muy feliz como así os lo contaré en este análisis de Shadow Warrior 3.

Flying Wild Hog, factoría de shooters, pero de los de verdad

Que un clásico de los shooters retro como Shadow Warrior haya sido rescatada por Flying Wild Hog es algo por lo que debemos rezar 50.000 padre nuestros al día. Los polacos se dieron a conocer por Hard Reset, un shooter que ya apuntaba maneras y que bebía tanto de los shooters retro, que era todo un plato exquisito para los «viejuners» como el menda presente. Con Shadow Warrior trajeron la idea en forma de reboot, esbozando las primeras bases que debería tomar el género para dar luz al que sería el nuevo rey de los shooters: Doom (2016).

Nada de coberturas, salud no regenerativa, frenetismo antes que disparos comedidos, énfasis en la exploración dentro de entornos controlados y la importancia de sentir que matas «cosas» en vez de atizar a dianas en movimiento. Sin embargo, con Shadow Warrior 2 se alejaron de estas ideas intentando abrazar más el concepto de escenarios abiertos, la progresión por niveles y daño por estadísticas. La cosa no fue muy bien, por lo que decidieron volver a remolcar las bases para esta tercera parte.

Shadow Warrior 3 se deja de florituras, adornos y rellenos. Va a lo que va con escenarios muy cerrados y controlados, se centra que da gusto en la intensidad de los enfrentamientos y nos deleita con uno de los mejores gunplays que podía darnos el género. Sí, está claro que ha decidido fijarse en Doom Eternal y su maravillosa «Doom Dance» para germinar su propio estilo vertiginoso. Matar aquí es muy placentero y brutal, pero no tenemos tiempo para deleitarnos en cada asesinato, sino que nos veremos salpicados de la sangre de decenas y hasta de cientos de enemigos en cuestión de minutos.

Lo Wang y Zilla unirán fuerzas en esta entrega. El humor negro y las palabras malsonantes serán una constante en el intercambio de palabras.

Políticamente incorrecto de buen gusto

Lo Wang es un personaje que ya ha tenido tres entregas para ir perfilándose y madurar como personaje principal de un videoxogo. Al inicio se presentaba como ese protagonista guay de las películas de acción de los 80 que repartía piñas a diestro y siniestro. Poco a poco ha ido mutando su personalidad hacia el descaro y hacia una rebeldía con todo lo que hoy consideramos «políticamente correcto», convirtiéndose en una pequeña isla en medio de un mar de perfeccionismo, profundidad y buena educación.

Así pues, nuestra encarnación en la tercera parte de Shadow Warrior consiste en un tío desquiciado, vago, lleno de inseguridades y fatal de la olla que lo expresa bajo una apariencia de chistes malos de humor negro y una actitud de soy el más guay del barrio. En cierta medida, le veo muchos paralelismos con Travis Touchdown de No More Heroes. El bueno de Travis es el clásico otaku fracasado y solitario pero que se las da de «macho man» que siempre se lleva a la chica, algo que manifiesta con su dominio de la beam katana y el dejar sus ahorros en una moto con la que fardar ante el público, mientras su piso es un cuchitril desordenado.

La introducción de Shadow Warrior 3 nos deja claro el tipo de persona que se ha vuelto Lo Wang. Al mismo lo vemos en calzoncillos, ataviado con una camiseta interior sucia, con la forma de la almohada en su peinado, totalmente demente hablando con la máscara de Hoji y sumiso a un Zilla, otrora el villano de la franquicia, obsesionado con salvar el mundo de un dragón titánico que va desatando el caos a su paso.

Pero esto no es algo negativo. Shadow Warrior se concibió desde su píxel inicial para que un protagonista como Lo Wang encaje como un anillo en un dedo. Cada escena, cada resquicio de su trama de película de Serie Z y cada puntapié que da Shadow Warrior 3 nos hace querer a Lo Wang tal y como es.

análisis de shadow warrior 3
Durante nuestro camino (recto) encontraremos orbes con los que mejorar las armas y habilidades de Lo Wang. Las primeras serán determinantes y evolucionarán el combate a niveles excelsos.

Pensado para matar y que disfrutes con ello

Mientras otros títulos buscan hacernos reflexionar sobre ser un asesino deshumanizado, Shadow Warrior 3 recupera las «vibes» de los 90 y nos inyecta sobredosis de poder al dejar un río de cadáveres a nuestro paso. Ya fijándonos en los escenarios, los mismos se componen de arenas de batalla conectadas por pasillos directos donde correr, deslizarnos y sacar partido de nuestro gancho. Aquí no hay recovecos secretos ni se busca picarte a que explores, no, Shadow Warrior 3 quiere que mates y vuelvas a matar. Todo está orientado a ello, y por ello, las batallas son de lo mejor que podía brindarnos un shooter de Flying Wild Hog.

En las mismas, tenemos que estar constantemente concatenando el binomio catana/arma de fuego. Con la primera haremos tajos sencillos con los que cortar proceduralmente a los enemigos y así obtener munición. Mientras tanto, acribillando a los contrarios con nuestras armas de fuego podremos recuperar salud con los orbes que dejan al morir. Claro está, los más avispados habréis pillado al vuelo que estas mecánicas son las mismas que tenemos en Doom (2016), pero aquí se les da una vuelta gracias a los «fatalities» y a las técnicas chi.

Las ejecuciones son gores y rocambolescas, pero su recompensa va más allá de deleitarnos visualmente, sino que nos permiten recuperar salud de forma instantánea y además, nos brinda un poder temporal nuevo en base a la filosofía del enemigo derrotado. Por ejemplo, a algunos rivales les arrancaremos la cara y al lanzarla, crearemos un área congelada que paralizará a los enemigos dentro de la misma. Otros nos darán su arma, a la cual podremos sacar provecho hasta que se vacíe el cargador. Y así con cada tipo de enemigo, por lo que es un aliciente buscar ejecutar a cada nuevo tipo de contendiente que salta a la escena.

A su vez, las ejecuciones no se pueden realizar a diestro y siniestro. Dependen de un medidor que tarda lo suyo en llenarse, por lo que es menester guardarlas para situaciones de extrema urgencia o para momentos clave. Es por ello que sus animaciones son largas y pueden recrearse lo que les apetezcan, pues difícilmente llegaremos a cansarnos de ver la misma una y otra vez.

En cuanto a las técnicas chi suponen submécanicas muy bienvenidas, como el empujón, que nos permite ganar segundos para respirar o sacar partido de los escenarios y sus trampas. Es vital conjugarlas con el resto de mecánicas para que Shadow Warrior 3 destile su propia danza de muerte.

Gráficamente no es la gran cosa, pero en lo artístico apuesta por un estilo más luminoso y desenfadado, alejándose de las entregas preliminares que buscaban codearse con Doom.

Análisis de Shadow Warrior 3 – ¿A quién tengo que rezarle para agradecer que este juego exista?

Shadow Warrior 3 se conjuga para hacerte feliz obligándote a realizar el acto más atroz que puede hacer una persona: matar. Abandona los colores ocres y fríos de las primeras entregas para ponerte nervioso con unos rojos chillones predominantes, la banda sonora deja de lado el sintetizador para subirse al folclore «hard trance» chino estimulándote como un café bien cargado, y gráficamente se aleja del realismo para impresionarte con un paisaje imaginado bajo su control, donde no busca destacar por musculatura pero sí por efectismo.

Las arenas de batalla son una tensión constante donde explotar todo lo que veas. ¿Una trampa? atrae a los enemigos hacía allí. ¿Un gancho? úsalo para acercarte o huir más rápido de tus contrincantes. ¿Hiedras? corre por ellas y no dejes a títere con cabeza. Todo es tan frenético que te hace sentir que llevas 8 latas de Monster encima, y esto también puede llegar a ser perjudicial, pues en momentos donde las oleadas de enemigos son incesantes, sentiremos una fatiga extrema. Algo que podría equilibrarse con secciones más tranquilas donde realizar algún pequeño puzle, pero hasta los diálogos y las cinemática están rodados de tal manera que nunca dejas de estar alerta. Es quizás el único punto negro que le veo, y muy poco importante, ya que va tan al meollo que en 5-8 horas te lo pasas y hasta te quedas con ganas de darle otra vuelta.

Flying Wild Hog es consciente de sus limitaciones y apuesta todo a lo que mejor sabe hacer, con un resultado prácticamente perfecto para un servidor. Termino este análisis de Shadow Warrior 3 diciendo que para un amante de los First Person Shooters arcade, esto ha sido como meterse un bocado de caviar de lujo. Extasiante, motivante y congratulante.

Análisis de Shadow Warrior 3
Análisis de Shadow Warrior 3 – Sangre salpicada directamente a tus retinas
La catarsis de cortar cabezas con una catana
Shadow Warrior 3 no diría que es una carta de amor para los fans de los shooters arcade, pero sí una de guantazos, sangre y muerte, mucha muerte. Una genialidad consciente de sí misma para darlo todo y encantarnos sin necesidad de hacer muchos números. Para mí la sorpresa más espectacular de lo que llevamos de 2022.
Cunde
Lo Wang es un fracasado muy "refachero"
Directo al meollo y sin florituras, con arenas donde recrearte con su vertiginosidad
Sistema de combate pulido al extremo, mira de tú a tú a Doom Eternal
No Cunde
Tanta tensión acaba pasando factura, se echa en falta alguna sección más tranquila
Gráficamente alguna textura cojea
El desafío puede alcanzar picos frustrantes cuando hay muchos enemigos en pantalla
9.4
xiěyè
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GuiltyBit y videojuegos, siempre de la mano. Como así lo voy yo también de los análisis y la actualidad. Aquí el menda es un apasionado de los videojuegos de rol, los shooters retro y los juegos de sigilo. Sueño con alcanzar el Valhalla y beber hidromiel con Hideo Kojima, Yoko Taro y Goichi Suda.

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