San Lorenzo de El Escorial, mucho más que un monasterio: tres días para descubrir el gran proyecto de Felipe II

Tres días en el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial son una escapada perfecta para un fin de semana. Podemos perdernos en sus calles, en la naturaleza que rodea la ciudad, comer en sus múltiples restaurantes con productos de la Sierra de Guadarrama y, sobre todo, disfrutar del imponente Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un espacio creado a capricho de Felipe II que se convirtió en el epicentro social, político, económico y cultural de toda Europa del s. XVI.

Entre aquellas paredes monasteriales, se refugiaba el monarca de la casa de los Austrias para despachar con sus secretarios y consejeros, meditar y reflexionar, pues sabemos que el hijo de Carlos I era un hombre místico y religioso, y disfrutar de la pintura y la escultura de los artistas que venían de todos los rincones europeos. Allí, precisamente, en aquel monasterio de Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, también dejó el rey el espacio terrenal a los 70 años en una pequeña y austera sala de su obra más importante.

No en vano, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es una obra maestra nacida del empeño de la poderosa monarquía hispánica del s. XVI, cuyo conjunto fue considerado la octava maravilla del mundo por sus contemporáneos y fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1984.

Asimismo, podemos encontrar otros espacios de la Comunidad de Madrid que comparten esta distinción de Patrimonio Mundial, como son el Paisaje de la Luz en la capital; la Universidad y centro histórico de Alcalá de Henares; el Paisaje Cultural de Aranjuez; y el Hayedo de Montejo, que cuenta con la Declaración de Patrimonio Natural.

La encarnación perfecta del humanismo y la fe

En esta maravilla, por tanto, podemos dedicar una gran parte de nuestro día. Ya que, como veremos, el Real Monasterio domina todo el paisaje, el cual abraza esta arquitectura con planta de parrilla nacida para conmemorar la victoria en la Batalla de San Quintín.

Es imprescindible que visitemos la Basílica, el Panteón Real, la Biblioteca, las Salas Capitulares, el Palacio de los Austrias y el de los Borbones, así como la conocida Sala de Batallas, entre otros espacios, dependiendo del tiempo que podamos tener.

La Basílica es el corazón espiritual del conjunto. Estamos ante un templo de cruz griega sobrio, de acuerdo con el estilo herreriano, y monumental, donde destaca el retablo mayor realizado con mármoles de diferentes colores y bronces, iluminado por una gran cúpula de 17 metros de diámetro, inspirada en los modelos que habían desarrollado en Florencia y Roma.

Allí, destacamos el Panteón de Reyes, el espacio conformado por mármoles en tonos oscuros –negro y jaspe–, donde descansan los restos mortales de los reyes y reinas de España desde Carlos I, con algunas excepciones. Destacar, como curiosidad, que sólo pueden ser enterradas reinas (no consortes) o reinas que han sido madre de reyes.

Se sitúa bajo el altar mayor, un hecho que no es baladí, sino una decisión meditada y cargada de simbolismo. Es una escenificación del poder de la monarquía hispánica: su ubicación establece una conexión simbólica entre la Corona, la religión y la memoria de los monarcas.

Como antesala a la entrada a la Basílica, tenemos el Patio de los Reyes, uno de los espacios más reconocibles del Monasterio, caracterizado por estar cargado de austeridad, algo que es un sello personal del monarca. Este patio recibe este nombre por la presencia de seis esculturas de los reyes de Judá que coronan la fachada del templo: David, Salomón, Ezequías, Josafat, Josías y Manasés. Esculturas que parecen pequeñas vistas desde el suelo, pero que poseen un tamaño considerable, ya que miden algo más de cinco metros.

Si visitamos el Patio de los Reyes, no podemos dejar de disfrutar del Patio de los Evangelistas, sobre todo porque acaban de abrirlo al público tras una restauración integral.

Ubicado en el corazón del conjunto monástico, toma su nombre de las cuatro esculturas de los evangelistas: San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. Un patio concebido como un jardín renacentista, dividido geométricamente en cuatro grandes espacios, donde el punto central está dominado por un templete de granito.

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La biblioteca, un espacio fascinante

Fue concebida como un espacio esencial del monasterio, por lo que su peso dentro del conjunto es enorme y esconde verdaderas joyas. Está compuesta por la Sala de los Frescos, con la cúpula cubierta de pinturas del artista italiano Pellegrino Tibaldi, donde se representan las siete artes liberales (Gramática, Retórica, Dialéctica, Aritmética, Geometría, Música y Astronomía), junto a la Filosofía y la Teología. El resultado es un programa iconográfico que versa sobre el conocimiento humano.

En esta Real Biblioteca, el rey guardaba manuscritos y libros procedentes de diferentes lugares de Europa y del mundo, entre los que podemos encontrar manuscritos árabes, hebreos, griegos, latinos, castellanos y códices medievales relacionados con la ciencia, la astronomía, la filosofía y la historia.

Sin duda, uno de sus mayores tesoros es el Códice Áureo, un manuscrito iluminado del s. XI escrito en pergamino con letras de oro que fue un encargo del emperador Enrique III del Sacro Imperio Romano Germánico y elaborado entre 1043 y 1046 en la abadía benedictina de Echternach (Luxemburgo).

La enorme galería de guerra

Es imprescindible la visita a la Sala de Batallas, la larga galería decorada con pinturas murales que representan grandes episodios militares vinculados a la historia de la monarquía hispánica. Destacan escenas como la batalla de La Higueruela, librada en 1431 durante el reinado de Juan II de Castilla, además de diferentes campañas militares de la época de los Reyes Católicos y de Carlos I y Felipe II.

Podemos ver pinturas firmadas por artistas como Nicola Granello, Fabrizio Castello, Orazio Cambiaso y Lázaro Tavarone, entre otros.

Los murales, que lo cubren prácticamente todo, representan soldados, caballos, paisajes, campamentos, armas y otros detalles; por lo que tienen un alto valor documental, al tener ante nuestros ojos una espléndida representación de la guerra de los siglos XV y XVI.

Una Sala de las Batallas que es mucho más que un espacio deliciosamente decorado, también estamos ante uno de los documentos políticos y simbólicos más potentes del Monasterio. Una verdadera obra que esconde poder, continuidad monárquica y defensa de la fe. 

Para cerrar nuestra visita en el espacio monástico, no podemos perdernos los Jardines de los Frailes, un lugar perfecto e impresionante que, además, nos ayudará a comprender la armonía entre arquitectura, naturaleza y vida monástica. Los jardines se extienden junto a la fachada oriental del monasterio y están concebidos con una geometría muy ordenada, siguiendo el espíritu del jardín renacentista.

Su nombre procede de los monjes jerónimos que habitaron el monasterio durante siglos y nos brinda una espléndida quietud, sobre todo gracias a las vistas que nos ofrece de la Sierra de Guadarrama.

La Casita del Príncipe y del Infante

Entre el Monasterio y el casco urbano de El Escorial encontramos la Casita del Príncipe, construida por Juan de Villanueva entre 1771 y 1775 para el entonces príncipe Carlos, que más tarde sería el rey Carlos IV. 

Se trata de un elegante pabellón neoclásico rodeado de dos jardines trabajados de forma geométrica, uno en la parte delantera y otro en la trasera, comunicados entre sí por dos pórticos de columnas toscanas. En las zonas ajardinadas observamos fuentes, estanques y cascadas, así como setos de boj, robles y encinas. Está declarada Bien de Interés Cultural (BIC) desde el año 1931.

Por su parte, la Casita del Infante, construida también por Juan de Villanueva para el infante Gabriel, hijo de Carlos III, es un espacio más íntimo que el anterior. Tiene una inspiración neoclásica y está inmersa en la naturaleza del Bosque de La Herrería, consiguiendo unas vistas privilegiadas del Monasterio. 

Las dos casas merecen una visita, aunque cada una de ellas nos va a seducir por aspectos diferentes: la del Príncipe por sus elegantes jardines y la del Infante por su pequeña escala y sus jardines organizados en terrazas.

Un mecenazgo de arte sin parangón

En el seno del Real Monasterio de El Escorial, además, se estaba creando una nueva era para el arte europeo y es algo que se deja sentir en la importante colección de pintura, escultura y orfebrería que posee.

Creado como un panteón real, de acuerdo con la carta de fundación dictada por Felipe II, gozó de importantes patrocinios artísticos por parte del monarca, que mostró una especial predilección por la pintura. Para decorar los espacios, la Casa Real utilizó sus propios objetos y obras de su colección personal –heredadas de su padre, el emperador, y de su tía, María de Hungría, gobernadora de los Países Bajos y mecenas de Rubens–, así como encargos específicos a artistas vinculados a la iconografía de la Contrarreforma aprobada en el Concilio de Trento.

Gracias a ello, Felipe II llegó a reunir en el mismo un total de más de 1.000 obras de arte, con gustos claramente procedentes de la escuela italiana y flamenca. El conjunto conserva una serie excepcional de pinturas flamencas de los siglos XV y XVI, así como obras maestras de Van der Weyden, Patinir, El Bosco, Veronese, Sánchez Coello, Antonio Moro, Tiziano, El Greco, Guido Reni o Tintoretto; algunas de las cuales podemos ver en El Escorial y en el Museo del Prado de Madrid. De hecho, para poner el broche de oro a esta escapada de tres días, y si tenemos tiempo al regresar a la capital, sería una idea estupenda hacer una visita guiada a la pinacoteca y hacer un repaso de las obras que nacieron al calor del mecenazgo del monasterio.

Un patrocinio artístico de enorme relevancia en la Europa de su tiempo, comparable por su ambición a los grandes programas impulsados por las cortes y por el papado durante el Renacimiento.

Descubrir cómo vivía la familia real en el Monasterio

@Comunidad de Madrid

Además de un espacio de recogimiento, religiosidad y conocimiento, el Monasterio de El Escorial también funcionaba como residencia real. Por ello, tenemos el Palacio de los Austrias y el de los Borbones.

Los aposentos de los Austrias están cerca de la Basílica y fueron usados sobre todo por Felipe II y otros miembros de la familia real. Eso sí, no pensemos en estancias de elementos abigarrados, como puede suceder en Versalles con la familia real francesa; aquí encontramos austeridad y sobriedad.

Es interesante conocer, además, que cerca del presbiterio del templo estaban las habitaciones del monarca, con el fin de poder seguir de cerca los oficios religiosos prácticamente desde sus propias habitaciones. Debemos tener en cuenta que, al final de su vida, el Rey pasaba largas temporadas en el Monasterio, su gran legado. 

Por su parte, la dinastía de los Borbones contaba con espacios propios que contaban con un gusto diferente. Podemos decir, de alguna forma, que las modas habían cambiado y que su gusto galo tenía más peso en la decoración de sus aposentos, así como un gusto más cortesano y cómodo.

Por ello, las zonas de los Borbones tienen una ornamentación más barroca, de acuerdo con las directrices del s. XVIII, con mobiliario, textiles y elementos decorativos que contrastan con la austeridad asociada a Felipe II.

Uno de los reyes que utilizó San Lorenzo de El Escorial como residencia fue Carlos III, que llevó a cabo algunos cambios y reformas en la parte nororiental del Monasterio, creando el conocido Palacio de los Borbones. Entre las modificaciones que hizo, destaca la creación de habitaciones enfiladas y las paredes se cubrieron con lujosos tapices de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, algunos de ellos basados en los cartones para tapices de Francisco de Goya, como El Cacharrero, La Cometa o Los Leñadores.

Dejarnos envolver por la naturaleza

Si algo caracteriza a San Lorenzo de El Escorial, con permiso del Monasterio, por supuesto, es la naturaleza que rodea al municipio y de la que podemos disfrutar durante una jornada completa. Respiraremos aire puro y pasearemos por el Bosque de La Herrería, un espacio dominado por robles, fresnos, castaños y praderas, o podemos caminar por la senda ecológica, dos sencillas opciones que son aptas para todo el mundo al tener un recorrido de apenas un kilómetro. 

Sina embargo, si tenemos en mente disfrutar de algo más completo, lo ideal es hacer la ruta La Herrería – El Castañar – Silla de Felipe II, la cual consta de unos 8 km y podemos recorrer en dos horas y 45 minutos, aunque tiene dificultad media. Por el camino aparecen fuentes, la ermita de la Virgen de Gracia, etc., hasta llegar a la famosa Silla de Felipe II, desde donde se obtiene una magnífica panorámica del entorno del monasterio. Según la leyenda, el monarca se sentaba allí para contemplar cómo iban progresando las obras monásticas, aunque lo cierto es que, según datos arqueológicos, se trata de un monumento de granito que es un altar y tiene origen prerromano.

Tras el paseo, podemos hacer un picnic con algunas cosas que nos llevemos preparadas y disfrutar de la naturaleza con calma y quietud. 

Por la tarde, y si queremos ampliar nuestra experiencia de contacto con la naturaleza cambiando de paisaje, una buena opción es la ruta hasta el monte de Abantos. Podemos comenzar en el Arboreto Luis Ceballos, donde encontramos alrededor de 200 especies de árboles y arbustos, recorrer el Hayedo Escondido y los Tesoros de Abantos, conformados de pinares y miradores donde ir disfrutando de las diferentes vistas del Monasterio en la ladera sur y el Valle de Cuelgamuros. En los días despejados, incluso, podemos disfrutar del horizonte de Madrid o avistar especies como los buitres leonados. 

Por último, y sobre todo para los pequeños de la casa, en el Arboreto de Luis Ceballos hacen talleres infantiles y familiares sobre las diversas especies autóctonas que tienen cada fin de semana y festivo. También en la misma zona está InsectPark, un centro de divulgación científica y cultural donde descubrir en familia especies de insectos que muchas veces son completamente desconocidas para el público general.

Pasear San Lorenzo de El Escorial

Tras dedicar un día al Monasterio y uno más al paisaje, os proponemos disfrutar al máximo del propio municipio. San Lorenzo de El Escorial cuenta con un conjunto histórico-artístico muy interesante conformado por la Casa de los Oficios, la Casa de los Infantes y la Reina, el Real Coliseo de Carlos III o la casa de la Compaña, entre otros.

En primer lugar, frente a la fachada norte del Monasterio, tenemos la Casa de los Oficios, un espacio arquitectónico que se construyó en el s. XVI como parte del complejo ideado por Felipe II para dar apoyo logístico y funcional a las dependencias monásticas. 

Allí se alojaban los artesanos y trabajadores encargados de las distintas tareas de mantenimiento del Monasterio, entre ellos carpinteros, herreros, panaderos o sastres. La Casa de los Oficios nos permite entender cómo Felipe II concibió el Real Monasterio como un complejo prácticamente autosuficiente, capaz de cubrir buena parte de sus propias necesidades.

También podemos acercarnos a la Casa de los Infantes y de la Reina, considerada la primera gran obra del arquitecto Juan de Villanueva. En su origen, este espacio estaba destinado a alojar a la servidumbre y a las familias de los infantes Gabriel, Antonio Pascual y Francisco Javier durante las Jornadas Reales.

Por último, dentro de este conjunto destaca la Casa de la Compaña, un edificio de planta cuadrada organizado en torno a un patio interior. En ella se concentraban los almacenes, los servicios y los animales de la comunidad jerónima, la orden religiosa encargada del cuidado y mantenimiento del Real Monasterio de El Escorial.

En nuestro paseo por el municipio no podemos dejar de visitar el Real Coliseo de Carlos III, construido en el s. XVIII durante el reinado de Carlos III. Destaca, sobre todo, por ser uno de los teatros cubiertos más antiguos que se conservan en España, el cual sigue manteniendo una importante actividad cultural.

Propuestas gastronómicas hechas con pasión por la tierra

Por último, y muy interesante, es la gastronomía que podemos disfrutar en San Lorenzo de El Escorial. Hay propuestas clásicas y también algunas muy innovadoras, pero ambas están unidas por la calidad y por el aprecio a los productos de cercanía y de la tierra. 

Especial atención merece Montia, un restaurante que encierra todo el sabor de la Sierra de Guadarrama. El chef Dani Ochoa, que está al mando de las propuestas gastronómicas, ofrece una cocina salvaje donde se nos invita a regresar a la tierra y a las raíces. Por ello, nos brinda platos de guisos concentrados y salsas con fondo hechos siempre con productos de temporada, de ahí que la relación con los agricultores y ganaderos de la zona sea esencial para sus fogones. 

Montia une gastronomía y naturaleza, por ello su cocina esconde platos como las judías verdes con corteza de cerdo y apio de montaña, ventresca de cochinillo y escaramujo, tortilla de chalotas, arroz de jabalí, yema de huevo perfecta, huevas de trucha y setas o pepito de boletus, entre otros. 

Todo este trabajo ha sido reconocido con una estrella Michelin y dos soles Repsol, varias enseñas que podemos ver en su puerta cuando nos dispongamos a hacer un delicioso viaje gastronómico. También ha sido elegido como el mejor de la Comunidad de Madrid por la Academia Madrileña de Gastronomía.

El Gran Cocido del Charolés

De Montia nos vamos hasta el Charolés Restaurante, un clásico de la zona y donde podemos tomar, entre otras cosas, carnes de buey, ternera de Moaña, foie fresco de oca o steak tartar de buey.

Pero, sin duda, si por algo es conocido este establecimiento, es por su Gran Cocido, de cocinado lento y laboriosidad. Se comienza con cebolletas, guindillas, patata gallega y choricito de jamón; y seguimos con la sopa de fideos y los garbanzos de Fuentesaúco, que podemos aliñar con su tomate frito confitado con cominos. 

Tras ello, seguimos con las verduras y la carne. Vamos a tomar berzas, repollo, alcachofas de Tudela, codillo de jamón, huesos de caña, costillar de ternera, morcillo de vaca, gallina vieja de Santamaría y ensalada de berujas. Si queremos disfrutar de este Gran Cocido del Charolés, desde el restaurante recomiendan reservar con antelación y no quedarnos sin probarlo.

Carne y productos de la tierra

@Exe Victoria Palace

Para vivir una experiencia íntima, vamos a irnos hasta Vesta Taberna. Un local con encanto y con una cocina donde sólo entran productos de la tierra y de la zona.

Por ello, nos proponen tomar platos como steak tartar con frambuesas fermentadas y piparras, ensalada de pimientos rojos con salsa de pimientos rojos y polenta frita, puerros asados con holandesa, kale, mostaza, comino y avellanas, repollo asado con hummus o tataki de cadera de ahumado con ajo negro, entre otras delicias.

Parada esencial en Cava Alta, un precioso lugar con una cocina rústica donde tomar unos callos a la madrileña, una lasaña de rabo de toro, croquetas de trufas negras silvestres de temporada, crujiente de colas de carabineros con alioli de azafrán, caldereta de carabineros y rape con verdinas y arroz o revolconas de batata con huevos fritos de corral y torreznos de ibérico; así como algunos asados a fuego lento, como la paletilla de cabrito lechal asada o lingote de costillar de cochinillo segoviano asado a baja temperatura con chalotas y patatas panadera.

Una cocina para grandes celebraciones

Para pasarlo también en grande, podemos pasarnos por La Rueda, un restaurante del municipio que lleva trabajando desde los años 90, donde ofrecen una cocina de altos vuelos en la Sierra de Madrid. Ofrecen una carta variada donde tomar huerta con platos como las alcachofas a la plancha con salsa de cítricos o confitadas en cama de muselina de patata; también tienen carpaccios de gambas o de higos con jamón y lascas de queso de cabra, solomillo con foie o carrillada de ternera guisada con chocolate y frutos rojos. 

Psss, Psss… No podemos irnos de San Lorenzo de El Escorial sin probar sus bizcotelas, uno de los dulces preferidos de Felipe V. Datados en el s. XVIII, estos dulces son un bizcocho cubierto de chocolate con relleno de crema pastelera o yema.

Varias de las pastelerías del municipio las tienen en su oferta, así que podemos probarlas allí, traerlas a casa o las dos cosas.

Un día diferente: jugar al golf frente al Monasterio

En San Lorenzo de El Escorial, los amantes del golf tienen un espacio singular donde jugar: el Real Club de Golf La Herrería. Es un sitio privilegiado ubicado dentro de El Bosque de La Herrería y, sin duda, uno de los más bellos de Europa: posee 18 hoyos y tiene las vistas más maravillosas del mundo.

Desde el campo, los jugadores están frente al espléndido Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el que fuera una de las maravillas del mundo. Allí se organizan torneos de golf para todos los niveles, ya que tienen nivel experto, amateur e incluso juegos para los niños, pudiendo aprender en la Escuela de Golf que tienen desde hace años.

En el Real Club de Golf La Herrería, además, podemos pasar una jornada entera si así lo deseamos, ya que no sólo es apto para jugar al golf, si queremos hacer un alto en el camino, podemos hacerlo en el Restaurante La Herrería, dentro de sus instalaciones.

En coche, tren o autobús

El último detalle para cerrar nuestra escapada a San Lorenzo de El Escorial es concretar cómo vamos a ir hasta allí. Podemos ir en coche, estamos a apenas unos 50 minutos del municipio desde Madrid.

Si optamos por no coger nuestro coche, podemos ir en tren de Cercanías, con las líneas C3 o C8 que sale de las estaciones de Atocha, Puerta del Sol y Chamartín, todas bien conectadas con las líneas 1, 2 y 3 del metro de Madrid. Los trenes de Cercanías salen con una frecuencia de una hora y tardan poco más de una hora en llegar a la estación de El Escorial, situada a 15 minutos andando de la entrada al Monasterio. 

En autobús, podemos coger las líneas 661 y 664 desde el Intercambiador de Moncloa, tardando aproximadamente alrededor de 50 minutos en llegar hasta la estación de San Lorenzo de El Escorial.

Cerrar la escapada en Las Rozas Village

Si optamos por ir en coche, os recomendamos, a la vuelta de nuestra excursión, hacer una parada en Las Rozas Village, un bonito espacio de compras con tiendas outlet donde adquirir piezas de calidad a precios más rebajados.

Tiene alrededor de 100 tiendas con marcas nacionales e internacionales con descuentos de hasta el 60%, y donde ofrecen servicios de personal shopper que nos ayudan con las compras. 

Una vez que hayamos terminado, ¿por qué no disfrutar de un café o un picoteo divertido en su zona de restauración? Allí tienen una amplia oferta de gastronomía donde poder disfrutar de un vino con un aperitivo o comer, cenar y merendar algo más dulce. 

Tres días en San Lorenzo de El Escorial dan para mucho. Hemos conocido la cultura y los secretos de su Monasterio, disfrutado de la naturaleza en el Bosque de La Herrería y paladeado los mejores platos de la zona en sus singulares restaurantes. Una escapada muy completa que, además, podemos repetir siempre que queramos. 

Más información en Turismo de Madrid.

Fotografías

Comunidad de Madrid | iStock I Adobe Stock

Texto

María Villardón

Diseño