A poco más de una hora de Madrid, el Hayedo de Montejo, ubicado en la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón, es un sueño para los amantes de la naturaleza. Este bosque centenario de hayas, que fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional en 1974, pertenece al municipio de Montejo de la Sierra, al norte de la Comunidad de Madrid, y tiene una superficie de 250 hectáreas que merecen ser visitadas y vividas.
También conocido como El Chaparral, el Hayedo de Montejo es un destino de fin de semana maravilloso para pasarlo en familia y con amigos. Podemos, además, ir en cualquier momento del año porque la zona norte de la región es un auténtico universo natural de bienestar, incluso en los meses más calurosos.
Declarado también Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2017 como parte de los Hayedos Primarios y Antiguos de Europa, este enclave sorprende en cualquier época del año. Y aunque el otoño sigue siendo su estación más fotogénica —cuando las hayas se tiñen de ocres, dorados y rojizos—, podemos ir más allá en el tiempo: la primavera llena el bosque de vida, el verano ofrece un refugio fresco entre la sombra de los árboles y el invierno nos regala un paisaje sereno que invita a caminar sin prisas.
Podemos decir que visitar el Hayedo de Montejo es mucho más que recorrer un bosque. Es una invitación a descubrir la esencia de la Sierra Norte de Madrid: pequeños pueblos de arquitectura tradicional serrana, senderos que atraviesan robledales y arroyos, miradores con vistas espectaculares y una gastronomía de montaña que convierte cualquier escapada en una experiencia completa. Tras la ruta, nada mejor que sentarse a la mesa para degustar unos tradicionales judiones de Montejo, carnes de la sierra o la reconocida miel artesanal de la zona.
Como todo espacio singular, también el Hayedo de Montejo está lleno de magia y de historias que debemos conocer, sobre todo si vamos con niños. Dicen que en este bosque de hayas y otros árboles habitaban varios duendes y hadas que atraían a visitantes para convertirlos en animales y así embellecer el bosque de El Chaparral.
Aunque más allá de la magia, también este paraíso natural tiene una parte histórica muy importante. Fue en 1460 cuando los habitantes de Montejo de la Sierra compraron este hayedo a un noble de Sepúlveda, un hecho decisivo para garantizar la conservación de un espacio que durante siglos ha proporcionado madera, leña y pastos a la comunidad. Como curiosidad, cabe comentar, además, que aquella adquisición dio lugar a un prolongado litigio sobre la propiedad del monte, una disputa que, según la tradición local, fue resuelta a favor de Montejo por el emperador Carlos I de España, quien reconoció los derechos de sus habitantes sobre este valioso territorio.
Con razón, tal como apunta Carmen Mantecón, concejal de Turismo y Deporte de Montejo de la Sierra, este hayedo es para los montejanos «mucho más que un bosque bonito; es parte de nuestra historia porque pertenece a los vecinos desde el siglo XV». Relata, además, que se trata de un espacio que ha sido cuidado por generaciones y generaciones del pueblo, ya que «se sacaba leña, se hacía carbón vegetal e incluso los vecinos se bañaban en el río Jarama que lo atraviesa».
En nuestro paseo por este espacio tan especial de la Sierra Norte de Madrid vamos a encontrar una gran riqueza natural, como diferentes tipos de hayas simbólicas como el Haya de la Roca que conviven con árboles como el roble, el pino y el melojo, algunos de los cuales están incluidos entre los árboles singulares de la Comunidad de Madrid.
Entre las sombras del hayedo, además, también encontramos hongos con múltiples formas y colores, como la amanita muscaria (roja y blanca), la tremella (con su color amarillo brillante), la clásica pluteus, la peculiar mycena, la variedad mycena rinati (agolpadas en racimos) o las imponentes medicinus.
Debemos tener en cuenta que este hayedo no existiría sin la humedad que le aporta el río Jarama que, con su presencia, ayuda a ensalzar todavía más la belleza del paisaje. Sus aguas, claras y libres, fluyen y dotan de vida sus alrededores.
En este sentido, Mantecón destaca que este bosque de hayas fue uno de los primeros espacios naturales protegidos de la Comunidad de Madrid, declarado Sitio Natural de Interés Nacional en 1974: «En 2024 celebramos su 50º aniversario como espacio protegido, medio siglo cuidando y preservando este tesoro natural«.
«También forma parte de la Reserva de la Biosfera Sierra del Rincón y, lo que no es nada desdeñable: el Hayedo de Montejo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Ahora mismo, ese pasado de gestión forestal se ha convertido en uno de nuestros mayores activos: el Hayedo es hoy el gran motor turístico de toda la Sierra del Rincón, y trae visitantes de toda la Comunidad de Madrid que quieren descubrir un paisaje único, tan singular y tan poco habitual en el norte de la región», añade.
El hayedo es muy visitado en otoño, pero lo cierto es que, como apunta Mantecón, cualquier momento del año es bueno para ir a Montejo de la Sierra porque siempre hay actividades diferentes. «En otoño es espectacular, pero no hay malos momentos para venir aquí, solo distintos planes que varían según el plan que nos apetezca o el tiempo libre que tengamos», aclara.
Cree que en invierno, con algo de nieve o escarcha, el bosque tiene «un aire muy especial» que nos invita a un paseo más tranquilo. «Me encanta el olor a chimenea que envuelve las calles, es algo que queda siempre en la memoria. Eso sí, hay que ir bien abrigados, porque en la sierra el frío se nota de verdad».
En primavera, sin embargo, la nieve desaparece y el frío se suaviza, dejándonos entrar en una nueva estación donde colgaremos los abrigos. «Todo reverdece, así que es el momento perfecto para combinar la ruta del Hayedo de Montejo con otros planes al aire libre y con una naturaleza en plena actividad», relata. En verano, aunque aún quedan meses para pensar en ello, es el lugar ideal para los que buscan la calma, la quietud y el frescor de las montañas, porque las hayas dan una sombra estupenda, y podemos optar por planes junto al río Jarama. En Montejo de la Sierra también abren cada verano su piscina para que montejanos y visitantes disfruten de un buen chapuzón que calme el calor, y cerrar el día en las fiestas populares y verbenas de algún pueblo cercano.



Antes de ponernos a mirar fechas y organizar nuestra escapada para conocer el encantador Hayedo de Montejo, es muy importante tener en cuenta que debemos hacer una reserva previa de entrada porque el acceso al hayedo no es libre. Con el fin de garantizar su conservación, en este momento, la única forma de acceder es con reserva previa a través de esta web donde las plazas se gestionan mediante un sistema de solicitud con asignación por sorteo según la quincena.
Una vez que hayamos cumplimentado este paso, debemos ir al Centro de Información de la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón (calle Real, 64, en el pueblo de Montejo de la Sierra) el mismo día de la ruta y recoger los pases, al menos con una hora de antelación.
Una maravillosa jornada en este Hayedo de Montejo puede comenzar temprano, respirando el aire puro y paseando por sus sendas. Mantecón aconseja hacer la ruta de la mano de los guías de la Sierra del Rincón, porque «conocen el bosque como la palma de su mano y son capaces de transmitir esa pasión por cada rincón, cada árbol y cada leyenda del lugar».
Este Hayedo de Montejo ofrece tres sendas distintas, pero –y esto es importante– en cada visita solo se puede recorrer una de ellas, así que, como bien dice la concejal montejana, «siempre queda una excusa para volver».
Una buenísima idea porque estamos ante un bosque que parece casi encantado, que nos ofrece diferentes postales dependiendo de la estación del año que elijamos para conocerlo. Cambia la luz, la temperatura y los colores; incluso los sonidos son diferentes si vamos en momentos cálidos o fríos, lo que nos brinda una visita nueva cada vez que decidimos regresar.
Además de las sendas entre hayas, en Montejo de la Sierra podemos hacer también otras rutas muy interesantes que completarán nuestra experiencia, como el recorrido hasta Horcajuelo el paseo por la Dehesa Boyal, las vistas al valle desde la Ermita de Nazaret o, por qué no, conocer el casco urbano montejano y terminar disfrutando de la gastronomía serrana.


A poco más de un kilómetro del pueblo, llegamos a un enclave religioso de gran antigüedad desde el que tenemos unas magníficas vistas de Montejo de la Sierra y del valle. Durante el recorrido, podemos caminar entre encinas y avanzar sobre la vía pecuaria de la Cañada Real de las Merinas, de 75 metros de ancho.
La ermita de Nazaret ya se cita en el Libro de Montería de Alfonso XI, rey de Castilla, y cada año es testigo de una romería montejana en honor a la Virgen de Nazaret, la cual se celebra el último sábado del mes de mayo. Durante esta fiesta tradicional, los vecinos, vestidos con trajes serranos, acompañan a la imagen de la Virgen desde la iglesia del pueblo hasta la ermita, haciendo una parada para tomar un aperitivo y cantar jotas a mitad del recorrido.
Las jotas tienen, además, un importante papel en las tradiciones de Montejo de la Sierra. Es más, desde niños aprenden las letras de estas canciones serranas para poder cantarlas en sus fiestas y romerías de generación en generación, y evitar que se diluyan en el tiempo.
Incluso, existen algunos grupos musicales dedicados solo a la investigación, recuperación y difusión de la cultura y música tradicional de la provincia de Madrid, como es el caso de Jaras de Alcor. Un grupo creado en 1988 con repertorio folclórico donde no faltan las jotas serranas de Montejo de la Sierra, entre otras músicas tradicionales de Madrid.
Si buscamos saúcos, fresnos, arces y salgueras, podemos optar por la Ruta del Camino Viejo a Horcajuelo y las Huertas. Una senda de apenas unos kilómetros y un recorrido circular sencillo (una hora de duración) que sale de la Ermita de la Soledad, y que discurre por un pintoresco paisaje entre huertos y prados de siega, por el antiguo camino que unía Montejo con Horcajuelo.
En la Peña de los Balagares encontraremos rocas de exquisitos alterados y, entre las brillantes micas, podremos ver abundantes granates de gran tamaño, especialmente de la variedad almandino. También a lo largo del camino vamos a descubrir un chozo que era usado por los ganaderos como refugio: de sencilla construcción, proporcionaba calor e impermeabilidad a sus ocasionales habitantes.
Desde Montejo de la Sierra están «encantados» de tener visitantes que disfruten al máximo de la experiencia natural de sus bosques y senderos. Por este motivo, también les ofrecen algunos consejos y recomendaciones importantes que hay que tener en cuenta. Avisan de que hay ganado en todos los recorridos, piden que no se les perturbe; que llevemos calzado adecuado para no hacer sufrir a nuestros pies, y que paseemos caminando o en bicicleta con responsabilidad, sin abandonar la senda señalizada.
Por último, en Montejo de la Sierra, la concejal nos invita a perdernos por sus calles. «Entre sus casas de adobe, y descubrir rincones con historia, como la Fuente de los Tres Caños o Pilón, construida en el siglo XIX pero que no fue inaugurada hasta 1927, durante una visita que hizo Clara Campoamor al pueblo «, destaca.
Es un ejemplo de conservación de la arquitectura rural de la Sierra Norte de Madrid, ya que todas las casas han sido restauradas siguiendo unas exigentes normas de respeto con la tradición y con la sostenibilidad.
En el centro de la localidad se encuentra la Iglesia de San Pedro en Cátedra, con una arquitectura de estilo barroco que fue construida entre los siglos XVI y XVIII sobre roca viva. Tiene dos naves, una espadaña de tres cuerpos con campanas fundidas en 1890 e interesantes obras de arte como el retablo mayor barroco o los del Cristo y el de San Juan Bautista, así como las que guarda la capilla mayor.
En nuestro paseo rural, nos vamos a encontrar con murales donde se representan motivos vegetales inspirados en el hayedo. Uno de ellos está firmado por Pablo Zabala, un artista vasco que suele participar en festivales de arte urbano a nivel internacional. En este caso, se adentra en el Hayedo de Montejo, enfocando un instante en el que la luz atraviesa el bosque y da lugar a diferentes gamas cromáticas.
Otro de los murales está en una de las paredes del polideportivo de Montejo de la Sierra, en este caso firmado por el cacereño Mural, un artista que desarrolla su trabajo en el espacio público y en especial en los entornos rurales. En este mural, Sojo ha representado una instantánea en la que podemos ver a una mujer bailando una ronda de jota.
El artista ha puesto el énfasis en el mantón bordado que porta la joven sobre sus hombros, detallando cada puntada y cada fleco del atuendo sobre el muro para destacar la importancia de la preservación del folclore.
«Son, sin duda, nuestro sello gastronómico. A eso se suma la buena carne de la sierra, protagonista en muchos de nuestros platos, y la miel local, con una calidad especial gracias a la variedad de flores silvestres de la montaña«, explica la concejal.
Todo esto se puede degustar en sitios como el Mesón El Hayedo, un sitio de toda la vida; así como en espacios más modernos con otras propuestas, como El Recuenco, que fusiona la tradición serrana con toques de cocina actual, o en el Monte del Tejo, donde los judiones con papada y chorizo se han convertido en todo un plato estrella.
Concluye Mantecón que la visita al Hayedo de Montejo y a la localidad de Montejo de la Sierra es «la oportunidad perfecta para desconectar de la ciudad y sentir la conexión con la naturaleza, disfrutando de un paisaje único y todavía poco conocido dentro de la región. Aquí se respira tranquilidad, se come de maravilla y se descubre un patrimonio natural y cultural que sorprende a quien lo visita por primera vez«.
Y es que Montejo de la Sierra, apunta, es de esos sitios que «se adaptan a cualquier plan: para las familias, es un lugar seguro y tranquilo donde los peques pueden corretear y descubrir la naturaleza; para las parejas, el escenario perfecto para una escapada romántica; y para los grupos de amigos, sinónimo de planazo, con buenas rutas y sobremesas largas. Sea cual sea el plan, aquí todo el mundo encuentra su sitio».
Texto
María Villardón
Diseño