Cataluña

ERC y PDeCAT reculan y renuncian a incluir explícitamente la independencia en su programa del 21-D

programa electoral
Oriol Junqueras y Carles Puigdemont (Foto: EFE)
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Liberación de los “presos políticos”, rechazo al 155 y recuperación del autogobierno serán los tres pilares de las promesas electorales del independentismo. La ruptura, al menos la unilateral, quedará en un segundo plano o directamente, ni se incluirá. En su lugar, los partidos apuestan por “matizar” su propuesta hacia una nueva oferta de referéndum pactado. En definitiva, República catalana plena, sí, pero no ahora.

Las prioridades han cambiado para las formaciones independentistas, tras constatar que el camino a la independencia, largo y convulso, ha tenido efectos inmediatos:  el Gobierno ha podido aplicar el artículo 155 sin aparentes contratiempos y la legalidad se ha aplicado sobre los responsables del procés.

La calle también ha cambiado los lemas. Las organizaciones secesionistas no han logrado mantener el clima de agitación de las semanas previas al referéndum y asumen la dificultad de sostener la movilización en el largo plazo. De clamar por la ruptura se ha pasado a pedir la libertad de los encarcelados: los líderes de ANC y Òmnium Cultural-convertidos en los auténticos ‘mártires’ del independentismo- el exvicepresidente Oriol Junqueras y los siete exconsellers.

El debate sobre el programa es, no obstante, un asunto menor, que se abordará con profundidad en las próximas semanas, una vez perfiladas las candidaturas.

Este martes se ha revelado la incógnita de si el independentismo concurriría al 21-D como uno solo, o evidenciaría en las urnas las tensiones que fracturan su convivencia. Finalmente, ERC ha dado portazo a reeditar cualquier alianza con el PDeCAT porque, señaló su portavoz, Sergi Sabrià, “la fórmula se había quedado pequeña”. Los republicanos querían incorporar a un hipotético acuerdo a la CUP, a parte de Podem y de Cataluña en Común, el partido de Ada Colau, que este mismo fin de semana rechazó la confluencia.

La decisión de ERC ha provocado malestar en las filas convergentes, donde había  razones de peso para apoyar esa vía. Entre los republicanos, era al contrario. Para empezar, las encuestas les son más favorables que en toda su historia política, y sabían que ir acompañados de un partido en caída podría dar al traste con las expectativas. El PDeCAT, en solitario, podría quedar ahora desplazado hasta la quinta posición. Los convergentes han arreciado en sus presiones a ERC para que aceptase una sola lista. Incluso cuestionando su “compromiso” con la República catalana. Porque nadie entendería, venían sosteniendo, que no se hiciesen “esfuerzos” en una situación “excepcional” como ésta.

Las presiones han llegado también desde la ANC, que abogó este martes porque los partidos independentistas sacrificasen “su interés inmediato para combatir multas, agresiones físicas y la falta de sentido democrático del Estado”.

Acuerdo de mínimos

Lo que sí está claro es que las listas incluirán a los dirigentes del Govern en Bruselas y también a los encarcelados, a los miembros de la Mesa  del Parlament y a otros altos cargos que en los últimos tiempos han destacado por su compromiso con la construcción de la República. El hecho de que estén inmersos en un proceso judicial no les inhabilitaría en tanto en cuanto no exista condena, sea ésta firme o no.

Más aún, el hecho de concurrir a los comicios es una baza en manos de las defensas para argumentar que la privación de libertad limita los derechos de sus representados al sufragio pasivo. Y también una excusa para sostener que no habrá riesgo de fuga o reiteración de delito, dos de los factores que determinan la prisión preventiva.

Rechazada la coalición, desde ERC sí son partidarios de que las formaciones independentistas pacten un programa común de mínimos y lleguen tras el 21-D a un acuerdo postelectoral.

Entre tanto, Puigdemont insistió este martes, en una entrevista en TV3, en que él será el candidato de su partido. “Puede ocurrir que sea un presidente de la Generalitat preso”, aventuró.

Entre los republicanos no convence lo más mínimo que Puigdemont se haya postulado como aspirante tras rechazarlo meses atrás, y menos aún, con Junqueras en la cárcel.

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