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El PSOE quiere un acuerdo a largo plazo con Rajoy sobre Cataluña

Pedro Sánchez
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. (Foto: EFE)
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El PSOE quiere que el clima de acuerdo con el Gobierno para hacer frente a la cuestión independentista perdure en el largo plazo. Ese pacto, fraguado en largas conversaciones privadas en los últimos días entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, se articula, por ahora, en el compromiso del Ejecutivo para abordar una reforma de la Constitución, a cambio del respaldo de los socialistas a las medidas excepcionales que el Gobierno pueda aplicar en Cataluña.

En fuentes socialistas se celebra que el presidente del Gobierno haya accedido “al fin” a hacer retoques a la Carta Magna. Y en el Ejecutivo se destaca la buena sintonía. Las relaciones, señalan fuentes gubernamentales, son “muy buenas”. Un clima que poco o nada tiene que ver con las semanas anteriores, cuando el PSOE arremetió con dureza contra el Gobierno por las cargas policiales el 1 de octubre y anunció la reprobación a la vicepresidenta. O cuando se negó a respaldar en el Congreso una iniciativa de Ciudadanos en apoyo al mismo presidente.

En Ferraz existe el convencimiento de que ese principio de entendimiento es firme, y también que marca el inicio de una senda nueva de relaciones en una legislatura, compleja e inevitablemente afectada por la crisis con Cataluña. “El acuerdo con PP traslada tranquilidad a la ciudadanía”, trasladan en fuentes socialistas. En el Ejecutivo, añaden, además, la imagen de “seriedad institucional” de Gobierno y oposición unidos frente al secesionismo.

El acuerdo irá paso a paso. En los próximos meses, en una comisión-propuesta por el PSOE y con el visto bueno del PP-para la revisión del modelo autonómico. Después, en otra que abordará de lleno la reforma de la Carta Magna.

En el PSOE destacan que es un paso importante, porque, hasta ahora, Rajoy siempre se había resistido a la reforma. “Creo que se ha convencido de que hace falta”, concluyó este miércoles el líder socialista.

Discrepancias

Aunque el entendimiento es bueno, eso no significa que las conversaciones estén exentas de tensión. Vendrán cuestiones difíciles, que enfrentan a ambos partidos, como la discusión sobre el polémico concepto de ‘plurinacionalidad’ de Sánchez, rechazado por el Ejecutivo.

Rajoy ya aseguró este miércoles, en su comparecencia en el Congreso, que la Constitución era revisable. Pero en el Gobierno se siguen marcando las líneas rojas: la reforma del gusto del presidente es limitada. Quizás una revisión de las competencias, para que queden bien definidas, y asuntos de financiación. Y siempre con un amplio acuerdo entre formaciones. Por supuesto, nada que pueda poner en riesgo la soberanía nacional y la unidad, o que pueda servir de argumento a los independentistas.

Punto de inflexión

En cualquier caso, este principio de acuerdo con los socialistas sí marca un punto de inflexión en las relaciones.

En el Gobierno se ha insistido en que ninguna medida drástica con Cataluña-155-se aplicaría sin el concurso del principal partido de la oposición. Aún cuando parecía prácticamente imposible que Sánchez accediese a respaldarlo. Aunque a regañadientes, el PSOE, finalmente, sí respaldará su aplicación. Por sentido de Estado, argumentaron fuentes socialistas, y porque entienden que su finalidad última debe ser limitada a la convocatoria de elecciones. 

El acuerdo se fraguó tras muchas reuniones, en privado, entre Rajoy y Sánchez. Y en otras, en paralelo, entre sus equipos de confianza. La muestra de que el Gobierno quiere caminar con el PSOE en Cataluña es que Rajoy telefoneó al líder socialista la misma noche que Puigdemont consumó su pulso al Estado. Le instó a acudir a Moncloa. Y juntos negociaron y conversaron hasta altas horas de la madrugada.

El gesto fue distinto, en cambio, con Albert Rivera. Entre ellos solo existió una conversación telefónica, ya al día siguiente, en la que Rajoy le comunicó lo pactado con Sánchez.

La buena sintonía entre Gobierno y PSOE ha provocado un cierto malestar en Ciudadanos, donde aprecian un nuevo ‘desplante’ del Ejecutivo. El mismo que ya vivieron en las negociaciones para la investidura.

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