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España se echa a la calle para despedir a Miguel Ángel Blanco

España se echa a la calle para despedir a Miguel Ángel Blanco
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Madrid es ciudad de catarsis. La de esta tarde está hecha de revolución ante ETA y epílogo por Miguel Ángel Blanco. Apenas se puede andar por el centro. Transitar cien metros cuesta una hora. Por primera vez en la historia, los madrileños no tienen prisa. Se recrean en el momento como si no pudieran pensar en otra cosa. La Puerta del Sol concita a ciudadanos, políticos y periodistas. Vienen todos con la convicción de que el ejemplo de Blanco traspasará épocas, ideologías y colores políticos.

A la cabeza de la marcha, el presidente del Gobierno, José María Aznar, el arquitecto de la España actual, Adolfo Suárez, y los líderes de la oposición, el socialista Joaquín Almunia y el comunista Julio Anguita. Más de un millón y medio de personas salen de sus casas y concatenan los pasos junto a otras personas que con distintos pasos dicen “basta ya” al terrorismo. La condena emparenta a los contrarios de manera unánime.

Miguel Ángel Blanco ya no está pero la fuerza de su ejemplo también empuja en las calles de Barcelona —un millón de personas–, Sevilla —500.000—, Zaragoza —300.000—, y de Valencia y Tenerife. Es la concentración más numerosa de la historia de España hasta este 14 de julio de 1997. Nuestro país es un mosaico gigante de manos blancas que miran al cielo.

Caras anónimas, libres y sin medio se hacen protagonistas frente a la barbarie y dan continuidad a ese Espíritu de Ermua que desde el pasado 10 de julio acompaña a la familia de Miguel Ángel Blanco, herida ahora por el tiempo y la ausencia después de que el concejal del PP no pudiera sobrevivir a los dos tiros de los pistoleros de ETA. En todos los lugares, en cada tramo de las manifestaciones, se repiten los mensajes de las pancartas: “Basta ya”, “Vascos sí, ETA No”, “Ley, palabra”.

Adiós y recuerdo

Horas antes de que una marea humana marque el ritmo de las calles en las ciudades y los pueblos, Miguel Ángel Blanco ha sido enterrado en el cementerio de Ermua. Si la localidad vizcaína tiene algo menos de 16.000 habitantes, al entierro han acudido todos los que emparentan con la libertad y el respeto. La gente ha seguido la estela del féretro para dar el último adiós al chico que soñaba con ser el mejor batería del mundo.

Su novia, Marimar Díaz, ha metido sus baquetas en el ataúd. El grupo Póquer ya no volverá a sonar igual pero la nueva realidad política y social del País Vasco suena como nunca antes. Su madre, Consuelo Garrido, y su padre, Miguel Blanco, han seguido a Marimar Blanco en todo momento. Cuesta arriba, camino del camposanto, no se ha oído más rumor que el de los pasos sobre el suelo.

Funeral de Estado

Antes de que se quedara a solas con la eternidad, Miguel Ángel tuvo tanta compañía que la iglesia del pueblo se quedó sin espacio. El alcalde de Ermua, Carlos Totorika, exigió que, al menos, la mitad del templo estuviera ocupada por los vecinos. El resto, para las autoridades. Hasta la localidad han acudido el príncipe Felipe y el presidente del Gobierno, José María Aznar. También los anteriores: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo y Felipe González.

Las ventanas de Ermua han sido una constante de sábanas blancas con crespones negros. Ahora que todo termina, todo empieza. Miguel Ángel Blanco ha anticipado el futuro: ETA ha condenado a ETA. El porvenir se asentará en el recuerdo de estos días. El reto es cuidarlos, darles lustre para que esta sociedad que hoy cambia y seguirá cambiando nunca sea presa de la desmemoria ni rehén del olvido.

“Recuérdenlo”, dice una camiseta sobre el cuerpo de un niño. Recuerden el ejemplo del chico que creyó a pies juntillas en la palabra ‘libertad’. Recuerden que una vez hubo alguien en un pequeño pueblo de Vizcaya que nos hizo aspirar a más, que nos hizo pensar que podíamos ser mejores.

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