Ahora sí, ¡LA IGUALDAD HA LLEGADO!

Ahora sí, ¡LA IGUALDAD HA LLEGADO!
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Las cuatro llegaron al plató de Antena3 pisando fuerte, sin necesidad de apelar a sus “armas de mujer” para demostrar que eran capaces de representar a los partidos que las habían designado. Yo guardaba la esperanza de que el evento de anoche, no por ser mujeres, sino por ser su primera experiencia de este estilo, fuera diferente a lo que estamos habituados en los candidatos a la presidencia. Desafortunadamente lo que vimos ayer fue una réplica de lo que vamos a encontrarnos el próximo lunes. Malos modos, descalificaciones personales, interrupciones, acusaciones, pero… ¿quién les ha enseñado oratoria?

Las cuatro debatientes de ayer: Margarita Robles, Carolina Bescansa, Inés Arrimadas y Andrea Levy, son una buena copia, en femenino, de sus correspondientes líderes. ¿Tan difícil es defender las opiniones de uno sin faltar a nadie? En realidad no. Una buena gestión de emociones es un plus en oratoria, y así lo ha demostrado en su vida política el aún presidente de Estados Unidos. En ningún debate, ni con John McCain ni con Mitt Romney tuvo Obama una palabra más alta que otra. Ni siquiera cuando sus adversarios le llamaron “terrorista” o “no americano”.

La reina de las interrupciones, desde luego, fue Andrea Levy. Su inexperiencia le pasó factura. Apoyándose en el atril constantemente dejó a un lado la postura de equilibrio en las caderas que se debe mantener al hablar en público, lo cual ayuda a exponer sin alterarse. Su posición de ataque continuado contra sus contrincantes se percibía un tanto, a la desesperada. Margarita Robles jugó la baza de la experiencia, a veces tornándose serena pero otras, usando un tono de voz agrio, bastante desagradable, y un dedo acusador que más le valdría a su partido para recapacitar. Carolina Bescansa se mostró, como Iglesias, conciliadora. ¿Será que el bolígrafo en la mano –símbolo de que un orador no sabe mover de forma adecuada las manos- les da especial calma? Para una vez que interrumpió a Margarita Robles, y esta le recriminó, le pidió disculpas. El problema de Carolina es que no sabe jugar bien con la voz y, como decía algún tuitero con mala idea, a esas horas de la noche, “una voz así es mejor que el orfidal”. Inés Arrimadas empezó bien, se nota su experiencia en el Parlamento Catalán pero se le notaba cansada; en varias ocasiones pronunció de manera incorrecta ciertas palabras. Trató de mantener la serenidad pero “entró al trapo” con Andrea Levy con demasiada facilidad. ¡Albert, dale un respiro! Espléndido minuto final de Arrimadas y Bescansa. Robles ni siquiera miraba a cámara y Levy estaba demasiado nerviosa.

Las cuatro oradoras que anoche aportaron su grano de arena a esta campaña electoral -que peca de parecerse cada vez más al “día de la marmota”- no mostraron la educación, la serenidad y el “saber estar” que su “frescura” en política hacía sospechar. El debate acabó siendo tan aburrido como posiblemente lo sea el del lunes, y los españoles, cada vez más desencantados de la política, seguro que encontraron en dormir, algo más interesante que verlas discutir. Eso sí, fue un ejemplo de “igualdad”.

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