¿Qué provoca mala imagen en la empresa?

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Empresario caminando por la calle (Fuente:Getty)
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Un emprendedor acostumbra a ser una persona con experiencia en el ramo donde inicia la actividad pero que, en cambio, no ha realizado tareas directivas. Esta falta de experiencia puede comportar una serie de problemas en relación con la imagen que transmite la empresa a su público objetivo.

A continuación, presentamos algunos de los problemas que suceden de forma más habitual:

  • Falta de un plan de empresa sólido: en un principio, el emprendedor puede precisar de captar capital de algún socio o de conseguir la colaboración de otro profesional. Si éstos no reciben una información completa sobre la viabilidad a medio y largo plazo del negocio, no habrá colaboración.
  • Incapacidad para mostrar una dirección sobria: de una persona que está al frente de una empresa se espera que sea capaz de tomar decisiones después de haber estudiado con detenimiento todos los aspectos alrededor de la situación. Si, en cambio, se nota una cierta impulsividad, ello echa atrás a los otros agentes.
  • Incapacidad para transmitir los valores de la compañía: el emprendedor debe de impregnar con su personalidad e ideas el resto de la organización. Si no es capaz de hacerlo, la empresa no será reconocible.
  • Inflexibilidad ante cambios en el entorno: la idea inicial puede tener que moldearse de acuerdo con las distintas situaciones que se den en el mercado y las preferencias de los consumidores.
  • Falta de coordinación entre departamentos: no hay que entender las secciones como órganos independientes que deben de cumplir una serie de objetivos propios y distintos. La comunicación a todos los niveles es clave y hay que fomentarlo.
  • Voluntad de ganarse el respeto mediante imposiciones: el objetivo de la dirección es que aquellas personas encargadas de realizar las tareas las desempeñen de la forma más productiva posible. Por ello, la imposición sin dar voz al grupo o dirigirse de una forma imperativa, provoca justamente lo contrario.
  • Poca descentralización y planificación de las tareas: cada persona del equipo debe de tener claras sus funciones, en qué plazo realizarlas y su nivel de responsabilidad.
  • Generar competencia negativa dentro de la organización: con la finalidad de generar incentivos, algunos emprendedores ofrecen incentivos a aquellos grupos o personas que consiguen iguales resultados. Ahora bien, este punto entraña un gran riesgo: que se ponga por delante el bien individual al global. Por ese motivo, son preferibles los objetivos globales a nivel de organización, no sectoriales.
  • Ofrecer distintas ofertas a clientes de igual perfil: en un sector, es habitual que aquéllos que operan en él se conozcan. Por ese motivo, si a clientes que comparten necesidad se les ofrecen precios o condiciones distintos, es probable que se acabe sabiendo. Este punto generará insatisfacción en la compañía que goza de los puntos menos favorables y exigirá los mismos.
  • Falta de voluntad para asumir riesgos: toda actividad emprendedora implica soportar riesgos a distintos niveles, sobre todo económicos. Para mantenerse en el mercado, además, es necesario adaptar a la compañía aquellas innovaciones necesarias para mantener la competitividad respecto la competencia.
  • Presentar el producto o servicio con atributos no del todo ciertos: con la voluntad de incrementar ventas, algunas compañías exageran los beneficios que reporta un producto. Se trata de un gran error, porque se generan falsas expectativas. Como consecuencia, la imagen de la compañía queda dañada, ya que los clientes harán notar en todos los espacios donde puedan su enfado.

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