El empleo, ‘salvavidas’ de las supervivientes de violencia de género en las Jornadas ‘Testigos del cambio’ de Clece

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El empleo, 'salvavidas' de las supervivientes de violencia de género (Foto: iStock)
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El 65% de las mujeres víctimas de violencia de género en España no tiene trabajo, según datos de la Fundación Adecco

Conseguir un empleo proporciona autonomía, independencia económica y una mejora de la autoestima

El 65% de las mujeres víctimas de violencia de género en España no tiene trabajo y otro 16% tiene un empleo sin contrato, en la economía sumergida, según los últimos datos proporcionados por la Fundación Adecco. En total, ocho de cada diez mujeres que sufren maltrato no tiene acceso al mercado laboral, lo que supone una dependencia económica de su agresor y un freno a las denuncias para salir de esta situación. Los expertos insisten en que conseguir un puesto de trabajo es el paso final para tener autonomía y recuperar las riendas de su vida.

La integración laboral es el último eslabón de la cadena para salir de la violencia de género. “El mecanismo preventivo para evitar futuras situaciones de violencia pasa porque las mujeres tengan un nivel de solvencia económica y esto pasa por tener un empleo”, subrayó Daniela Macías Suárez, delegada social de Clece durante las jornadas Testigos del cambio organizadas por Clece, filial de ACS.

Conseguir un empleo es una vía de escape para la mujer maltratada: le proporciona autonomía e independencia económica, ya que puede pagar sus facturas con sus ingresos y le permite no depender de su agresor; mejora su autoestima y se siente realizada porque se ve capacitada para desempeñar las funciones de su puesto de trabajo; le permite crear vínculos sociales y redes de apoyo aparte de su familia; desconectar de sus problemas y tener una motivación para luchar cada día.

María trabaja en el servicio de ayuda a domicilio de Clece. Nació en  Valladolid y cuando cumplió dieciocho años se quedó embarazada. Tras convertirse en mayor de edad, se casó perdidamente enamorada del que era su novio. Todo empezó a cambiar y él comenzó a “hacer cosas que no tenía que hacer. Fueron 21 años aguantando. He estado en bastantes casas de acogida con una mano delante y otra detrás. Las trabajadoras sociales me derivaron a Clece y la empresa me contrató: primero, tres meses de prueba y después me hicieron un contrato indefinido”.

Como María, otras 168 mujeres han sido contratadas por la compañía a través de su programa ‘Proyecto 139’, que pretende reinsertar a las mujeres en el mundo laboral. “Imagínate que estás en el mar y te estás ahogando y no tienes nada donde agarrarte. Tener trabajo fue como si te lanzaran un salvavidas: tener casa, tener tu agua caliente, tu plato de comida en la mesa y no estar preocupada pensando “Y mañana, ¿qué?”. Es una satisfacción no depender de nadie, tener una vida normal. Me siento realizada porque es un trabajo que sé hacer y encima te tratan bien. Hacer bien a la gente me gusta mucho. Si tú recibes bien, tienes que dar bien”.

Objetivo: eliminar prejuicios

Pese a que están haciendo avances en esta línea, la contratación de víctimas de violencia de género por parte de las empresas sigue siendo una asignatura pendiente porque existen diferentes prejuicios. “Existe el miedo a que aparezca el maltratador en el centro de trabajo, a que sean mujeres psicológicamente frágiles, al bajo rendimiento en su puesto de trabajo o a tener que tratarlas diferentes y que se produzca un agravio comparativo con el resto de plantilla”.

Con este tipo de acciones, Clece pretende ‘contagiar’ a las empresas y eliminar los prejuicios y estereotipos existentes. “A través del empleo y de incorporar a estas mujeres a nuestra plantilla, nuestro objetivo es sensibilizar a otras empresas para que hagan lo mismo; colaborando con el tercer sector (organizaciones y asociaciones) para ayudarlas a salir de esta situación”, apunta Macías.

“Tú no eres la culpable, nadie se merece ser víctima de violencia de género, no te ates, la vida es vuestra, hay vida después de todo”, decían varios rostros del maltrato que han vuelto a la vida. Han vuelto a recuperar la esperanza gracias a un trabajo.

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