Ribera impulsará las energías limpias

El error de cálculo de Zapatero con las renovables que Ribera debe tener en cuenta

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Teresa Ribera, ministra de Transición Energética (Foto. EFE)
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Teresa Ribera, ministra de Transición Energética, tiene toda la carne en el asador para pegar un impulso sin precedentes a las energías renovables y acabar con el ‘impuesto al sol’. Sin embargo, la nueva líder de la energía española, aunque cuenta con amplia experiencia en el sector, tendrá que revisar los errores del pasado de José Luís Rodríguez Zapatero para no caer en fallos futuros. El Ejecutivo socialista falló fundamentalmente en el marco regulatorio, un desacierto que frenó el desarrollo de las renovables y, además, dejó a los pequeños inversores absolutamente endeudados por el recorte de las primas.

España deja de ser un lastre para el cambio climático”, comentaba este mismo lunes en la reunión de ministros de la Unión Europea (UE) en Luxemburgo. La ministra, que pretende ser transcendente en Europa en materia energética, defiende a ultranza la cuota del 35% de renovables en 2030 y la supresión del impuesto que grava el autoconsumo impuesto por José Manuel Soria -más conocido como impuesto al sol-.

Cabe recordar, que la andadura en el desarrollo de las energías limpias comenzó con el Gobierno del PP de José María Aznar a finales de los años 90, concretamente en el año 97 se aprueba una nueva legislación (Ley del Sector Eléctrico 54/1997) que permitió un mayor desarrollo de las renovables.

Una senda alcista que siguió adelante con el PSOE de Zapatero, la actividad de las renovables se reguló a partir del Real Decreto 661/2007. Dos legislaturas durante las que se animó y se fomentó la inversión en energías limpias como la fotovoltaica por parte de pequeños inversores y pymes que recogían una buena rentabilidad por las primas a las renovables marcadas por el precio del mercado.

Sin embargo, el ‘efecto llamada’ desde el Estado fue tan grande y el marco regulatorio tan débil que la inversión se multiplicó y se disparó tanto entre inversores pequeños como grandes fondos extranjeros que vieron un filón en las renovables y que, a diferencia de los primeros, supieron salir a tiempo del sector para no quedar atrapados.

Sergio de Otto, vicepresidente de la Fundación Renovables, comenta que Zapatero al llegar al poder “habló de grandes proyectos para el sector”, sin embargo, cree que es con este Real Decreto se cometió, efectivamente, “un error de regulación”.

Especifica el experto que para llegar al 85% de este plan de energía “se tenía un plazo de un año” para seguir adelante con los proyectos en fotovoltaica. Una circunstancia, según explica De Otto que “abrió una puerta para una retribución muy buena por un tiempo demasiado amplio”, un hecho que sirvió para “la especulación por parte de algunos inversores, mientras que el señor que metió sus ahorros en placas fotovoltaicas se vio dañado con los recortes posteriores a las primas en octubre de 2008”.

El sector de la energía verde, que hasta ese momento era el ‘ojito derecho’ del Ejecutivo de Zapatero, se puso en pie de guerra porque cientos de proyectos eólicos y fotovoltaicos quedaron en el Olimpo del Ministerio de Industria por la tensión regulatoria. Todo el mundo se había apuntado a un carro que estaba desbordado y cuando Energía quiso subsanar el error ya era demasiado tarde.

En 2013, con el PP de Rajoy de nuevo en Moncloa, se aprueba una nueva reforma energética que cortó el grifo de las primas a las renovables de hasta el 40%. Unos recortes que se llevaron hasta el Tribunal Constitucional, aunque esté dio un espaldarazo a la hoja de ruta del Ejecutivo popular.

“Este error regulatorio ha servido para demonizar las renovables y sirve para echar la culpa a las fotovoltaicas del déficit de tarifa”, aseguran desde la Fundación Renovables.  Cree, además, que “si se hubieran hecho bien las cosas” desde el Gobierno y “se hubieran pagado mucho menos en primas a las renovables habrían sido una gran inversión”.

En definitiva, un error de cálculo en el marco regulatorio del sector de la energía ha mermado la competitividad del sector a nivel europeo. Y, además, ha dejado endeudados a aquellas pymes y pequeños ahorradores que invirtieron su capital -a crédito– en la instalación de parques fotovoltaicos que no han sido tan beneficiosos como se esperaba.

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