Economía

Susana, Pedro, Patxi y la economía

Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, candidatos a las primeras del PSOE. Foto: EFe

En 1949 se realizaron las primeras elecciones en la Alemania de posguerra. Ganó la Unión Cristiana Democrática (CDU, por sus siglas en alemán, partido que hoy lidera Angela Merkel) con un 31% de los votos, con una ligera ventaja sobre los socialdemócratas (SPD), que obtuvieron el 29%. Adenauer fue elegido Canciller y nombró a Ludwig Erhard Ministro de Economía.

Erhard continuó la liberalización económica que él mismo había comenzado en 1948, cuando Alemania Federal aún estaba tutelada por las potencias ganadoras de la Segunda Guerra. Esa política supuso un cambio radical tanto frente a la gestión económica nazi, como frente al dirigismo de posguerra y la tendencia keynesiana entonces en auge. Hubo dificultades iniciales, mayor inflación y aumento del paro. Sin embargo, esa política permitió que en apenas 20 años Alemania pasara de estar literalmente en escombros a ser una potencia mundial.

Los socialdemócratas anunciaron muchas veces el “fracaso” de esa política económica. Decían que era “imposible” reconstruir Alemania mediante la economía social de mercado. En el Parlamento pidieron la destitución de Erhard e incluso que se le dejara de pagar su salario como ministro.

En 1953, las nuevas elecciones dieron la razón al dúo Adenauer-Erhard: la CDU consiguió más del 45% de los votos (55% contando a sus aliados liberales), mientras el SPD mantuvo su 29% y el comunismo perdió todos sus diputados. Con inteligencia, el SPD moderó sus críticas a la política económica y pasó a apoyar abiertamente algunos aspectos de la misma, como la defensa a ultranza de la estabilidad monetaria (unidad de criterio que sigue hasta nuestros días). El cambio de actitud del SPD, rendido a la evidencia, contribuyó a que la economía alemana continuara creciendo con fuerza durante 25 años más.

Durante los gobiernos de ZP, el PSOE implementó una política económica temeraria (aumentar el gasto público en épocas de bonanza y aumentarlo aún más en la crisis) sin hacer ninguna reforma relevante. Así, los 20 años de crecimiento de la economía española dieron paso a la mayor crisis desde la Guerra Civil, cuyas consecuencias aún padecemos.

Con Rajoy en La Moncloa comenzó una política de saneamiento económico, con control del gasto público y reformas de fondo (mercado laboral, sistema financiero, sistema de pensiones, esquema tributario, etc.). Los resultados positivos son indiscutibles. La economía lleva cuatro años creciendo y creando empleo más de lo previsto. Los ciudadanos respaldaron esa política económica, dando el triunfo al PP en las dos últimas elecciones generales.

Igual que el viejo SPD alemán, el PSOE, primero con Rubalcaba, luego con Sánchez y ahora con la “gestora”, continúa negando la evidencia y promueve iniciativas contrarias a las políticas que dieron buenos resultados (por caso, la intención de derogar la reforma laboral). En su reciente debate, Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López mostraron no haber comprendido que cualquier política social sostenible debe basarse en una economía sólida. Menos aún parecen entender, como sí han hecho los socialdemócratas alemanes y escandinavos, que una economía sólida solo se alcanza mediante una mayor libertad económica. Más bien, dieron la impresión de ratificarse en sus prejuicios (“el mercado lo manejan especuladores”, “necesitamos un estado emprendedor”, etc.).

La crítica que puede hacerse a la política económica en marcha es la opuesta a la que hacen los socialistas: el no ser más ambiciosa en las reformas que faltan. Reformas que, en esencia, aumenten la competencia allí donde falta o es escasa (farmacias, servicios profesionales, educación, salud, energía, etc.). Pese a haber perdido casi seis millones de votos y la mitad de sus diputados, el PSOE aún no es capaz de aprender de la experiencia del SPD alemán. ¿Cuántos votos y diputados menos, cuántas crisis y paro más, harán falta para que lo entienda?