¿En qué destacan las cajas de ahorro y cooperativas de crédito?

¿En qué destacan las cajas de ahorro y cooperativas de crédito?
Firma de un contrato. (Foto: Getty)
Comentar

Una de las consecuencias de las fusiones bancarias que se vivieron hace unos años fue la práctica desaparición de las cajas de ahorro. Muchas de ellas, consecuencia de una mala gestión y por el afán de querer crecer más allá de lo que les permitía su estructura, quedaron absorbidas por los grandes bancos que lideraron estos procesos.

Ahora bien, una serie de pequeñas cajas de ahorro consiguieron esquivar estas fusiones y mantener su estructura y esencia. Junto con las cooperativas de crédito, se presentan como un modelo alternativo de gestión que explicamos a continuación.

¿Cómo funcionan las cooperativas de crédito y cajas de ahorro?

La inversión en el sector inmobiliario y la expansión territorial más allá de su zona de negocio habitual causaron grandes agujeros en las cuentas de muchas cajas de ahorro. Ahora bien, otras no cayeron en estas tentaciones y siguieron manteniendo el mismo modelo de negocio.

Encontramos ejemplos como la Caixa Pollença y Caixa Ontinyent, junto a otras cooperativas como Caja de Ingenieros o Caixa Popular. Todas ellas presentan una serie de características comunes que las hacen especialmente interesantes:

  • Ratio de morosidad muy baja: en un contexto en el cual el sector financiero se abocó de forma desenfrenada hacia el ladrillo, estas entidades decidieron seguir apostando por el negocio tradicional de ayuda a la pequeña y mediana empresa y no entraron en el juego de la inversión inmobiliaria. Gracias a ello, su ratio de morosidad es más baja que la de los grandes bancos.
  • Apuesta por la proximidad: acostumbran a invertir en proyectos de la zona en la cual operan. Gracias a su conocimiento del territorio, entablan una relación muy estable con sus propios clientes, que son muy fieles y recomiendan la entidad a sus allegados. Por lo tanto, consiguen nuevos clientes especialmente gracias a la prescripción.
  • Crecimiento limitado: las propias entidades son conscientes que no pueden (ni quieren) crecer en exceso. Basan su existencia, por lo tanto, en conseguir una eficiencia y rentabilidad altas sin necesidad de disponer de un gran tamaño.
  • Número reducido de oficinas: todas aquellas operaciones diarias se hacen sobre todo a distancia. Están situadas en pocas localidades, en zonas muy concretas. Ello va relacionado con el objetivo de ser lo máximo de eficientes y rentables posibles, ya que cada oficina supone un coste importante.
  • Los trabajadores son socios de la cooperativa: en el caso de las cooperativas de crédito, las mismas personas que trabajan en la entidad son a la vez socios cooperativistas. Por lo tanto, son los primeros interesados en el correcto desarrollo y funcionamiento, ya que de ello depende de forma muy directa su futuro. Se asegura, por lo tanto, una mayor implicación y preocupación hacia el cliente.
  • Gestión conservadora: el hecho que presenten una ratio de morosidad muy baja es el indicador más claro de este punto. No acostumbran a realizar inversiones arriesgadas que pueden causar algún problema a su sostenibilidad.

Últimas noticias