El serbio domina 2-1 a la suspensión

Nadal se acuesta un set abajo ante Djokovic y necesita otro milagro en Wimbledon

Nadal
Nadal se lamenta en su encuentro con Djokovic. (Getty)
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Rafael Nadal cedió las primeras papeletas para meterse en la final de Wimbledon, pero seguirá luchando dentro y fuera de la pista para estar el domingo en la central del All England Club disfrutando de la lucha por el trofeo en el tercer Grand Slam del año. Las condiciones y los condicionantes previos al encuentro supusieron una fuerza infranqueable para el número uno del mundo, que sucumbió ante Novak Djokovic (4-6, 6-3, 6, 7) en el primer asalto de la segunda semifinal de Wimbledon, aunque pudo mantenerse vivo para tratar de lograr el segundo milagro del torneo en un sábado en el que intentará el imposible de remontar un 2-1 adverso a uno que ocupa un puesto junto a él entre los mejores tenistas de la historia.

El encuentro, interminable, agónico y para muchos fans incluso odioso, que midió a Isner y a Anderson con el último como vencedor, tuvo su réplica en un duelo de espadachines en el que la finura de Djokovic pareció imponerse en cada juego hasta ser replicada por el héroe agónico de todo luchador, un Rafael Nadal que representa a una generación que ha crecido en torno a la negativa de la rendición, gracias al manacorense.

El primer set fue a parar a territorio serbio, tras un bajón esperado de Nadal y aprovechado a las mil maravillas por un Novak cuyos ojos desprendían la malicia de antaño, suficiente para hacer bueno el break y apuntarse la primera manga de un encuentro que apuntaba a la historia de Wimbledon.

Rafa nunca muere, es un auténtico gato, pero en vez de tener siete vidas cuenta con cientos de ellas, repartidas a lo largo de su prolífica e idolatrada carrera deportiva. En un capitulo más de sus hazañas, el manacorense levantó una situación que se prometía dramática en el inicio del segundo set para acto seguido quebrar el saque de Djokovic y tomar una ventaja atractiva en busca de la igualada.

Los ojos de Nole, sin embargo, recordaban a los de ese número uno que no dejaba resquicio de esperanza a sus rivales, y pronto igualó la contienda. La pista central, cubierta, del All England Club, sucumbía ante dos auténticos genios del tenis. La espera había merecido la pena y la noche del viernes no planeaba ningún evento de mayor calibre que la batalla entre dos genios históricos de la raqueta.

Los golpes se sucedían y habrían derrocado a un ejército de gigantes, pero no a Nadal, que no tuvo ni que recuperarse del contrabreak de Nole para devolverle la patata, a punto de explotar, con una nueva rotura que no dejó margen de maniobra a las tablas en el marcador tras dos sets jugados y disfrutados por el público nocturno de Wimbledon. 6-3 para Rafa, la lucha continuaba.

Una tercera manga para la historia

El tercer set se presumía como el de inflexión, el de la decisión de un encuentro que tenía el inconveniente de las 12 de la noche como excusa para no continuar con un partido de órdago que tenía como objetivo superar en emoción y nivel el Del Potro-Nadal de cuartos. El toma y daca desde ambos lados no podía tener otra solución que el tie break para determinar al portador del 2-1.

Cuando los dioses no encuentran soluciones inventan una nueva y Nadal, uno de aquellos que forman parte del Olimpo le pese a quien le pese, luchó lo indecible para forzar el desempate frente a un sobresaliente Djokovic, y una vez inmerso en el abismo, supo aguantar al límite con puntos ilusionantes que, por desgracia, no le dieron el rédito suficiente para apuntarse el set. Nole, con su juego elástico, versátil e inamovible, culminaba la bola de set mientras el reloj daba las 12 y provocaba el despido momentáneo de dos artistas que seguirán el sábado su batalla por la final de Wimbledon.

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