El manacorense sólo concedió un juego a su rival (6-1, 6-0)

Dzumhur paga los platos rotos en el estreno triunfal de Nadal en Roma

Nadal
Nadal golpea un revés en el partido con Dzumhur. (AFP)
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Rafael Nadal se estrenó con firmeza y despejando fantasmas en el Masters 1000 de Roma. El tenista español se impuso a Damir Dzumhur (6-1, 6-0), que pagó los platos rotos de la derrota en Madrid del rey de la arcilla. Fue un duelo perfecto para el manacorense, en el que pudo desquitarse de la derrota en Madrid, coger ritmo ante un rival que permite intercambios largos y así reencontrarse con su mejor juego. Como colofón, el único rival que ha sido capaz de derrotarle en tierra y al que se habría encontrado en cuartos de final, Dominic Thiem, cayó eliminado del cuadro a las primeras de cambio ante Fabio Fognini. Lo dicho, un día redondo para Rafa.

Después del enfrentamiento del Open de Australia, en el que Dzumhur salió acribillado por los golpes de Rafa, el bosnio visitaba al español tras su derrota más dura del año y con la necesidad de coronarse en Roma para regresar al número uno. La afrenta se prometía dura y el inicio de Nadal, con cuatro juegos consecutivos, confirmaba los presagios.

Concentrado hasta el extremo y sin dar una pelota por perdida, el rey de la tierra tenía esa mirada en la que deja claro a los rivales que no tienen opción alguna de encontrarle una grieta. En media hora, y con apenas intercambios de calidad incluidos, Nadal cerraba la primera manga por 6-1 y haciendo las cosas aún más fáciles de las que estaban siendo sobre la pista central del complejo romano.

Rozando la perfección en su estreno

Dzumhur es un jugador atípico en un momento en el que el circuito parece haberse convertido en una aglomeración de pegadores. El tenista bosnio es ese elemento extraño que sufre sobremanera al servicio y suma muchos de sus juegos con una efectividad brutal al resto, fruto de su poderosa cabeza y capacidad de sufrimiento. Esta tipología de juego suele funcionarle y le ha llevado incluso hasta los títulos ATP, pero si hay un jugador ante el que se vuelve inerte es con Rafa Nadal, un muro al otro lado de la pista que en tierra da tan pocas opciones al saque como el mejor sacador, y al resto no da opción ante una mínima debilidad.

De nuevo con un 4-0 inicial, Rafa decantó de forma tempranera la segunda manga, en la que Dzumhur sacó por momentos lo mejor de su repertorio, con golpes notables que resultaron infructuosos ante la mejor versión de un Nadal que bajó de las alturas de Madrid dolido por la derrota ante Thiem y sólo tiene en su mente recuperar el cetro mundial en Roma, donde lleva varios años sin proclamarse emperador.

 

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