Trofeo Santiago Bernabéu: Real Madrid - Milan

Listos para la Supercopa

Convocatoria del Real Madrid
Los jugadores del Real Madrid celebran un gol ante el Milan. (EFE)
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Victoria solvente y convincente del Real Madrid ante el Milan en el Trofeo Bernabéu. Lopetegui tiró de la vieja guardia porque Julen no es tan osado como Zidane. Ante el Atlético el Madrid irá con todo y jugarán los veteranos aunque lleven menos entrenamientos. La vieja guardia respondió y marcaron Benzema y Bale. También Higuaín, que se llevó los pitos del Bernabéu. Los aplausos fueron para Modric y para Vinicius, que dejó detalles del jugador que va a ser.

Dispuso Lopetegui en el Real Madrid un once similar al que podría jugar el miércoles ante el Atlético por la Supercopa. Estaba Keylor bajo los palos en uno de sus últimos partidos como titular y estaban por delante los cuatro de siempre, los que van a jugar los partidos gordos esta temporada también: Carvajal, Ramos, Varane y Marcelo. Por delante faltaba Modric, el último en llegar y pasar por caja, pero sí estaban Casemiro, Kroos e Isco, con lo que había sitio para que Asensio entrara arriba a acompañar a Bale y Benzema. Vamos, en cuanto esté Modric para jugar (y renovado) los del año pasado con Bale por Cristiano.

Pronto, prontísimo, Benzema hizo el 1-0 tras una asistencia de Carvajal. En realidad, el lateral hizo casi todo el trabajo remontando la línea de fondo y poniéndosela en la cabeza al delantero francés. Karim la empujó dentro y eso también tiene su mérito. El partido iba de arietes frustrados y proscritos porque en el minuto 4 empató Higuaín. Fue en el primer tiro a puerta del Milan y Keylor (igual que el día de la Juve) no pudo evitarlo. La pelota le botó delante y acabó en gol.

El partido tenía vértigo y muy poca tensión competitiva. Asensio intentó asomarse otra vez al gol pasado el minuto 10, pero Donnarumma lo frustró. También pudo Kessié para el Milan en el 22, pero Carvajal sacó bajo palos. El Bernabéu vivía el correcalles propio de los partidos de agosto.

Manda el Madrid

La gran diferencia entre el Madrid de Zidane y el de Lopetegui es que este presiona mucho y muy arriba, el problema es que presiona mal y se desordena. Se descompone más bien. El de Zidane replegaba y se quedaba ahí protegiendo a Keylor. El de Lopetegui intenta apretar a campo abierto y (de momento) no le sale bien. Debe de ser la falta de costumbre.

El Milan atacaba a un Madrid mal parado y a punto estuvo de lograr el 2-1 en un libre directo de Bonaventura que sacó Keylor con una palomita en la que se adornó encogiendo el brazo. Era el minuto 27. Volvió a dominar el Real Madrid y volvió a evidenciar que sin Cristiano el equipo está afeitado. Es un vitorino con borlas de peluche en las astas.

El partido era un correcalles veraniego. Perdonaba el Milan, normal en un equipo que fía su suerte a Higuaín, y perdonaba el Madrid, normal en un equipo que tiene en punta a Benzema. Todo normal, vamos. El partido estaba entretenido y roto. Y los minutos se pasaban tan ricamente. Al filo del descanso logró Bale el 2-1 después de un barullo en un córner bien sacado por Asensio. El Madrid obtenía el premio a su perseverancia.

Y tras el entretiempo Lopetegui metió a Ceballos y Nacho por los recién aterrizados Casemiro y Marcelo. Sí que seguía Varane, el último en llegar pero con poco reemplazo en el eje de la zaga. Pasaban los minutos sin mucho que contar. Bien ubicado el Madrid, voluntarioso el Milan, partido de pretemporada.

Los jóvenes aprietan

El Real Madrid fue ganando intensidad con los cambios. Se notaban el rodaje y los entrenamientos. La pregunta es si Lopetegui se atreverá en la Supercopa a sacar un once tipo Zidane (sin los pesos pesados que llevan menos entrenamientos) o meterá un equipo tipo Ancelotti, con los más veteranos aunque lleven tres entrenamientos. Apuesten por esta opción B, la más conservadora.

El segundo tiempo se iba desfondando con el paso de los minutos. Comprensible y esperado. Quitó Gattusso a Higuaín, que se llevó la pitada del Bernabéu por tantos años de sufrimiento y goles fallados. Se lo merecía. Quizá fue hasta leve para el daño que hizo. Inmediatamente el Milan mejoró. Lógico. Más movilidad y más toque. Sólo un resbalón inoportuno de Crutone impidió el 2-2 en boca de gol después de un buen remate cruzado de Bacca que desvió in extresmis Keylor.

También Keylor evitó de nuevo el gol de Bacca en el 70. El colombiano tiró al muñeco y el meta madridista la echó a córner. El Real Madrid se había roto. En plena confusión y desbarajuste veraniego, Lopetegui sacó a Modric y a otros cinco. El Bernabéu aplaudió por mayoría absoluta, pero no por unanimidad. Hubo pitos de aquellos madridistas que no se olvidan de las maniobras del croata para ganar más pasta.

Salió también Vinicus. Tiene el viento a favor de la grada y es muy rápido, pero le falta aprender la pausa y el juego. A veces le sobra un regate y a veces le falta un disparo. Es muy joven y tiene tiempo, pero el Bernabéu necesita alguna cara nueva a la que aferrarse. Mal haría en fiar el futuro inmediato a Vinicius, porque el chico tiene mucho potencial… y mucho que aprender.

Así se fueron pasando los minutos y el Real Madrid conquistó el Trofeo Bernabéu con el equipo de siempre. Zanjó el 3-1 Mayoral con un gol que pudo marcar Modric. Así acabó el partido, con una victoria solvente y eficaz del Madrid de siempre. Es lo que (al menos a día de hoy) tiene Lopetegui. Los mismos que tenía Zidane el año pasado y hace dos y hace tres. Los mismos que han ganado las tres últimas Champions. Bueno, los mismos no: falta Cristiano Ronaldo.

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