MASTERS DE AUGUSTA 2017

‘El Niño’ se hace grande: Sergio García, campeón del Masters de Augusta

Sergio García
Sergio García celebra su trunfo en el Masters de Augusta. (Getty)
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Tenía que ocurrir el mismo día en que Severiano Ballesteros hubiera cumplido 60 años. 18 años después la última victoria española de José María Olazábal, Sergio García levantaba los brazos, levantaba al público y conquistaba su primer Major, el Masters de Augusta 2017, tras vencer en el Playoff de desempate a Justin Rose. El golf le debía una y El Niño, a sus 37 años, se hizo grande para vestir con la chaqueta verde del torneo norteamericano. España tiene a un nuevo maestro, que nunca debió por talento esperar tanto para triunfar en un torneo grande.

Tres días de recorrido regular, sobrio, y siempre en puestos de cabeza, hacían pensar en la ruptura de una maldición que se extendía hasta los 73 majors sin un triunfo. Fue en el desempate, el mismo que perdió con Harrington en 2007, con un putt que siempre se le había atragantado, y con una remontada épica. La victoria de Sergio García, el maestro, lo tuvo todo.

La salida del español en la vuelta definitiva fue fulgurante, con dos birdies en los primeros hoyos que hacían presagiar lo mejor. Quedaba mucho, muchísimo, pero Sergio ya había confirmado que las buenas sensaciones de los tres días anteriores se repetían en el decisivo. Rose fue salvando escollos y a una distancia de respeto de su gran rival, con el que compartía partido, mientras Spieth y Hoffman se caían de forma casi definitiva y Fowler no inspiraba ser rival.

Justin, de la misma generación, la del 80, que Sergio, fue encontrando sus golpes, siempre un paso por detrás en salida pero más fino en los cortos, hasta sumar una racha de birdies que le ponían de nuevo en cabeza junto a García. A falta de nueve hoyos, Rose y García firmaban tablas en una tarde propicia para la historia en el Augusta National Golf Club.

La tensión se podía cortar con un cuchillo y el más afectado por ello fue Sergio. Pegador estético y potente, perdió su efectividad en los hoyos 10 y 11 desde el tee y sumó sendos bogeys que le alejaban del triunfo final. Mientras tanto, Kuchar –que hizo un hole in one en el 16– y Pieters amenazaban con alcanzar al castellonense y robarle una posición de privilegio. La victoria parecía una utopía por la tendencia, pero no por lo que quedaba delante.

Sergio García
Sergio García celebra un golpe en Augusta. (Getty)

Llegábamos al hoyo 13 y al español se le perdía una nueva bola entre los árboles en golpe largo, mientras que Rose parecía lanzado a por un nuevo birdie. Sin embargo, el par que cerraron ambos fue un punto de inflexión para los juegos restantes. Sergio había sacado fuerzas de flaqueza y volvía a la lucha. Y vaya que si lo hacía, un birdie en el 14 ponía las cosas en un pañuelo, y en el 15, el hoyo con mejores resultados en la historia del Masters, llegó el golpe maestro del español.

Eagle, fallo, desempate e historia

Un eagle, espectacular y que incluso amagó con tornar en albatros –el segundo golpe botó muy cerca de bandera– deshizo cualquier mérito de Rose y su birdie y empataba en el recorrido del domingo, como siempre, espectacular en Augusta. Los pares en 16, donde Sergio perdonó un putt, y el 17, nos llevaron al definitivo 18.

Ambos clavaron golpes de salida y la suerte benefició a Rose, pero Sergio respondió con firmeza y muchísimo talento. La victoria se iba a jugar en un golpe, un penalti, un tiro para ganar, que falló Rose para dejarle la gloria a Sergio a metro y medio, el putt que siempre se le atragantó y que tan bien había venido haciendo en los días previos. Falló, por poco, no leyó bien la caída y el desempate era una realidad. Un hoyo a todo o nada. Una prórroga de una historia de deportividad, emoción y mucho, pero que mucho golf.

Los minutos de espera podrían haber mermado a García, pensativo después del error, pero después de quedarse tantas veces al límite, prefirió pensar en la victoria, en lo que podía venir por delante, en hacer feliz a Angela, su futura esposa, y al resto de los suyos. Y sucedió. Rose falló en la salida y se vio a remolque. Al fin y al cabo, el ya había sido campeón –US Open en 2013–. Tenía que esperar un fallo de Sergio, que clavó el recorrido, de nuevo en el fatídico 18, para, con la tranquilidad de ver el fallo de su rival, embocar el putt definitivo y poner su nombre, para siempre, en el olimpo de los grandes del golf.

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